Buscando pareja

Cuando vamos buscando pareja, vivimos un tiempo hermoso y especial. Piénsalo de esta manera: la pareja que encontremos será aquella con quien caminaremos de la mano. La pareja es un don que Dios nos da, si nuestra vocación es la vida matrimonial, y es un auténtico regalo que debemos anhelar, atesorar y cuidar. Tengamos esto claro: nuestra pareja es nuestro apoyo en el camino al cielo.

El Theology of the Body Institute nos presenta un corto video sobre el discernimiento matrimonial donde nos cuenta la historia de Mildred Prevost.

Sí, la madre de León XIV, una mujer que con su experiencia de vida hoy nos quiere hablar a ti y a mí sobre la esperanza y sobre lo importante de que nuestro corazón esté en manos de Jesús, mientras llega el custodio ideal de nuestra alma y nuestro corazón.

Somos seres con vocación al amor

Creados por un Dios que nos ama al extremo, nuestra alma y nuestro corazón hallarán plenitud amando y dejándonos amar, pues amar es la más perfecta y plena vocación a la que el ser humano es llamado. El llamamiento al amor es un llamamiento universal, un llamado a la plenitud y a la auténtica felicidad.

En un mundo que vive acelerado, pendiente del qué dirán, en un mundo donde el matrimonio se ha reducido a una práctica antigua o a algo que se puede simplemente descartar, es preciso que entendamos lo importante de vivir en plenitud nuestra vocación. Si es la vida matrimonial, vivirla responsablemente, con conciencia de que el matrimonio será cuna de una familia.

A veces puede sucedernos (te lo digo porque a mí me pasó) que, mientras estamos buscando pareja y no la encontramos, la impaciencia nos invade. El pensamiento de que nunca encontraremos a nadie suena en nuestra mente.

Cuando eso pase, debes recordar una cosa: Dios todo lo hace hermoso a su tiempo (y no es un cliché). En esos momentos de más incertidumbre, nuestra confianza en Dios debe acompañarnos.

Dios no llega tarde y sus tiempos son perfectos (y no te lo digo por calmarte)

La historia de la madre de León XIV impacta y llena de esperanza el corazón. En 1948 obtiene un título universitario y se casó pasados sus 30 años.

Esto puede sonar, en el contexto actual, como extraño en un mundo donde no hay paciencia, donde la aceleración está a la orden del día. Pero ella nos enseña que el tiempo de Dios siempre es perfecto y pleno, y que cuando pones tu corazón en las manos de Dios, Él se encarga de cuidarlo, de enseñarte y de que llegue a ti un digno y especial custodio.

De su matrimonio, Mildred tuvo 3 hijos. El menor de ellos, Robert, es hoy el sumo pontífice de nuestra Iglesia (por quien te pido recemos siempre por él).

Solo piensa un segundo: si Mildred hubiera caído en desesperanza, o no confiado en Dios, posiblemente nos hubiera privado de nuestro actual pastor. Ella es un vivo ejemplo de la esperanza y de la espera confiada en un Dios que nos ama plenamente.

Aún buscando pareja… ¿qué hacer desde la espera?

La espera de una pareja debe ser dulce, debe ser orada, debe ser con los ojos puestos en Dios, y es vital que seamos dóciles a Dios hablándonos al corazón.

La paciencia cuida de la esperanza, la paciencia ayuda a prepararnos, la paciencia allana caminos y es clave para aprender a amar. Deja que tu corazón repose en manos de Dios, vive, disfruta, crece, ora para que Dios prepare tu corazón para quien será tu pareja, tu compañero, tu soporte, tu confidente.

La espera, mientras buscas una pareja, debe ser un tiempo de conocerte, de amarte, de sanar tu corazón y de aprender; un tiempo de crecimiento personal, de disfrutar de la vida, de crecer en el amor. No debe ser un tiempo de desesperanza o de agitación. Debe ser un momento de paz y de plenitud, un momento vivido con plena confianza en el amor de nuestro Señor.

Recuerda: vivir nuestra vocación es vivir nuestro camino al cielo. Si hoy estás buscando pareja, no te desanimes, espera, ora, confía. Ten la certeza de que Dios tiene pensado para ti alguien ideal para tu alma, custodio de tu corazón.

Prepara tu alma, ora por esta persona, ámala desde ya, busca ser mejor para ella y ten la certeza de que tu esperanza nunca será defraudada.

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