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Sin importar la época, sabemos que el estrés, la tensión, la ansiedad, la angustia, la tristeza o la depresión, seguirán estando presentes en la vida de muchos de nosotros. Todo hace parte de un crecimiento interior que nos forja como personas, pero hay cosas que nos pueden ayudar a aligerar la carga.

Hoy quiero hablarte de tres cambios de actitud para vivir mejor. Empezaremos con cómo interpretamos la realidad, pasaremos a hablar de qué peso le damos a los problemas y finalizaremos con cuánto reconocemos las bendiciones que tenemos en la vida.

Si no ponemos medios concretos o no nos esforzamos por buscar vivir mejor, ¡las cosas no cambiarán por arte de magia! Cambiar ese «feeling» de disgusto, que a muchos se les quedó en el corazón tras este tiempo de crisis, es posible con ayuda de Dios.


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Creo que todos queremos ser más felices, tener ambientes más serenos y pacíficos en nuestras casas y establecer mejores relaciones de amistad. ¿Tú qué piensas? ¡Empieza con el primer cambio de actitud de esta lista!

1. Evalúa cómo interpretas la realidad

cambio de actitud, 3 sencillos cambios de actitud para vivir mejor en tiempos de crisis

Es normal que a lo largo de la vida, enfrentemos situaciones que sean complicadas. Podemos llamarlas situaciones de crisis, y una crisis significa, etimológicamente: «cambio».

Por ello, las crisis no son ni buenas ni malas en sí mismas. Depende de las decisiones, y por lo tanto, los cambios que originen en nuestra vida. Las crisis están para que maduremos como personas y también como cristianos.

Sin embargo, solemos ver las situaciones de cambio como algo que nos amenaza, que nos quita la seguridad que tenemos, que nos mueve de nuestra «zona de confort».

En la gran mayoría de los casos, esas situaciones complicadas de la vida hacen que vivamos un crecimiento personal. Y de eso no se habla mucho, curioso ¿no? Así que el punto está en elegir bien los pensamientos que tenemos sobre la realidad que vivimos.

Esos pensamientos derivan en actitudes de vida

Es interesante saber que nuestro cerebro, como órgano nervioso —no me refiero a lo que pensamos— entiende como real, no lo que está sucediendo en la realidad, es decir, a mi alrededor, sino los pensamientos que tengo de esa realidad.

Esos pensamientos originan emociones, que a su vez, generan una respuesta de nuestro organismo. Por lo tanto, la causa como nuestro organismo reacciona, depende de lo que pensamos y sentimos, y por lo tanto, termina derivando en nuestras acciones.

Si queremos sentirnos mejor y experimentar más felicidad, independientemente de la situación que enfrentemos, se trata de tomar consciencia de cuáles pensamientos nos están jugando una mala pasada.

Cuando nos pasa algo malo, solemos culpar siempre a los demás o a las cosas que están fuera de nosotros mismos. Pero te invito a que mires tu interior y te preguntes: ¿qué pensamientos me surgieron sobre determinada realidad?

Y luego te invito a que cambies esos «esquemas mentales», por otros que te ayuden a tener una respuesta afectiva mucho más agradable y una actitud más serena.

2. ¿Qué lugar ocupan los problemas en mi vida?

Cambio de actitud hacia la vida: cómo lograrlo con éxito

Pregúntate: ¿qué tanto peso tiene los problemas que enfrento con relación a todo lo que sucede en mi vida?, ¿qué cantidad de tiempo le doy vueltas a esos problemas? Este ejercicio de conciencia es muy importante.

Un determinado evento en mi vida no genera automáticamente una conducta, sino que, mi conducta responde a lo que pienso sobre ese evento.

Por lo tanto, debemos ser conscientes de qué pensamientos tenemos. Así nos daremos cuenta de que muchos de ellos son creencias irracionales. Está probado científicamente que más del 90% de las preocupaciones que nos generan ansiedad hacia el futuro, no se cumplen.

Nuestro cerebro está preparado para reaccionar motivando todo un metabolismo de defensa cuando se ve ante una amenaza. Sin embargo, como vimos antes, eso sucede ya sea un peligro real, o uno que simplemente nos imaginamos.

De estas ideas de amenaza se habla mucho, por eso quiero rescatar tres que suelen distorsionar nuestra forma de entender la realidad:

— No aceptarme como soy: sino querer ser como los demás quieren que yo sea.

— Los otros deben ser como yo quiero: y si no lo son, terminan siendo una amenaza para mi bienestar.

— La realidad tiene que ser como yo la deseo: sino termina siendo un ambiente amenazador.

Estos son «problemas» que nos inventamos. En realidad, no tenemos que ser como los demás quieren que seamos. No podemos desear que todos sean como nosotros, ni tampoco la realidad será de acuerdo con nuestros planes.

¿Cómo cambiar esos supuestos problemas que vivimos?

Les sugiero dos alternativas: «calibrando» y teniendo presente que no somos los únicos en esta situación. Probablemente, no seremos capaces de sacarnos esa manera de pensar, pero si es posible relativizar bastante el peso que les damos.

Hagamos una escala de valor y evaluemos estos pensamientos no de forma absoluta. Como si fuera algo tremendo o trágico, o sin ningún peso. La realidad no es blanca o negra, tiene muchísimas tonalidades de grises.

Entonces, cuando tengas una idea terrible, detente un momento y piensa si en realidad, no será algo simplemente malo o normal. Ser conscientes de que no solo nosotros tenemos problemas y sufrimos también ayuda bastante.

La empatía y la compañía de otros nos hacen experimentar el amor y la compasión de Dios y descubrir que hay otras personas, que a veces, tienen problemas peores que los nuestros.

3. ¿Qué tanto agradecemos las bendiciones en nuestra vida?

Cambio de actitud hacia la vida: cómo lograrlo con éxito

Está cada vez más demostrado cómo la actitud de agradecimiento es una clave esencial para nuestro bienestar personal, para tener una mirada positiva ante la vida.

Enfocamos mucho más fácil nuestra atención en las cosas malas, y por constitución genética, no le demos automáticamente la importancia al sinfín de bendiciones que poseemos en la vida.

La gratitud por todo lo que hay de bueno en nuestra vida, cambia muchísimo la experiencia de vida. Mejoramos emocional y físicamente y promueve la salida de la dopamina y la serotonina, que son conocidas como las hormonas de la felicidad.

Nos hace crecer en la autoestima, potenciando lo positivo de la vida. Ya no estamos en ese «modo defensivo» que genera constantemente el cortisol, poniéndonos en tensión permanente.

Además, reduce el nivel de miedo y ansiedad. En fin, son muchas las consecuencias positivas de vivir agradecidos.

¿Cómo llevar esto a la práctica?

Muchos psicólogos hablan de hacer un diario de la gratitud, y escribir en algún momento del día, tres cosas por las que quieres agradecer de tu vida el día de hoy.

Al comienzo será un poco difícil, pero a los pocos días, verás que ya tienes muchísimas cosas que agradecer. Y después de tan solo dos semanas tu vida empieza a tener «otro color».

Puedes escribir cartas de gratitud a personas que quieras mucho, que te han ayudado y quieres reconocer ese mérito. Hasta puedes entregarles esa carta y que sea motivo para una agradable conversación.

Finalmente, aprender a dar las gracias de modo consciente. ¿Cómo así? Que no sea un mecanismo reflejo, como un cliché que estamos acostumbrados a decir. Sino, pensar por qué estoy agradeciendo, y decirlo:

«Gracias por ayudarme a levantar mi cuaderno del piso», y no solamente decir: «gracias». Eso puede cambiar mucho las cosas. Además, la alegría que vas a ver en el otro, por reconocerse valorado en su buena actitud, por supuesto te hará mucho más feliz.

Espero que estos consejos te ayuden a estar más a gusto con tu vida, y puedas ser más feliz. No son todas las respuestas a los problemas que vivimos, pero creo que sí pueden ayudarte mucho a tener un día a día mejor.

Si te interesa profundizar en este tema te recomiendo el curso online «Ciencia del Bienestar y Vida Espiritual», te va a encantar. Y si conoces otras maneras de mejorar tu calidad de vida, escríbelas en los comentarios y ayudémonos entre todos.

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