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Reconocer que necesitamos ayuda no siempre es fácil y dejarnos ayudar, tampoco. Hace unos días encontré este corto animado de Pixar llamado «Burrow», y me di cuenta que no podía ilustrar mejor la situación.

Cuando nos encontramos frente a un reto, por pequeño o grande que sea, es normal sentir miedo. ¿Seré capaz?, ¿lo lograré solo?, ¿qué dirán los demás si fracaso?, ¿y si mejor lo dejo para después?

El protagonista de este corto es un conejito que trata de encontrar un sitio para construir su hogar desesperadamente. Parece que se enfrenta a este reto solo y que le es imposible encontrar su lugar en el mundo.


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Te comparto el trailer, que en apenas un minuto habla del miedo, la angustia y la tristeza que invaden su corazón. El corto completo lo encuentras en Disney+. ¡Es hermoso!

Déjate ayudar

A donde quiera que llegue, este conejito se rehusa a ser escuchado o comprendido. Escapa a la primera cuando se encuentra con otros animales que parecen interesados en ayudarle.

¿Cuántas veces tú también huyes de los demás?, ¿cuántas veces te refugias en el «yo puedo solo», «esto no me va a quedar grande», «nadie lo hará como yo», «solo yo sé lo que quiero», «déjalo ya, yo me encargo»?

En la mayoría de los casos esta resistencia a no ser ayudados proviene de una buena intención: no queremos molestar a nadie. Pero lo que olvidamos es que también nuestros rotundos «nos», pueden alejar e incluso lastimar a los demás.

Déjate ayudar, la próxima vez que sientas que ya no puedes más. Déjate ayudar cuando te sientas perdido, sin fuerza, frustrado, enojado, débil o incomprendido. Remplaza el «no», por un «vale, gracias».

Y acepta también la ayuda que otros te brindan para hacer cosas sencillas. Por ejemplo, para llevar las bolsas de la compra, para cocinar, para cambiar una bombilla o para poner la mesa.

Está bien que te guste ayudar a otros, pero déjate ayudar tú también. Cuando la carga es compartida es mucho más llevadera, además siempre resulta edificante poder aprender de esa otra persona que se ofrece a ayudarnos.

No seas tan duro contigo mismo

Puede que el miedo o el orgullo nos paralicen. En el corto este conejito llega a mil lugares y todos están ocupados, pero lo que se le escapa es que en cada uno de esos lugares hay otros animales con distintos talentos que quieren ayudarlo.

Él solo corre, pero finalmente se siente agobiado, indefenso, rendido. ¿No nos sentimos igual nosotros cuando no le permitimos a otras personas acercarse no solo a ayudarnos sino a ser parte de nuestras vidas?

No seas tan duro contigo mismo. En los momentos de fragilidad y desconsuelo haz una pausa, evalua la situación, mira a tu alrededor y piensa si hay otros que pueden ayudarte a cumplir eso que tanto quieres.

¿Qué tal si la próxima vez que te sientas vulnerable, herido, incomprendido o solo te abres a los demás? No es fácil, lo sé, pero arriésgate a dar el primer paso. A aceptar que necesitas ayuda y que no hay nada de malo en aceptarla.

¿Te cuesta pedir ayuda? Esto es lo que puedes hacer