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Alejandro y María Laura son unos músicos peruanos que además de ser músicos son esposos. Trabajan juntos, ya de por sí eso me parece una labor heroica. Disfruto mucho sus composiciones musicales, además de bellas las letras tienen un contenido que más de una vez te van a dejar pensando.

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El video que quise compartir con ustedes hoy es de una de sus últimas composiciones, titula “Babas”. Una canción en honor a su recién estrenada paternidad. Babas, para quien no esté familiarizado con la definición, es esa secreción salival con la que los bebés empiezan a dejar su marca por el mundo.

De pronto encontrarás todo lleno de ellas, tu cara, tu pelo, tu ropa y tu collar favorito. Cuando menos lo pienses te volverás inmune y aquello que en otras personas te parecería realmente desagradable, en tus hijos se volverá casi un elixir de vida.

Esta canción nos recuerda lo duro, pero a la vez lo extremadamente breve que es la primera infancia de nuestros hijos. Cuando un bebé llega a la familia, todo el orden, las rutinas, horarios y rituales se trastocan. No importa cuántas veces te hayas amanecido estudiando o de fiesta, los amaneceres amamantando y calmando el llanto indescifrable de nuestros niños no tienen entrenamiento que valga. Nunca estarás preparado para ellos. Bueno, tal vez si fuiste el hermano o la hermana mayor de una familia numerosa podrás estar un poco más familiarizado con el tema. Aún así, esas madrugadas son duras, más aún cuando en pocas horas tienes que ir a trabajar o atender el resto de tu familia.

Y aún así, no “hay nada mejor que tus besos con baba” y esas sonrisas llenas de ternura que levantan los brazos o sacuden el pequeño cuerpito de alegría cuando te acercas a levantarlos de la cuna. Así como si lo que estuvieran mirando fuera lo más hermoso de su vida.

Los primeros años de crianza son duros. Y creo que porque son así de duros es que los extrañamos toda nuestra vida. Ese momento en que nuestros brazos eran en lugar más seguro para nuestros hijos. En que podíamos protegerlos por entero y llenarlos de besos sin reclamo.

Estar conciente de esto, no solo ayuda inmensamente a pasar las noches en vela y sobrellevar los llantos infinitos. Llena de fuerzas el saber que esto que en un minuto parece demasiado, también es breve y también es único. Solo nosotros recordaremos esos momento, no hay más testigos. Nuestros niños no lo recordarán, esas miradas a oscuras, abrazos, llantos y cantos finalmente serán recuerdos, “recuerdos solo míos”.

 

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