canción acróstico

Shakira lanzó una nueva canción. Cuando lo hace, prestamos atención para ver qué pasará. Pero, a diferencia de sus últimas canciones, que fueron más polémicas y ruidosas – como «Monotonía» o «BZRP Music Sessions #53» -, la canción «Acróstico» me pareció preciosa.

Desde las imágenes tiernas que nos recuerdan la infancia y los cuentos que nuestras mamás nos leían antes de dormir, hasta la ternura de una letra que se escribe desde el amor y la vulnerabilidad.

La escribió por el Día de la Madre, dedicándola a sus dos hijos. Creo que es ideal para reflexionar sobre algunos aspectos de la maternidad que me vinieron a la mente al escucharla.

«Lo único que quiero es tu felicidad»

La maternidad como un acto de amor y sacrificio. Esto es lo que pienso al leer este verso.

No descubro nada nuevo al decirte que la maternidad es un acto de amor y sacrificio que implica mucho más que simplemente dar a luz a un hijo.

Las madres, cada una con su estilo distinto, definen lo que es e implica la heroicidad. Muchas ponen las necesidades de sus hijos por encima de las suyas propias y hacen todo lo posible para guiarlos y protegerlos.

Como digo, cada una a su manera, con sus errores y aciertos. Cada una entendiendo su rol según lo que sus circunstancias le empujan a vivir. Cada una actuando… bueno, lo mejor que puede. Las madres son las primeras en admitir que no son perfectas y que hay muchas cosas que, mirando en retrospectiva, harían diferente.

Creo que Shakira lo sabe y lo deja implícito en la canción «Acróstico», cuando habla de platos rotos, su dificultad para poner otra mejilla… en fin, con defectos, por un lado.

Pero por otro, diciendo lo que, sin importar lo diferentes que sean sus historias y lo variados de sus defectos, todas las madres dicen y coinciden: la felicidad de sus hijos es su principal preocupación y motor.

«Las cosas no son siempre como las soñamos»

La maternidad es un desafío y una aventura que puede ser emocionante, pero también difícil y abrumadora.

Cada madre enfrenta diferentes desafíos y luchas en su camino. Madres primerizas que experimentan cansancio y se sienten abrumadas, madres de hijos enfermos, madres de hijos rebeldes que se fueron de la casa… o madres que perdieron a un hijo.

La maternidad es un gran don, pero todo don implica una entrega. Quisiera decir a las madres: ¡no eres mala madre por estar cansada, por sentir que fallas o por incluso dudar de si la maternidad estaba hecha para ti!

De vuelta: un don implica entrega. No necesito hablarte de la alegría y la satisfacción, porque de esas se ve mucho.

Prefiero hablarte de lo que se disimula y confirmarte que las luchas no son sinónimo de que hay algo malo en ti o en tu manera de «maternar», como hoy día se escucha.

«Viniste a completar lo que soy»

Me hizo mucho ruido pensar en que ser madre nos «completa» y define «lo que somos». Porque ¿y las que no pudieron tener hijos?

Pero creo que sí podemos hablar de que, aun sin hijos, la maternidad es una nota propia y personal de la sensibilidad femenina, aunque haya mujeres que, por diversas razones, no han podido ser madres.

Porque estas mujeres pueden – «podemos», me incluyo, pues no tengo hijos – ejercer la maternidad de otras maneras.

Es decir, podemos ser «madres» de nuestras hermanas, de las almas que acuden a nosotras en busca de un consejo. La maternidad también se ve en el cuidado y preocupación por nuestros seres queridos.

«Para lo que necesites, estoy»

Por último, quiero destacar un aspecto más que me parece muy importante en la letra de la canción «Acróstico».

Después de hablarte de las pequeñas y las grandes cosas que pueden ser hermosas, pero no dejan de ser pesadas… vemos la belleza de las madres que permanecen.

Podemos dar diez mil vueltas, alejarnos, correr, gritar… pero si necesitamos volver, hay un abrazo esperando.

Por todo esto, quiero terminar diciéndote: ¡la maternidad es un regalo divino que no debe ser minimizado!

«Te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida» (San Juan Pablo II, Carta a las mujeres)