Inevitablemente, nos toca hablar de Shakira y su última canción con Bizarrap. BZRP Music Sessions #53 llegó a millones en segundos (y no estoy exagerando). Gracias a la velocidad de las redes sociales el mundo se polarizó entre posiciones y juicios de valor.

Por supuesto, un día después, casi como haciendo scrolling de la vida, cada uno volvió a lo suyo y parece que la furia de Shakira en su colaboración con Bizarrap quedó en una de esas historias que duran 24 horas.

Sin embargo, creemos que es necesario apuntar algunos puntos para la reflexión.

Bien y mal, dos categorías complejas

Aplaudir o condenar un acto es algo sumamente difícil. No en vano los juicios suelen tomar periodos tan largos y a veces dar un veredicto puede llevar años. Calificar el comportamiento de una persona en «bueno» o «malo», a priori, creo que es reducir o minimizar la complejidad tan grande del ser humano. Y además, ¿será que nos toca hacerlo?

Creo que esta necesidad de dar juicios de valor apresurados parte de un anhelo más profundo. Un anhelo de ser querido, aceptado siempre, de unas ganas de estar del lado de «los buenos», de sentirse en lo correcto.

Pero tan solo somos humanos. Necesitamos la valentía y humildad para ir comprendiendo que el único bueno es Dios y que nosotros nos movemos casi como el acróbata que lucha por mantener el equilibrio sin caer.

Siendo cristianos, podemos comprender que es la gracia de Dios la que nos permitirá mantener el equilibrio y levantarnos cada vez que lo perdamos. 

El reclamo de una mujer y los estereotipos

Shakira no ha sido la primera, ni tampoco creo que la última mujer que utilizará la música (o el arte en general) para expresar lo dramático de una decepción amorosa. Recuerdo a Alanis Morrissette allá por 1995 con su éxito «You oughta know», esa canción se convirtió casi en un himno para mí en mi recién estrenado corazón roto. En esa época era una adolescente casi sin rumbo y desahogar mi dolor cantando a todo pulmón fue realmente terapéutico.

El punto es que, en la era del «empoderamiento» de la mujer, el dolor sigue existiendo. El camino recorrido por lograr igualdad de oportunidades en la guerra de los sexos no borra la necesidad que tenemos de vivir un amor complementario, un amor donde puedas abandonarte y ser tú mismo.

Puedo entonces entender cómo una frase tan potente como «las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan» se ha convertido en el lema de tantas. Esa frase ha encontrado espacio en el dolor que experimentan o experimentaron tantas mujeres que fueron abandonadas a su suerte, alimentado – seamos sinceros – por esa creencia generalizada de que todos los hombres son iguales y los culpables de todos los males que atravesamos las mujeres.

Ojalá esa frase fuera tan real como simple. Lo cierto es que las mujeres lloramos (y facturamos) y los hombres también.

Vivir el duelo

Cuando hay una decepción amorosa, el alma puede quedar en carne viva. Hace unos años conversaba con una amiga que se acababa de divorciar y me decía «lo peor de todo es que de amor no te mueres, sigues viviendo casi muerta».

Numerosos estudios, psicólogos, terapeutas de pareja y la propia experiencia personal confirman que el dolor de una traición en una relación de pareja que creías sólida es más duro que la propia muerte.

A veces no tenemos idea del dolor que hemos o estamos causando y no me refiero necesariamente al dolor que la traición ocasiona.  Cuando sufrimos pasamos por una serie de etapas emocionales (negación, ira, negociación, depresión y aceptación) que es necesario recorrer.

Una de esas emociones es la ira. Es casi inevitable – y hasta saludable – pasar por esta emoción porque lo que estamos reclamando es algo en justicia: nos han hecho daño, nos han quitado algo que creíamos seguro y nuestro.

El reto está en terminar de transitar el camino del duelo con el menor daño colateral posible (más aún si hay hijos) y para eso necesitamos compañía, ayuda y misericordia.

La necesidad de aprender a amar

Tras escuchar la canción de Bizarrap y Shakira, pienso: necesitamos aprender a amar, a entender que el amor es mucho más que un sentimiento, que es una decisión del día a día.

Necesitamos aprender que sí, los sentimientos importan, ayudan a afianzar el amor, pero finalmente el amor tiene que ver con la voluntad, ese «querer querer» para siempre y dejarse la vida entera en un camino de crecimiento personal de la mano.

Y que ese amor tiene la potencia de crecer, aun en el dolor.

Amar incluye necesariamente misericordia y compasión, capacidad de perdonar y empezar de nuevo, valor y madurez para transitar la ira, el miedo y el dolor y transformarlos en bien y sabiduría.

Mientras escribo esto me sorprendo con la exigencia que implica amar. Todo esto lleva tiempo y paciencia y no se puede conseguir solamente por mérito propio. Para aprender a amar necesitamos de otros, pero especialmente necesitamos de Aquel que es el amor mismo. 

Más allá de la controversia a partir del resultado de esta colaboración entre Bizarrap y Shakira, creo que historias así deberían conmovernos y movernos hacia adentro, para tratar de entender y salir al encuentro del otro que sufre.