Canción +57

Desde Catholic Link también nos unimos al rechazo que ha generado la canción +57 de Karol G, Maluma, J Balvin, entre otras influyentes estrellas de la canción colombiana. En un intento por la unión y la representación de la cultura colombiana, escogieron un camino que les explotó en la cara.

Quisiera creer que «ingenuamente» reflejaron la realidad que ellos mismos viven, sin tomar conciencia de que su pueblo (nuestro pueblo) sufre y se desangra con la cantidad de vidas que la pedofilia y la narco cultura se roban día a día. Nos pasa tanto.

Cuando lo malo es imposible de negar

Las numerosas quejas que han salido de todas las esquinas de la conversación —medios tradicionales, de izquierda, centro, derecha, numerosos personajes, influencers, revistas como Rolling Stone, periódicos como El País— han publicado (y siguen publicando) hasta el cansancio el desagrado y la decepción que esta canción ha ocasionado.

Es imposible de negar desde cualquier postura lo equivocado de esta letra y la forma en que se ha presentado. La protesta ha sido tan grande que la letra de la canción ha sido modificada, breve e insatisfactoriamente, como para poner el parche y dar la razón a la crítica de alguna manera.

La canción «+57» y la necesidad de hacerse responsable

Vale hacernos la pregunta: ¿protestamos realmente porque somos conscientes del daño? ¿O protestamos porque nos unimos a la tendencia?

Es impresionante que, en tiempos como los nuestros, aún no se tome conciencia del daño que hacen los estereotipos, la sexualización de la mujer, de las niñas, y el consumo de sustancias. Tanta información y tan poca conciencia.

Las disculpas de Karol G tras la polémica por la canción +57 son una muestra de esta poca conciencia. Y nos pasa a todos. A veces, en nuestro ímpetu por conseguir algo, por pertenecer, elaboramos empresas, hacemos cosas sin medir las consecuencias.

¿En qué pensamos cuando creamos algo, cuando escribimos algo? ¿Será que solo pensamos en el éxito, el prestigio, la aceptación y la fama? ¿Será que nos adormecemos con este creernos casi dioses y celebrar una fiesta continua donde la responsabilidad con el otro es la gran ausente? No solo les pasa a estos famosos que hoy la pifiaron grande; nos pasa también en el día a día.

Somos lo que consumimos

No voy a ahondar en más de lo que ya el diálogo viene rechazando —y con tanta razón— (la sexualización de niñas y la narco cultura). Quisiera que nos pongamos a pensar seriamente en lo que consumimos y en lo que permitimos que los nuestros consuman antes de tirar la primera piedra.

La música tiene un efecto mucho más potente de lo que creemos, lo mismo que las imágenes. Las redes sociales son un ejemplo evidente de la potencia que ambas tienen, y el juego con ambas es evidente.

Sé que luchar por y con nuestros hijos por lo que consumen en redes es una lucha titánica. Sé que no podemos tenerlos aislados y que, además, si en nuestro hogar los cuidamos, en cualquier otro espacio estarán a un clic de cualquier cosa.

Creo, sin embargo, que podemos aportar con conversaciones incómodas. Cuestionar, sin censurar. Podemos elegir qué consumimos nosotros. No por ser adultos todo nos está permitido (a veces pareciera que sí). No por ser los padres tenemos licencias distintas. Si estamos en posiciones influyentes de cualquier tipo, un poco de reflexión sobre nuestros actos siempre cae bien. Un poco de liderar con el ejemplo deja huella, aunque a veces pensemos que nada hace la diferencia.

Combatiendo el desánimo

Con todo lo que pasa, dan ganas de soltar. Es indignante encontrarse con letras así y que no pase nada. Cansa el esforzarse continuamente. Dan ganas de abandonar y dejarse llevar por lo que uno quiere. Total, haga lo que haga, el mundo no solo sigue igual, sino que peor.

¡No! No caigamos en este pesimismo. Que el enojo no gane. Recordemos que el mundo está bien lejos de ser el paraíso. Si bien empezamos a vivir el reino de los cielos aquí y podemos ser muy felices, nuestra vida en este mundo no deja de ser un valle de lágrimas, como rezamos en la salve.

Nos podemos marear por la bonanza, por las ilusiones que consumimos continuamente en redes, con el marketing, pero también nos podemos marear en el otro extremo, por el desánimo.

Creo que la clave es mirar con ojos de realidad. En este mundo habrá dolor, habrá injusticia, habrá felicidad, pero inevitablemente habrá mucha lucha, incluso en lugares tan insólitos como la letra de una canción.