Barbie ha atraído las miradas y comentarios de muchos con su campaña «Cerrando la brecha de los sueños», presentada a través de un grupo de adorables niñas que explican que dicha brecha «es las distancia sobre lo que las niñas quieren lograr y su verdadero potencial». Para demostrarlo, ellas nos cuentan algunos datos publicados por universidades, organismos internacionales y tendencias en internet que dicen que «desde los cinco años las niñas dejan de soñar con carreras como la de científico, astronauta o CEO; o que no se les regala juguetes de ciencias y que sus padres googlean más sobre los talentos de los niños varones que de las niñas». Para cambiar esta realidad, hacen un llamado a la sociedad para que motiven a más mujeres a desarrollar sus talentos y ser modelos a seguir para las niñas.      



Mujeres históricamente oprimidas

La verdad es que uno termina de ver el comercial y se siente conmovido, pero a la vez empoderado para cambiar esta realidad. El comercial reafirma la idea de que las mujeres han sido históricamente oprimidas y limitadas por una sociedad donde los hombres siempre dominaron el panorama, por lo que ellas han sido impedidas de desarrollar su potencial. Esto tiene una parte de verdad y es innegable que los movimientos por los derechos de la mujer han sido claves para lograr mucho progreso en ese campo.

Sin embargo, esto también ha traído consigo ideas negativas y batallas permeadas por la ideología de género que nos han llevado a creer en el opuesto total, es decir, que ha llevado a la imitación exacta de modelos masculinos, perdiendo de vista la riqueza de las características propias de una mujer. Lamentablemente, esta llamada lucha de derechos de la mujer, muchas veces se entiende como una reivindicación basada en rencores y resentimientos al pasado.



La dignidad de la mujer

La dignidad de la mujer y su feminidad nunca deben ser subestimadas, sino más bien puestas en realce, al ser distintas a las del hombre. Pero, a veces pasa lo contrario, pues cuando una mujer está segura del valor de su feminidad, de su convencimiento por la maternidad y la valoración del trabajo en el hogar y el cuidado de los hijos, es criticada y vista como lo opuesto al modelo de la mujer «moderna y progresista». Puedo decir que personalmente me he sentido juzgada en ocasiones, por expresar lo que siento y quiero con respecto a estos temas.

Pero, a lo largo de los años he aprendido que una mujer fuerte no es la que hace respetar sus derechos a gritos, sino la que sabe elegir sus batallas y ceder cuando es necesario. Que una mujer libre no es la que hace lo que «le da la gana» sino que acepta la realidad con confianza y cariño. Que una mujer valiente no es la que se enfrenta a la realidad con dureza, sino aquella que se muestra vulnerable y que no tiene miedo de hablar de sus heridas. Que una mujer segura no duda en mostrar su ternura y delicadeza. Y que una mujer feliz es la que sabe que su mayor fortaleza está en su interior.  

Así que quisiera invitar a Barbie y a cualquier otra marca que quiera promulgar los derechos de la mujer, a buscar otros testimonios y datos que ayuden a destacar todo lo bueno que tenemos y somos. Incluyendo también a aquellas que luchamos por tener valores que tal vez distan un poco de los que el mundo moderno propone, pues de lo contrario, pueden caer en el riesgo de sacarnos del molde propuesto antiguamente para meternos de nuevo a todas en un solo saco.