Todos tenemos el deber de buscar la verdad. Se trata de un deber, en primer lugar, frente a nosotros mismos. No la buscamos para satisfacer las exigencias de alguien, sea Dios o sea otra persona. Buscamos la verdad porque solo así experimentamos que nuestra vida tiene sentido y consistencia.

Creo que nadie quisiera vivir en la mentira (aunque quizás sea más cómodo hacerlo), como también creo que a nadie le gusta que lo engañen. Si no nos gusta que nos engañen, entonces menos razón para engañarnos a nosotros mismos o contentarnos con algo que puede ser falso. Esto no quiere decir que la verdad sea fácil de encontrar. Hace algunos años San Juan Pablo II escribió uno de los documentos más importantes de los últimos tiempos para los católicos. Lo tituló «Dominus Iesus» (El Señor Jesús) y en él trataba sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesús.



En ese texto el Santo Papa subrayó algo que en nuestro tiempo a muchos — a veces incluso católicos — les cuesta afirmar: que solo somos salvados por Jesús. Esa afirmación resulta muy incómoda en un tiempo como el nuestro, donde se prefiere decir que toda verdad es relativa, y que nadie puede pretender «poseer» la verdad. A muchos hasta les resulta soberbio decir que uno está en la verdad y otros no, y he conocido muchos católicos que se avergüenzan un poco de sostener que su fe es la verdadera.



La verdad y la Salvación

El video resulta interesante para conversar sobre esto, y quizás para recordar algunos puntos que pueden servir para un diálogo sobre la verdad y la salvación. Una cosa es la libertad religiosa… otra la verdad: Todos tenemos derecho a la libertad religiosa y a elegir nuestras creencias. Nadie puede exigirme creer en algo o en alguien en contra de mi voluntad, y yo debo respetar las creencias sinceras de los demás. Sin embargo, eso no significa que no me pueda equivocar en lo que elijo creer.

¿Acaso no todas creen estar en la verdad?

Me parecería lo más natural del mundo que toda persona afirme que su religión es la verdadera. Otro asunto es si tiene razón o no. Creo que en algún momento de su vida todo creyente — en cualquier religión — debería seriamente examinar sus creencias. La voz de una conciencia sana, y el uso humilde de la propia razón, pueden ser la mejor brújula hacia la verdad.

No todas las religiones pueden ser iguales, algunas tienen que acercarse más a la verdad sobre Dios. Entre una persona que cree sinceramente que un árbol es Dios, y otra que cree que Dios es el creador de todo lo existente, una tiene que estar más cerca de quién es Dios en realidad. No pueden estar conceptualmente ambos igualmente cerca de Dios. Yo ciertamente quiero estar del lado que se acerque más a quién es Dios en realidad, y me imagino que todos quisieran lo mismo.

Jesús hace una afirmación que nadie hace

A diferencia de cualquier otro líder religioso, o fundador de religión, Jesús hace una afirmación que nadie más hace. Él se coloca como centro de la vida y la religión: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida». No indica un camino, no señala una senda, ni se pone como un buen ejemplo. Sencillamente Él es.

¿Tiene autoridad para ponerse en el centro? Si fuese una persona como cualquiera, ciertamente no la tendría. Como decía C.S. Lewis, frente a Jesús tenemos tres alternativas: o es un loco, o es alguien que nos quiere engañar, o dice la verdad. Curiosamente Jesús mismo decía que si no creemos sus palabras, al menos creamos en sus obras (Jn 14,11). Sus milagros, y sobre todo su Resurrección, son el testimonio de que habla con la verdad, y que es Dios.

¿Cómo sé que Jesús dice la verdad?

Porque sus obras dan testimonio de que lo que dice es verdad. Al final, se llega a un punto muy interesante: ¿Puedo confiar en lo que los Evangelios dicen de Jesús? Si puedo confiar en esos relatos — y hay muchísimas razones de peso para confiar en que dicen la verdad — entonces la figura de Jesús se alza sobre cualquier otro personaje de la historia, y me lleva a encontrarme con el Hijo de Dios, el mismo que me salvó.

Llegamos así al punto que los primeros discípulos subrayaron tanto: que Jesús resucitó de entre los muertos. ¿Da lo mismo cualquier religión? Si Jesús resucitó… claramente no, y podemos estar seguros de que Él es la verdad, sin miedo o temor a afirmarlo. Lo afirmamos, además, no para creernos superiores — ciertamente no lo somos y a veces hasta parecería todo lo contrario — sino con la sencillez y humildad de quien se quiere poner al servicio de Dios.