Las apariciones de la Virgen María en Fátima, Portugal, son sin duda una fuente de esperanza, fe y conversión para la Iglesia. El que estas sean contemporáneas, que los videntes (en especial una) hayan podido dejar registro escrito y oral de lo sucedido y que las visiones finalicen con miles de testigos viendo un prodigio con sus propios ojos, hacen que la historia pase a ser algo mucho más grande que una leyenda propia del folklore popular de un país y obligan a que todo el mundo gire la mirada y los corazones hacia aquella manifestación de la Virgen.

Y tan grande ha sido la historia, que hoy, que celebramos los 100 años de estas apariciones, la Iglesia se vuelve a alegrar por el amor que ha expresado nuestra Madre María a nosotros, sus hijos. Signo de esto y testimonio de la veracidad de los hechos, es que volvemos a recordar los sucedido, volvemos a asombrarnos por tal prodigio, e incluso el Papa Francisco visita Fátima demostrando a la Iglesia universal el gran amor a María y lo grande que fue su aparición a esos humildes pastorcitos.

Seguro para para guión de película y aunque da para entrar en la categoría de ciencia ficción, la verdad es que sería una de esas “basadas en hechos reales”. De esos hechos reales que, asombrosos y sobrenaturales, hacen dudar a los escépticos, es que queremos referirnos. No porque sean para fomentar el morbo y las especulaciones de alucinación colectiva, sino porque son tan grandes y misteriosos, que los católicos lo único que podemos hacer frente a ellos es contemplar con fe, agradecer que nuestro Dios se sigue manifestando grandiosamente aun en nuestros Dios y que tenemos una madre que nos ama y nos visita pues está preocupada de sus hijos.


El artículo continua después de la publicidad:

Son tantos los documentos, relatos y notas informativas sobre el suceso, que hemos querido mirar un poco más allá, para contemplar aquellas cosas que probablemente, dentro de la asombrosa historia, pasan un poco más desapercibidas, pero que son igualmente asombrosas y que nos hablan del gran amor del Señor y de nuestra Madre María, expresados en esta aparición que cambió al mundo.


Publicidad: