
Es normal que, con el paso del tiempo, sintamos que nuestra fe se enfría. Las responsabilidades diarias, las preocupaciones y el ritmo acelerado de la vida pueden hacer que nuestra vida espiritual pierda intensidad. Tal vez recuerdes aquellos primeros momentos de conversión, cuando buscar y amar a Dios era nuevo y emocionante.
¡La buena noticia es que podemos recuperar ese ardor! Por eso, te compartimos algunos consejos prácticos que nos ayudarán a reavivar la llama del amor divino.
1. Volver a buscar a Dios, desde un diálogo personal

La oración es el pilar fundamental de nuestra vida cristiana. Con el tiempo, es fácil caer en la rutina y hacer de la oración algo mecánico. Nos puede pasar que repetimos palabras sin realmente abrir el corazón.
¿Cuándo fue la última vez que hablaste con Dios como con un amigo cercano? ¡Él es eso, un amigo, al que más queremos y quien más nos quiere! Alejemos de nosotros los rezos vacíos, busquemos entablar un auténtico diálogo en el que hablamos con el corazón abierto y escuchamos atentos.
Para recuperar el fervor, intentemos redescubrir la oración como un encuentro sincero, sin prisas ni distracciones. Leer un salmo, hablarle de nuestro día o simplemente quedarnos en silencio ante él puede ayudarnos a sentir su presencia de nuevo y a buscar a Dios con mayor intensidad.
2. Redescubrir la alegría del servicio

¿Recuerdas cómo te sentiste la primera vez que ayudaste a alguien? Tal vez fue en una actividad de voluntariado, colaborando en tu parroquia o simplemente escuchando a un amigo que necesitaba apoyo.
A veces, nuestra fe se estanca porque nos centramos demasiado en nosotros mismos. Cuando servimos a los demás, nuestra fe cobra vida de una manera especial. Volvemos a mirar a los costados, para encontrar a los demás; y así es más sencillo levantar después la mirada para reencontrarnos con los ojos de Dios.
Recuérdalo: sirviendo a los demás, redescubrimos el rostro de Cristo; en cada acto de servicio encontramos una nueva oportunidad de buscar a Dios en el rostro del prójimo.
3. Reavivar la formación espiritual

Nuestra fe necesita alimentarse constantemente. A veces creemos que ya lo sabemos todo, pero siempre hay algo nuevo que aprender. Aunque es importante recalcar que también hay cosas ya conocidas que debemos recordar, repasar, sacar un nuevo brillo para vivirlo de una manera más plena.
Por eso, me gusta hablar de la «formación» espiritual y no de la «información» espiritual. Aunque una y otra vez escuchemos lo mismo, el Espíritu Santo obra para que algunas verdades nos calen más hondo en algún momento determinado. Además, el que ama desea conocer y el que conoce ama más.
Entonces… tal vez es hora de repasar algunas prácticas de piedad y hacer un examen de conciencia respecto a cómo las vivimos, para vivirlas mejor. O tal vez hace mucho que no lees un libro espiritual o no participas en un retiro. Leer sobre la vida de los santos, asistir a una charla o formar parte de un grupo de estudio bíblico puede abrirnos nuevos caminos y ayudarnos a crecer.
La formación no solo enriquece nuestra mente, sino que también renueva nuestro corazón y nos inspira a vivir nuestra fe con más entusiasmo.
Si sientes que flaqueas en este aspecto, déjame recomendarte la «Ruta de crecimiento espiritual» que hemos preparado en Catholic Link. ¡Es la combinación perfecta entre formación y comunidad!
Te brindará los recursos y los pasos concretos que te impulsarán a crecer espiritualmente, entusiasmarte de nuevo con tu fe y, sobre todo, a desarrollar una relación más profunda con Dios.
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Pensé que era gratis.
Muy Puntual.
Quisiera recibir material para formarme espiritualmente
Adoro leer sus artículos me ayudan mucho ha tomar fuerza de nuevo ya que estoy pasando duros momentos en mi vida personal.
Me gustaría una formación espiritual, me encuentro vacía desganada, estoy desmotivada,
:)