ayuda al prójimo

Alguna vez te has preguntado, ¿por qué, si tengo una vida cómoda, debería desacomodarme por otros? ¿No sería un poco injusto pensar en «abandonar» lo que he conseguido con esfuerzo para ayudar a «otros»? Esta es la historia de Scott Harrison, un hombre que trabajaba como promotor de un club nocturno en la ciudad de Nueva York.

Tenía una vida cómoda y que un día decide partir como voluntario en un barco al hospital en Liberia, país de África occidental. Al volver de esta experiencia, y ver la realidad que encontró en las personas que viven en este país, donde pasaban necesidad por no tener agua potable, decide fundar una famosa fundación sin ánimo de lucro llamada: Charity water.

Una historia de conversión

Scott Harrison cuenta en su propio testimonio, que en su vida personal llegó a tener todo lo que él deseaba: Estaba saliendo con una chica reconocida, tenía el perro que siempre soñó tener, tenía un auto que le encantaba. ¿Qué más podría pedir? Sin embargo, y a pesar de todo lo que podría haber conseguido en términos del mundo, no se sentía satisfecho, «era realmente infeliz», menciona Harrison en su propio testimonio.

Posteriormente, un día descubre unos barcos de ayuda humanitaria en la costa, que fotografiaba a menudo, por dos años y descubre que este barco pertenece a una organización que hace ayuda humanitaria en Liberia. Decide unirse a ellos, ir a Liberia y desarrollar toda una labor periodística documentando lo que esta organización desarrollaba con las personas en este país.

Las condiciones que encuentra Harrison lo conmovieron mucho al ver que las personas en este país tenían enfermedades como lepra, tumores y algo que lo confrontó mucho: No tenían siquiera agua potable para tomar. Esto lo lleva a pensar que debería hacer algo por ellos y decide atacar el problema desde la raíz: el agua potable.

Por ello, empieza a usar sus contactos para pedir ayuda a las personas con el fin de resolver el problema. Toma los contactos del club privado que tenía y empieza a solicitar ayuda por esta causa. Y así ha logrado mover millones de dólares y ayudar a muchos pueblos a tener agua limpia.

La ayuda al prójimo: ninguna vida es innecesaria

Cuántas veces se ha podido pensar que finalmente lo que sea que se haga no será suficiente y no cambiará el mundo. Sin embargo, Harrison supo ver que sí podía hacer algo por cambiar la realidad de estas personas. Probablemente, muchos vemos las realidades de otros países y se siente tan lejana que creemos al final que es mejor voltear la mirada y creer que no está pasando solo porque no lo vemos cerca.

Tal vez podamos creer que no existe una solución que pueda estar en nuestras manos, sin embargo, esta iniciativa nos impulsa a ver que en nuestras ciudades existen muchas iniciativas que pueden generar un impacto en muchas vidas, y basta tocar un corazón para generar todo un cambio en el mundo.

Muchas veces la mayor ayuda que podamos brindar estará cruzando la puerta de nuestras casas, más cerca de lo que pensamos. Harrison nos hace ver esto de una forma palpable en su historia de vida y de ayuda al prójimo.

Dios tiene un plan para cada uno de nosotros

Cuando pensamos en nuestra vida, en nuestra historia y abrimos los ojos más allá de lo que es nuestra vida personal, descubrimos que en el mundo hay muchas heridas y mucho dolor. Y lo más hermoso de todo es pensar que Dios cuenta con cada uno de nosotros para hacer presente su misericordia en la realidad, a veces tan compleja, de tantas personas que nos rodean.

Si cada uno mira a su propio corazón, descubrirá que en él Dios ha depositado y confiado muchísimos dones y capacidades, que no se entienden ensimismándose y encerrándose en sí mismo, sino dándose a los demás.

Si nuestra vida no es poco a poco transformada en un acto de servicio hacia otros, entonces nuestra vida carece de un sentido, porque ser persona implica salir de nosotros mismos para mirar a los demás. Por eso, vale la pena preguntarle al Señor: ¿Qué soñarás tú para mí?; ¿Cómo puedo ser un don para el mundo? Esta pregunta poco a poco se irá respondiendo por el Señor mismo.

Empecemos por no quedarnos con los dones que Dios nos ha dado, sino que vale la pena entregarlos, por amor, a quienes nos rodean y los necesitan. Valdría la pena pensar, ¿qué iniciativa estaría en mis manos sacar por otros? ¿Cómo puedo yo brindar una ayuda al prójimo?