Cuántas veces nos hemos conmovido por el dolor o la necesidad ajena, pero no hemos podido hacer nada. ¿Por miedo?, ¿porque tal vez otros se encargan de ayudar?, ¿porque no me atrevo a salir de mi zona de confort? A diario vemos personas en la calle, sin hogar, sin más abrigo que un cartón o un periódico. Vemos familias enteras trabajando en los semáforos, personas enfermas a las que no les ha quedado más remedio que pedir limosna. Pero nos quedamos en el sentimiento de lástima, en el «Dios mío, ojalá alguien los ayude».

Este es un hermoso video que nos recuerda que para ayudar a los demás solo hacen falta las ganas. La historia que podrán ver a continuación puede motivarnos tal vez, a entregarnos más, a darnos al otro desinteresadamente. A pensarlo dos veces cuando veamos a alguien sin hogar, sustento o comida.



Tú también podrías estar en su lugar

No poder ayudar a los demás no nos convierte en malas personas. Y tampoco quiere decir que nunca podamos llegar a hacerlo. El deseo de ayudar a otros está presente en nuestro corazón desde que somos niños, tal como lo demuestra la protagonista de nuestro video. Cuando somos pequeños nos creemos capaces de hacer mil cosas,  vemos todo fácil, pero cuando crecemos nos damos cuenta que la vida no es tan sencilla como parece.



No dejemos que ese deseo y esa posibilidad de verlo todo realizado se esfume al hacernos mayores. Pensemos por un instante que hoy tenemos muchas cosas por las que podemos estar agradecidos, mientras que otras personas se hunden en la tristeza, la necesidad o el abandono. Ayudar no solo significa tener dinero para crear una fundación, un hogar de paso o un hospital. Ayudar también significa ofrecernos como voluntarios, llamar a quien no hemos escuchado en meses, acompañar al que se encuentra solo. Invitar a salir a ese amigo que sufre de depresión.

Si el deseo de ayudar y servir a otros ha estado rondando en tu cabeza por este tiempo. No lo dudes, habla con tus amigos o familiares. Con alguien de tu colegio, universidad o trabajo, indaga, investiga y ofrécete para ayudar en lo que sea. Siempre se necesitan manos y corazones dispuestos a ayudar.