ayudar a los demás

«¿No podríamos hacer algo para ayudar a los demás?» es una pregunta que podría asegurarte que, en algún momento, todos nos hemos hecho. La pregunta real sería: «al final, ¿hicimos algo?».

Podemos pensar que solo personas extraordinarias realizan acciones extraordinarias. Pero, si lo pensamos bien, todos somos personas inigualables. Tenemos talentos, virtudes y, si todo esto lo ponemos en las manos de Dios, podríamos darnos cuenta de que quizás Él nos llama para hacer algo extraordinario.

¡Eso no necesariamente tiene que ser algo grande! Podría ser algo muy pequeño, pero que pueda hacer una gran diferencia en el mundo. Él solo espera que le digamos que «sí».

Esto fue lo que le pasó a un joven, común y corriente, como tú o como yo, a quien Dios le pidió algo ordinario que se volvió extraordinario. Su nombre es Magnus MacFarlane y es el fundador de Mary’s Meals (Las comidas de María) la cual ayuda a proporcionar comidas escolares que cambian la vida de los niños que viven en algunas de las comunidades más pobres del mundo.

Esta increíble historia de Mary’s Meals empezó en un pequeño cobertizo de hojalata en Escocia y ahora está llevando esperanza a millones de niños hambrientos en el mundo. La puedes encontrar en un canal de YouTube llamado «Infinito más uno», el cual tiene una serie española llamada «Hagan Lío», que intenta mostrar a todo el mundo la belleza de una iglesia alegre, sacrificada, fiel y valiente.

Totalmente, te lo recomiendo, pero antes quiero contarte un poco del cambio de perspectiva que esta iniciativa nos brinda sobre cómo nos llama Dios.

El deseo de ayudar a los demás es más grande que saber que somos pequeños

¡Cuántas veces hemos tenido este sentimiento de querer hacer algo más o ayudar a los demás! ¡Cuántas veces sentimos que Dios nos llamaba para una misión más grande que nosotros…! Pero, por el miedo de pensar que no somos capaces o que es un sueño inalcanzable, al final terminamos sin escuchar al Espíritu Santo en nuestro interior.

Debemos comprender que toda obra que nace de nuestro corazón es obra y deseo de Nuestro Señor. Nosotros somos solo instrumentos para hacer realidad ese sueño. ¡Nada es imposible para Él!

En la Sagrada Escritura se nos dice bastante claro: «Esto va más lejos que el poder del pensamiento tenaz. Es el poder de Dios que hace que lo imposible sea posible. Nada es imposible para Dios» (Lucas 1:37).

Por eso, escuchar en nuestro interior al Espíritu Santo es darle la oportunidad de hacer un cambio. Confiemos en Dios, en que nada es imposible, más si todo lo ponemos en las manos de Él.

Cada acto de bondad y misericordia no solo impactará en nuestra vida, sino también nos permitirá ayudar en la vida de las demás personas.

Sin preocuparse, dejarlo todo en las manos de Dios

«Si te preocupas, tienes problemas, por querer hacerlo a tu manera y no a la de Dios» es una frase impactante en el video. Al empezar un proyecto, los pensamientos sobre todo lo que puede pasar mal ahondan en nuestra mente. Eso hace dar un paso atrás a todos los sueños o metas, por miedo de cómo van a terminar o cómo lo voy a lograr.

Pero Dios tiene otras formas de hacer las cosas. En lo que nosotros estamos preocupados, Él ya está actuando. Dejarnos guiar conforme a la Voluntad de Dios es literalmente abandonarnos en sus manos.

Hemos de saber que todo lo que hacemos es por obra y misericordia de Él. Todos estos sueños que nacen desde lo más profundo de nuestro corazón son sueños de nuestro Dios para nosotros.

Abandonarnos en Él y vivir una vida de oración continua para conocer su Voluntad, nos da la oportunidad de ver el mundo desde los ojos de Dios.

A Dios le gusta escoger a cualquiera (sin mérito)

Podemos creer que no somos suficientemente buenos (o inteligentes, o habilidosos, etc., etc.) para ayudar a los demás. O podemos pensar que no tenemos talentos para que Dios ponga la mirada en nosotros, pero eso no podría estar más lejos de la verdad.

Dios nos escoge en nuestras circunstancias, en nuestro día a día, para realizar un cambio.

Al analizarlo, vemos que los doce apóstoles no eran precisamente el modelo de conocedores de la Palabra. Dios no los escogió por sus virtudes, ni por sus talentos. Pero Dios sí lograba ver en ellos lo que podrían ser. Debemos ser valientes como ellos para proclamar a Dios y mostrar sus grandezas, dejarnos amar y guiar por Él.

Dios nos está llamando hoy. Nos llama a ti y a mí en nuestra cotidianidad para marcar esa diferencia. Hay que dejarnos guiar por el Espíritu Santo para poder seguir viendo milagros en nuestro día a día.

Para hacer un cambio en nuestra iglesia, para hacerla florecer, demostrando que somos una Iglesia alegre, fiel y valiente. Hemos de hacer el cambio no por dinero, ni por uno mismo, sino por Dios.

Siempre confiar en su Providencia.