Un comentario cortito para decirles que me ha gustado mucho esta publicidad de Burger King, especialmente por el contexto navideño en el que nos encontramos (recomiendo ver el video antes de seguir leyendo). ¿A qué me refiero? Pues a que Dios, salvando las distancias, ha hecho algo parecido con nosotros en Navidad: nos ha elegido a todos, sin castings, si pedirnos nada a cambio, incondicionalmente. ¿O por qué piensas que Dios quiso nacer de una virgencita judía de 15 años? ¿Por qué permitió que su hijo amado naciera en un comedero de animales dentro de un establo? ¿Por qué fueron unos desarrapados pastorcitos los primeros que recibieron la noticia de su nacimiento? La Navidad es un hermoso misterio, pero hay cosas que no son muy misteriosas, hay cosas claras como la sonrisa de María, y entre ellas está que Dios está dispuesto a ensuciarse las manos por amor, que quiere entrar en nuestras vidas, en nuestros establos, abrazar nuestras luces y nuestras sombras, y hacerse cercano cueste lo que cueste. Dios, en Navidad, no nos pide estar felices ni habernos portado bien todo el año —como el gordo de Papá Noel—, no nos pide adornos en el árbol ni en el espíritu, no nos pide que seamos cancheros ni que tomemos Pepsi con el codo a la altura del mentón… Dios simplemente nos elige como somos… y cada Navidad, estés como estés, con la familia que tengas, si te alegran las celebraciones o te entristecen, si te has portado bien o has metido la pata, Jesús recién nacido, como hizo con los pastorcitos que llegaron sudados y oliendo a pastorcitos, te dedicará su mejor sonrisa.

¿Elegirías una marca que no te elegiría a ti? Me gusta mucho la pregunta de Burger King, pero la voy a reformular… ¿Te enamorarías de un Dios que se ha enamorado de ti? ¿Qué nos falta para amarlo? Tal vez, y suele pasar, pensamos que Dios no puede enamorarse de nosotros porque nuestras muchas o pocas faltas, por eso de que no somos “cancheros” o porque tenemos las manos muy grandes para agarrar hamburguesas… suena divertido, pero, si te pones a pensar, desde la mirada amorosa y omnipotente de Dios, tu pecado y la ergonomía de tus manos al agarrar una hamburguesa son obstáculos equivalentes.


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Dios nos ha elegido como somos… y eso no quiere decir que no haya cosas que cambiar, que en nuestras vidas no existan conductas que nos están haciendo daño y que seríamos más felices si pudiéramos mejorar en este o en aquel aspecto, e incluso ganar algunas virtudes… Dios quiere todo eso; el punto es entender que su amor no está condicionado por nuestra perfección moral, ya que su amor y su elección ya los tenemos. En otras palabras, para seguir con la metáfora de la publicidad de Burger King, el casting ya lo ganamos, ahora toca —por amor a la elección y no por temor a no ser elegidos— hacer que la filmación salga lo mejor posible. ¿Quién no querría hacer eso? ¿Quién no quisiera pulirse un poco como actor para poder hacer un mejor aporte?

Solo quería decir eso. Si tienes algún comentario me encantaría leerlo. ¡Feliz Navidad a todos!