Hace poco se estrenó en Netflix una muy buena película sobre la persecución de Bonnie y Clyde, la pareja de bandidos más conocida de la historia de Estados Unidos, durante la época de la gran depresión: «The Highwaymen» (Emboscada Final en Latinoamérica).

La película es bastante macabra y para nada aporta nada para la vida espiritual. Simplemente es un retrato de un acontecimiento pasado y cómo se llevaron a cabo algunas cosas (sin mucha precisión histórica, vale aclarar) en la era de los enemigos públicos de EEUU. Protagonizada por Kevin Kostner y Woody Harrelson, la historia cuenta cómo la entonces gobernadora de Texas (históricamente comprobado) Miriam Ferguson (Kathy Bates) hizo todo lo que tenía en su poder (corrupto o no) para frenar a la pareja de criminales.



Masificación de medios e ídolos de la cultura 

Como ya dije, mucho hay para cuestionar de la película en cuanto a moral. Pero hay algo en el filme que me llamó la atención y que merece un análisis detenido: la masificación de los medios de comunicación y los ídolos de la cultura. Si bien estamos hablando del año 1932 aproximadamente, la radio ya existía y la gente tenía maneras de enterarse de los actos de Bonnie y Clyde. Ellos eran criminales con todas las de la ley. Aun así, eso no frenó la oleada de fans que esperaban encontrárselos para sacarse una foto con ellos o simplemente estar al lado de esta pareja por la emoción de haber visto a Bonnie y Clyde.



Es desesperante como retratan esto en la película. Las masas rodeando el auto y la policía queriendo frenarlos, siempre un paso atrás de ellos. Hoy día, no serán asesinos a sangre fría, pero muchos de los ídolos públicos son criminales hechos y derechos. Y aun así consiguen los miles o millones de seguidores que necesitan en las redes para ser considerados «relevantes» y su séquito de admiradores, que no los conocen personalmente, están dispuestos a pelear con uñas y dientes para defender la «buena fama» de esas personas.

Mucho del por qué pasan estas cosas es la falta de reflexión sobre lo que se hace. Estoy seguro que con algunos minutos de mirar en la distancia lo que estaban haciendo, por lo menos la mitad de la gente que se sacó fotos con estos dos asesinos no lo hubiera hecho. Te invito a reflexionar sobre las actitudes y comportamientos que tienes frente a las personas que admiras. ¿Las sigues aunque sus conductas sean inmorales?, ¿te has detenido a pensar si en verdad son modelos a seguir?, ¿te dejas influenciar fácilmente por lo que los medios ofrecen?