Este comercial que acaba de lanzar Apple, titulado «Compartiendo demasiado» me parece genial. Creo que podemos utilizarlo en distintas conversaciones: sobre sexualidad, sobre lo público y lo privado, sobre la intimidad, en fin.

Me alegra y me emociona de sobremanera encontrar estas perlas contemporáneas que de una manera divertida, exagerada y sin intención, nos permiten entender verdades innegables del ser humano.

Si bien el comercial habla específicamente sobre el cuidado de la información en redes sociales y el cuidado de datos en el uso de la tecnología, creo que el tema puede abarcar áreas más profundas de nuestra vida.

Hablemos del pudor

¿Qué es «compartir demasiado»? Esta tendencia «liberal», entendida como una tendencia que se aleja de los modelos tradicionales (generalizados como modelos rigurosos), irónicamente resulta en sí misma censuradora para hablar de conceptos tan valiosos como lo son el pudor y la intimidad.

Por un lado nos anima a probar de todo, a vestirnos y desvestirnos como nos dé la gana y decir o compartir la primera opinión que cruce por nuestra cabeza sin reparo o reflexión.

Sin duda, podría decir que el pudor es la primera arma de defensa que tiene un ser humano, incluso un niño pequeño, para defenderse contra cualquier vulneración de su intimidad.

El pudor es esa reserva, ese querer guardar algo que es solo mío y tiene que ver con quién soy. Y solo yo tengo la potestad, la capacidad, de decidir a quién dejo entrar en ese espacio o no.

Nadie puede forzarme a exponer mi intimidad

Nadie, mucho menos las modas o los medios de comunicación pueden dictar o forzar a que exponga mi intimidad sin mi consentimiento. Para esto se requiere entender primero lo que es la intimidad, conocimiento personal y por supuesto cultivar la prudencia y el pudor.

El pudor en un primer acercamiento se entiende o se relaciona con el cuerpo. Lo asociamos con esa acción que lleva a cubrir mi cuerpo desnudo. De ahí que llamamos «pudorosas» a las personas que se cubren en demasía y tienen escrúpulo en mostrar cualquier parte de su cuerpo. Y en el lado extremo están aquellas que no tienen reparo en mostrarlo todo, conocidas como «impúdicas» (sin pudor).

El pudor tiene un sentido mucho más amplio que cubrir o no mi cuerpo, como vemos en este divertido comercial. Incluso podríamos decir que el pudor también tiene que ver con la prudencia. Prudencia, en cuanto a distinguir qué es lo que debo hacer de acuerdo a la situación en la que me encuentro.

Y entonces, ¿qué es la intimidad?

No es prudente, ni pudoroso, ir compartiendo con cualquiera (o con miles de personas), los aspectos más escondidos de mi vida personal, y con esto no me refiero a mi cuerpo nada más. No es simplemente que «hay cosas que no deben compartirse». Hay cosas que si las comparto me expongo y me pongo en riesgo, y me hago vulnerable frente a los demás. 

El mostrarse vulnerable con los más cercanos y en quienes confiamos es algo positivo y parte fundamental del construir vínculos, ya sean vínculos familiares, de amistad, de pareja. Pero mostrar mi vulnerabilidad es una decisión personal y privada.

Exponer mi vulnerabilidad en público e indiscriminadamente es simplemente colocarse en una posición de peligro. Además no es una decisión muy inteligente que digamos. Sobre este aspecto hemos visto mucho y conocemos innumerables casos en redes sociales, pero no solamente ahí.

Cuando las redes no existían, el hablar de más o el mostrar de más con quien no se debe. O incluso el proceder imprudentemente, exponiendo mi existencia sin reparo como si no valiera o no importara, siempre ha traído consecuencias.

La importancia de cultivar el pudor

Cultivar o educar el pudor, que es algo distinto a la vergüenza (este es tema para otro post), es positivo siempre. No se trata simplemente de ocultar el cuerpo o vestirse de manera recatada o cuidar escrupulosamente lo que se dice o se comparte (en redes sociales o en cualquier lado). Se trata de entender el ámbito de mi intimidad y su dimensión personal y mi libertad frente a ella.

Que este simpático comercial nos recuerde que efectivamente, hay cosas que simplemente no se comparten.

«El pudor no es una represión, sino todo lo contrario, puesto que se valora lo más sagrado que hay en la persona, que está presente en su cuerpo y en la armonía del mismo» (Papa Francisco).