¿Te has puesto a pensar que cuando realizas una acción tienes que asumir las consecuencias que esta traiga? Consecuencias que pueden beneficiarte o dañarte, pero no solo a ti, sino también a los que están a tu alrededor.

Quiero presentarte un video realizado por la plataforma de publicidad ADdictive, que puede ayudarnos a entender esto. ¿Lo vemos juntos?

Acciones buenas, consecuencias buenas

Recuerdo haber leído la historia de un hombre mayor que plantó un hueso de cereza al borde de un camino. Un muchacho, al verlo, se burló de él. Con el paso de los años y los cuidados del hombre, el árbol se llenó de frutos, que un día llegaron a calmar la sed del más joven.

Las obras de misericordia y las oraciones son acciones que dan frutos provechosos. Podemos citar el virtuoso ejemplo y las plegarias de Santa Mónica por su hijo, San Agustín. Sin ello, es probable que él nunca se hubiera convertido ni hecho tanto bien en la Iglesia, que hasta la actualidad se transmite a través de sus obras y en la orden religiosa inspirada por él.

Y el lado opuesto…

La campaña de la agencia de seguridad en Bélgica (AWSR) que vimos más arriba, nos señala lo opuesto.

El joven que nos presenta el video ha tomado tanto alcohol que camina tambaleándose. Al avanzar aparecen ante él momentos y personas de un futuro inexistente aún. Al final, cuando él abre la puerta de su vehículo, lo detiene la imagen de una niña en bicicleta, la que sería su hija. Luego aparece el mensaje: «Deja que tu futuro te detenga. Si toma no maneje». Un video para reflexionar.

Nuestro futuro no está escrito. Pero podemos pensar en él para tomar buenas decisiones o impedir imprudencias que puedan perjudicarnos a nosotros o a los demás. En otras palabras, no es más que discernir y asumir las consecuencias.

Todo está permitido, no todo me conviene

Lo dice San Pablo en su carta a los Corintios (6,12). Nadie puede prohibirnos que realicemos lo que queremos hacer. ¡Incluso podemos trasgredir la ley! Pero seremos perseguidos… y, lo más probable, acabaremos en la cárcel.

Todo me es permitido, pero no todo me hace bien. ¿Me hará bien si tomo en exceso, si me drogo, si veo pornografía, si fumo en exceso, si tengo vicios arraigados?

Es obvio que no, porque arruinará mi presente. Podemos citar complicadas situaciones como: vacío interior, problemas en el trabajo, dificultades económicas, conflictos familiares – desintegración de las familias o causar daños a los que nos aman – y muchas otras lamentables consecuencias. Graves a nivel psicológico, físico, espiritual.

Arruinar el presente, además, repercutirá en el futuro. Un futuro al que no todos llegan, si vemos los numerosos casos de accidentes o suicidios que muchas veces se vinculan a estas tristes situaciones.

«La culpa es de Dios»

Ante todo esto, hay gente que culpa a Dios. No somos capaces de asumir las consecuencias; de admitir que podemos equivocarnos cuando elegimos la satisfacción y los deseos por sobre todo, antes de pensar en sus consecuencias.

¡Dios nos ama muchísimo! Claro que quiere que todas nuestras elecciones sean buenas, pero no nos trata como títeres. Él respeta las decisiones que tomemos, el libre albedrío: la capacidad para escoger el bien o el mal.

Recuerdo la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-32). El joven se cansó de vivir con su padre y pidió la parte de herencia que le correspondía. Se fue lejos a malgastar todo el dinero, hasta que se dio cuenta de que no tenía ni para comer. Así que regresa arrepentido. El padre misericordioso se alegra al verlo y lo recibe con gran regocijo. ¡Incluso organiza un banquete en su honor!

Así es Dios: aunque nos hayamos alejado, nos espera lleno de amor. Mientras tengamos vida, hay oportunidad para cambiar y volver a Él… pero no sabemos hasta cuándo viviremos.

6 hábitos que nos ayudarán a tener el futuro bien «presente»

— Recordar, en la vida diaria, que nuestras acciones tienen consecuencias que debemos asumir.

— Examen de conciencia: ¿qué es lo que nos domina? ¿Cuál es la causa?

— Aprender a negarnos a nosotros mismos. Decir «no» es importante, porque el que se da el gusto en todo lo que su cuerpo le pida, acaba por verse dominado por sus instintos y pasiones. Algunos ejemplos son: levantarnos de inmediato, soportar el calor o el frío sin quejarnos, evitar el chisme y hablar más de la cuenta, dejar de comer algo que nos gusta, etc.

— ¡Busca ayuda! Si estamos atrapados por un vicio o alguna mala costumbre muy arraigada, podemos acudir a algún sacerdote para dirección espiritual y a un buen psicólogo, si es necesario.

— Decir jaculatorias, oraciones breves que dirigimos al Señor, a la Virgen Santísima y a los Santos. Por ejemplo: «todo lo puedo en Aquel que me fortalece» (Filipenses 4, 13).

— En todo momento, encomendarnos a Dios, a nuestra Madre, la Virgen María.

— Fomentemos en nuestra vida la piedad con la frecuencia en los Sacramentos, la confesión, la Eucaristía, la oración… ¡en fin! Hay tantos medios en nuestra Iglesia, aprovechémoslos 😉

 

Artículo escrito por Verónica Tito

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