
Todos nosotros, sin excepción, deseamos vivir una vida al máximo; es decir, una vida sin arrepentimientos.
Ese ideal, sin embargo, es más retador de lo que quisiéramos, y muchos llegan a las «vísperas» de su vida… con grandes arrepentimientos.
Así lo señala Emilio Duró en la conferencia que te comparto, publicada en el canal de YouTube «Aprendemos Juntos 2030» de BBVA, titulada «La clave de todo es tener un sentido de vida».
Hacia el minuto 21:47, Duró menciona los 5 arrepentimientos que cuentan las personas antes de morir. Sobre ellos te hablaré en este artículo.
1. Hacer lo que los demás querían, no lo que ellos querían
Duró comienza señalando que el primero de los arrepentimientos de las personas es hacer lo que los demás querían y no lo que ellos mismos querían. Esta circunstancia se presenta, en efecto, muy frecuentemente y hunde sus raíces en la importancia de la autorrealización.
Dios nos ha creado libres. Esto tiene una importancia fundamental, porque la realización del tipo de persona que quiero ser es lo que nos da autenticidad y sentido de vida.
El conferencista, entre las razones que expone en este punto, señala el problema de vivir la vida que los papás o abuelos querían para nosotros, argumentando que ellos vivieron en un tiempo distinto.
Si bien esto es cierto, pienso que hay una razón más importante para tener en cuenta, que te quiero sugerir: la autorrealización que mencionábamos antes requiere que persigamos los fines que nosotros mismos nos hemos trazado. Volviendo a resaltar la importancia de la libertad, reitero que la clave de esto está en que seamos nosotros los autores, no los demás.
Sin embargo, es imprescindible señalar también que tampoco se trata de cortar a los demás cuando perseguimos el ideal que nos hemos trazado.
Porque, naturalmente, las personas que nos rodean también nos pueden ayudar a descubrir o a ver con mayor precisión la profundidad y el auténtico alcance de ese ideal.
Somos autores de nuestra propia vida, sí, pero siempre hay una referencia a los demás, porque las decisiones que tomemos tendrán siempre un impacto social.
2. Arrepentimientos por trabajar demasiado
La segunda cosa de la que más se arrepiente la gente, continúa Duró, es haber trabajado demasiado. Esta resulta de crucial importancia, pero puede generar un poco de impacto que valdría la pena matizar.
Vivimos, desafortunadamente, en un mundo cada vez más competitivo y entregado al trabajo. El coste de vida básico es cada vez más costoso, y esto implica, en la mayoría de los casos, tener que trabajar más de la cuenta.
Sin embargo, sí que es cierto, como dice Duró, que hay que tener muy claras las prioridades: según esta escala forjaré mi vida y, al final, como pasa con estas personas que menciona el conferencista, suele no ser la vida que hubieran querido tener.
Y la prioridad fundamental para todo ser humano está, sin lugar a dudas, en la familia. No creo que haya un estilo de vida que valga la pena sacrificar a la familia, y esto es digno de reflexión.
A pesar de esto, también es cierto que, como te decía, vivimos en un mundo que cada vez exige más, y debemos ser prudentes a la hora de tomar nuestras decisiones al respecto.
Tuve una cliente en mi consultorio de asesoría personal recientemente que quería renunciar a su trabajo porque no se sentía satisfecha. Llegaba a mi consulta con la decisión prácticamente tomada, pero, en medio de nuestras conversaciones, fue capaz de darse cuenta de que debía evaluar bien la situación.
Luego de un buen análisis en el que la pude acompañar, vio que podía renunciar sin generar un impacto negativo en su familia. Pronto encontró un nuevo trabajo que le permite tener más tiempo para ella y su familia, y hoy se siente mucho mejor.
3. No expresar más emociones positivas
La tercera cosa de la que todos se arrepienten, según Emilio Duró, es el hecho de no haber expresado más emociones positivas. Claro está que aquí no se está refiriendo estrictamente a las emociones. De ellas, en realidad, no tenemos mayor control, sino a aquellas que nosotros podemos controlar.
Con palabras del mismo conferencista, se trata de haber «tocado más, abrazado más, besado más, sentido más».
En el fondo, lo anterior se puede resumir en una sola cosa: amar más. En efecto, no es un secreto para nadie que la máxima fuente de vida para todo ser humano es, indudablemente, el amor.
Esta tercera cosa que menciona Duró se presta para compartirte algo acerca del amor. Después de 15 años de estar estudiándolo y trabajándolo en diversos escenarios de la vida, he descubierto que a casi todos, incluso a los grandes autores, se les escapa sobre el amor humano.
Siempre se nos habla del amor, ya sea como una decisión o como un sentimiento. San Juan Pablo II, sin embargo, nos enseña que se trata de las dos en conjunto: es sentimiento y es decisión a la vez.
Por mi parte, uniendo muchas ideas que he meditado durante todo este tiempo, me doy cuenta de que el mismo hecho de que se trate de un sentimiento y una decisión al mismo tiempo revela que el amor, en el fondo, es una capacidad que tú y yo tenemos y que se dirige naturalmente hacia la consecución del máximo bien posible para la persona amada.
En otras palabras, es la capacidad que tenemos, por ser imagen y semejanza de Dios —que es Él mismo Amor—, de hacer felices a las personas.
Por mi lado, si te soy sincero, pondría esta tercera cosa como la más importante de todas. Porque, como tú y yo sabemos, el ser humano no puede vivir sin amor.
4. Vivir lejos de los seres queridos
La cuarta, que de cierta manera se conecta con la anterior, es el haberse ido a vivir lejos de los seres queridos. Duró pone el foco, muy acertadamente, en el éxito.
¿Por qué? Porque es el motor vital de nuestro tiempo. Nos desvivimos por tener una vida «exitosa». En función de eso, nos disponemos a sacrificarlo todo (que, tristemente, es lo que lleva a que luego estén arrepintiéndose de estas cosas que estamos viendo hoy).
Sin embargo, como bien señala el conferencista en el video, la vida no es para «sobrevivir», sino para mucho más. Vuelvo a hacer hincapié en el amor.
La vida que tenemos, si es que de verdad queremos que esté llena de sentido y propósito, está para amar con todas nuestras fuerzas. Perseguir el éxito profesional no está mal, pero nunca si se trata de sacrificar el amor que podemos y debemos dar a los demás.
En el primer inciso te hablaba de la libertad. Aquí vale la pena señalar algo más sobre ese tema.
La verdadera libertad, aquella que nos lleva a sentirnos como verdaderos superhéroes, se alcanza amando. El amor es la máxima expresión de nuestra libertad.
5. Y arrepentimientos por no haber sido más feliz
De los cinco arrepentimientos que menciona Emilio Duró, la quinta reúne a todas las anteriores y se relaciona estrechamente con la tercera que hemos analizado. Se trata de no haber sido más felices por no haber amado más. Las personas que se mencionan en la reflexión del conferencista dicen, con razón, que solo hay una cosa más importante que todas las demás: cuánto has amado.
El mundo al revés nos está bombardeando constantemente con una fórmula invertida. La vida exitosa, como decíamos en el punto anterior, es la que nos garantiza la felicidad. Pero el foco aquí no es la vida exitosa, sino la felicidad perseguida por sí misma y para uno mismo. En mi opinión, ese es el peor error de nuestra sociedad.
¿Por qué? Porque la felicidad, como ya lo sabían los pensadores clásicos (y eso que no sabían «tanto» como nosotros), es algo que acompaña a la vida que persigue el bien. Y el verdadero bien, el único que vale la pena perseguir, incluso sacrificándolo todo (recordemos lo que hizo Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz), es amar a los demás.
No hay nada —y no puedo enfatizarlo lo suficiente— que traiga más felicidad a todo ser humano que amar. ¿Por qué? Porque, como te decía antes en un artículo anterior relacionando la felicidad y la teología del cuerpo, nosotros somos amadores. Debajo de toda nuestra realidad humana está esa verdad: que somos, como Dios, amadores.
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Excelente articulo y de mucha reflexión