ser buen padre

Ya hemos hablado en otros posts sobre la complementariedad entre el hombre y la mujer en temas de matrimonio. Sin embargo, esta diferencia que se nutre mutuamente se extiende en temas de crianza. ¿Qué relación tiene esta con ser buen padre o buena madre?

Hoy en día, gracias a que la mujer ha vuelto al mercado laboral y tiene menos tiempo para estar con los chicos, a veces los roles de papá y mamá se intercambian. En otros casos, desafortunadamente, la importancia de ser buen padre se desvalora y menosprecia.

Ese también ha sido el «magnífico» efecto del feminismo radical que no ha hecho más que traer tristeza en los hogares al faltar una figura tan importante y hacerles creer a los mismos padres que no son imprescindibles y que son inferiores frente a todo lo que hace una mamá.

Así, millones de mujeres se han quedado solas como único sostén económico y moral de la familia, y millones de chicos han crecido sin esta figura, creando vacíos afectivos que se ven reflejados hoy, por ejemplo, en las altas tasas de divorcios e incapacidad para mantener un compromiso por el simple hecho de, inconscientemente, no sentirse dignos de ser amados.

¿Cómo ser buen padre?

Pues a todos los papás les tengo una noticia: es recontra urgente, de vida o muerte, que redescubran y reivindiquen los efectos más que positivos que tienen ustedes en la vida de sus hijos. No importa si son torpes, cambiando pañales o cocinando. Ese (lo siento por las mamás que lo piensan así) no es su rol principal.

Su papel de autoridad no hay quien lo reemplace, ni siquiera la madre. No permitan que las ideologías que buscan romper hogares los desplacen.

Su lugar está al lado de las madres, no en contra de ellas. Su rol de contención y de serenidad debe complementar la emocionalidad y entrega absoluta de la mamá.

Para explicarlo mejor, me remito a las palabras de Osvaldo Poli, en su libro «Corazón de padre»:

«Pero volver a valorar el modo de educar de los hombres no busca incentivar la competencia entre marido y mujer ni tiene su origen en oscuros deseos de revancha. Al contrario, el redescubrimiento de los efectos positivos de la educación paterna alimenta la estima recíproca y favorece una fecunda alianza educativa entre los padres. El bien más preciado de una familia se representa de hecho en la sintonía entre marido y mujer, lo que supone estimar la sensibilidad educativa del otro cónyuge. Es decir, que se puedan encontrar y considerar como buenas, deseables y útiles las respectivas diferencias de sensibilidad.»

Por eso, las mujeres debemos ver en los padres un gran apoyo para educar, además de supernecesario. Digan lo que digan, no es posible hacer a la perfección papel de madre y padre al mismo tiempo. La naturaleza es sabia y su Creador más al hacer que un niño provenga de un hombre y de una mujer. Hagámosle caso.

«Un estilo educativo que no se inspire en ambos códigos, materno y paterno, está destinado a tener graves repercusiones en la formación educativa de los hijos y afectará de manera irremediable a la propia fecundidad del diálogo en la pareja», dice Poli.

Algunos roles de los papás

ser buen padre

Para explicar todo lo que un padre hace en la vida de un hijo y de cómo depende de aquel la felicidad futura de este, podemos escribir un millón de posts, por lo que debemos profundizar en este por nuestra cuenta y por el bien de nuestra familia. Sin embargo, los dejamos con unas cuantas ideas para reflexionar y conversar entre ustedes sobre qué hace diferente una educación de papá de la de mamá; y por qué ambos estilos se complementan. Los apuntes son basados en el libro mencionado para una mejor explicación:

1. El padre es más directo y franco en el diálogo con los hijos y sobre los hijos

El padre «dora menos la píldora» que la mamá porque tiene una valoración más realista de la situación. La mamá, normalmente, trata de justificar al hijo más y pensar que es mejor de lo que demuestra. Los padres tienen menos problemas de reconocer los defectos de sus hijos.

2. El padre tiene menos miedo de decir: «¡Arréglatelas!»

Si un hijo nos pide agua, lo más probable es que la mamá se la sirva. El papá diría: «Ahí está la jarra, sírvetela tú». Lo cual no es algo descortés, sino que le enseña a los hijos a valerse por sí mismos. Esto es porque los padres están menos dispuestos a rebajar los obstáculos.

3. El padre tiene menos miedo de pedir a los hijos respeto a sus exigencias

Las mamás nos sentimos más «mártires». Los padres saben hacer respetar sus necesidades.

4. El padre trata al hijo como capaz de entender y de pedir lo que necesita

El típico ejemplo de la chaqueta: la mamá no sale de la casa sin algo que abrigar al niño «por si acaso» y, seguramente, se lo pondrá así el niño no tenga frío.

El papá le preguntará al hijo si tiene frío antes de ponérsela. Por eso, el padre ayuda al niño a asumir sus responsabilidades, los sitúa frente a la realidad.

5. Desde el punto de vista afectivo, el hombre debe ser el héroe de sus hijos

Ser su líder, enseñarles perseverancia, humildad, los protege, es práctico y firme. Además, también les enseña a conocer a Dios.

6. En el caso de las hijas, el padre es quien les enseña cómo debe ser el hombre con quien se deben casar

Les enseña a luchar y las protege. Cuando una hija tiene un papá que la ama, es más difícil que crea merecer menos en una relación de pareja.

Seguramente muchas mamás respondan a este post diciendo que ellas son padre y madre y que lo hacen o lo han hecho bastante bien. No lo dudamos.

Sin embargo, no podemos quitarle al padre su rol único e irrepetible. Y él es el primero que debe fundamentarlo con el ejemplo y la entrega, primero en su relación como esposo y luego en su rol de padre.

¿Qué opinas tú? ¿Qué añadirías a los roles de un buen padre? ¿Cómo la madre puede ayudarle en su papel?