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Por increíble que parezca, algunas veces la soledad se percibe de un modo erróneo. La describen como la pesadilla que nadie quiere vivir, como un castigo de Dios o como algo a lo que hay que temerle o incluso huirle. Pero en realidad la soledad debe ser una etapa concebida como una oportunidad para descubrirse a sí mismo, para renacer y evaluar ciertos aspectos de nuestra vida que se pueden fortalecer.

Hay que hacer un alto en el camino y aclarar que la soledad no es sinónimo de abandono, podemos elegir vivirla y en esta experiencia maravillosa encontrar virtudes que jamás creímos poseer. En este post haremos referencia al valiosísimo tiempo a solas que debemos dedicarnos tras haber tenido una relación de noviazgo o de gran apego con una persona cercana.

Se tiende a pensar que estar solos significa permanecer en un estado constante de tristeza o inconformidad, pero cuando la vida te da todas las señales para adentrarte en la aventura de estar solo, no hagas caso omiso, escucha a tu corazón y date la oportunidad de estar a solas contigo mismo, aunque el miedo trate de llevarte hacia otra dirección.

Estos son ocho regalos que descubrirás al aceptar tu soledad y vivirla a todo dar, sin renegar o esperar a que alguien venga a auxiliarte:

1. No volverás a suplicar amor

Este si que es un don, rogarle a otra persona que esté con nosotros no tiene ningún sentido. Por obvias razones el estar solos al principio costará mucho, dolerá, pero solo de este modo se llega a entender que el amor es algo que debe nacer y no algo que yo puedo imponerle a otra persona.

No podemos ir al súper y comprar una tarjeta de amor para recargar a esa persona que no siente lo mismo por nosotros. En muchas ocasiones se permite el maltrato psicológico y la conformidad con pequeños detalles por temor al abandono, a no imaginar la vida sin esa otra persona.

Existen relaciones que nos vuelven ciegos, no hay poder humano, regaño de mamá, consejo de amigo o indirecta de papá que valga. Pero solo en el momento en que nos vemos forzados a vivir una época que no es otra sino la de estar solos, comprendemos que fuimos caprichosos y que lo que hicimos fue una tontería, porque cuando de verdad se quiere no hay que mendigar tiempo, palabras, abrazos, llamadas o atención.

2. Te darás cuenta que el dolor en realidad solo te hace más fuerte

Es cierto que podemos elegir estar solos, pero también es cierto que no todos somos igual de valientes. El dolor tiene ese increíble poder de convertir las heridas en algo que luego apreciamos con un amor incalculable, cosa que puede sonar confusa pero si pensamos en la maravillosa sensación de libertad que se apodera de nuestro ser luego de que el dolor pasa, pensamos «ya pasó, dolió pero pude volver a pararme».

Es el gozo de un renacer, de descubrirnos a nosotros mismos capaces de sortear los obstáculos, de pensar que el dolor o la necesidad de volver a otra persona no durarán para siempre y al contrario nos permitirá encontrar esa fortaleza de la que nunca nos imaginamos ser dueños.

3. Disfrutarás compartir tiempo con otras personas

Renunciar a una relación nos empuja a conectarnos con otras personas, con amigos que no veíamos hace largo tiempo o con familiares a los que les dábamos mil excusas para no llegar al encuentro. Ese nuevo compartir nos impulsa a estar en otros lugares, en otros ambientes y paisajes que nos llenan de nuevas sensaciones.

Al inicio de esta etapa de soledad es muy conveniente compartir tiempo con otros, no necesariamente en planes extremos o que te lleven a la banca rota, pero si a salidas que te permitan distraer el pensamiento y ocupar tu mente en otras cosas. Es normal que no disfrutemos con mucha intensidad todo al principio, pero luego nos daremos cuenta de que esas salidas cortas alimentan el alma, nos brindan felicidad y bienestar y nos incitan a probar cosas diferentes a las que estábamos acostumbrados.

Recordemos que la soledad no se refiere a estar dentro de una casa en la oscuridad o a no salir de la habitación a no ser que sea necesario. Borremos esa idea errónea que el mundo nos ha tratado de imponer en la que la soledad se refiere al aislamiento. Podemos ser absolutamente felices en esta etapa, en compañía de otras personas.

4. Descubrirás que eras más valiente de lo que pensabas

Tendemos a ser muy duros con nosotros mismos, a «darnos palo» como dicen por ahí y antes de que sucedan las cosas imaginamos un panorama que en la mayoría de casos es poco alentador. Sentirnos cómodos estando solos también es un proceso que lleva tiempo, sobre todo si hemos dejado atrás una relación de largos años, pero para afrontarlo hay una buena noticia, no estamos del todo solos.

Existe un bello pasaje de la biblia que puede reconfortarnos en momentos de tribulación o en aquellos días en que la carga parezca ser muy pesada, «No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, si, te sostendré con la diestra de mi mano» (Isaias, 41:10)

La valentía llegará sin que nos demos cuenta y se apoderará de nuestro corazón cuando más la necesitemos. La buena compañía y consejo son claves en esta etapa, relacionarnos con personas que nos alienten por el camino del bien hará que la valentía se convierta en el pan de cada día.

5. Amarás y respetarás tu tiempo y el de los demás

Cuando abrazas a la soledad, la aprecias y la concibes como un regalo y una oportunidad, este punto se convierte en algo valiosísimo. Serás consciente de que el tiempo no regresa y de que debes aprovecharlo aún más, de que no lo desperdiciarás con personas que no valen la pena y de que te encargarás de hacer de cada instante un momento agradable no solo para ti, sino para los demás.

Te darás cuenta de que los momentos que compartes contigo a solas, en silencio, en la cotidianidad de tus días, ya no duelen, ya no son un dolor de cabeza o un constante nudo en la garganta. Puede que llegues a amar tanto a tu soledad que prefieras permanecer así por mucho más tiempo del que tenías pensado.

6. Valorarás mucho más a tus amigos y familiares

Este punto se convertirá en uno de los aspectos más importantes de tu vida, pues, aunque con el pasar del tiempo te des la oportunidad de estar con otra persona, sabrás que tus amigos y familia siempre ocuparán un lugar importante en tu corazón. Ellos serán quienes te aconsejen y te acompañen en todo momento y sin que te des cuenta, en lo profundo de tu ser te sentirás bendecido y agradecido con Dios por la oportunidad que te dio de saber disfrutar tu soledad.

Es cierto que en una relación o no, sabemos que la familia está ahí pero muchas veces en un segundo plano o en un acompañamiento que damos por sentado. Experimentar la soledad nos permite apreciar con más fuerza a las personas que tenemos a nuestro alrededor.

7. Te convertirás en una persona más selecta en tus relaciones

La soledad tiene una lista de ventajas enorme y cuando aprendemos a vivirla correctamente, nos premia. Uno de los regalos que nos da la soledad es el ser selectos, más cuidadosos a la hora de elegir con quién queremos estar, porque es justo en la soledad donde nos damos cuenta de qué estamos hechos, de las habilidades y dones que poseemos, de lo fuertes que podemos llegar a ser, de lo mucho que valemos y también de lo poco inteligentes que fuimos muchas veces.

Convertirnos en personas más selectas no quiere decir que despreciemos a otros, significa que decidimos elegir con más cuidado a las personas que queremos que hagan parte de nuestras vidas. En este orden de ideas nos alejaremos de aquellas personas que nos quitan la paz, que nos contaminan con malas ideas o que nos hacen hacer cosas con las que no nos sentimos cómodos.

8. No aceptarás que otros te lastimen por diversión

El apego a una persona puede ser tan fuerte que incluso no nos deje respirar, no nos permita ser nosotros mismos, porque la decisión de aceptar una relación tormentosa es solo nuestra, nadie nos obliga, estamos ahí por gusto propio. Pero cuando nos desprendemos, nos llenamos de valentía y soltamos con amor, el resultado es excepcional.

La soledad nos permitirá apreciar a los demás de un modo único, nos hará pensarlo dos veces antes de decirle adiós y nos revestirá de la increíble fortaleza que necesitamos para decir ¡no!

Es cierto que desde el momento en que somos concebidos en el vientre de nuestra madre, no estamos solos. Compartimos los latidos del corazón, las sensaciones y hasta la respiración, pero a medida que crecemos atravesamos distintas etapas que nos moldean como la persona que somos hoy y nos permiten descubrir el gran poder de las relaciones interpersonales.

Pero bien es cierto que todos, sin importar de donde vengamos debemos regalarnos este tiempo a solas, debemos abrirnos a la hermosa experiencia de disfrutar la soledad, de sentirnos alegres y completos para luego entregarnos sin reproche alguno a los demás o simplemente para aceptar que solos también podemos sentirnos plenos.

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