ansiedad y depresión

Descubrí la canción No One Knows de Samantha Ebert y me transportó a una etapa de mi vida en la que la ansiedad y la depresión tocaron mi puerta. La letra refleja lo que significa vivir con estas condiciones y cómo Jesús, mejor que nadie, sabe comprendernos y sostenernos en medio del dolor.

En esa época, la ansiedad dominaba gran parte de mis días. Poco a poco, se transformó en una depresión leve. Vivía en un ciclo agotador: dormía poco por la taquicardia, rendía poco en el trabajo y eso me generaba aún más ansiedad.

Al final, entendí que no podía seguir cargando todo sola: abrí mi corazón a Dios y busqué ayuda profesional. Le pedí a Jesús que me ayudara a cargar esa cruz que tanto me costaba entender, y descubrí que Él era quien mejor podía sostenerme.

Un pequeño disclaimer: A continuación no me referiré a los aspectos clínicos ni terapéuticos necesarios para tratar la ansiedad y depresión. Esto no quiere decir que sean prescindibles o que la oración sola pueda sanar a quien atraviesa una crisis de este tipo. En este artículo, quiero dar a entender que, de manera paralela al acompañamiento profesional (psicológica o psiquiátrica), hay una ayuda espiritual que no podemos subestimar.

Lo que nadie te dice sobre la ansiedad y la depresión

Hoy en día, la ansiedad y la depresión son más comunes de lo que imaginamos, especialmente en el ámbito laboral. No es una moda: es el reflejo de nuestras heridas sin sanar.

Estas condiciones no son la herida en sí, sino un síntoma de ellas. Por eso, es clave trabajar en nuestra sanación emocional de la mano de Jesús.

Él conoce el sufrimiento como nadie. Fue rechazado, traicionado, herido y maltratado hasta la muerte. Nadie como Él puede comprender lo que sentimos y darnos alivio, paciencia y esperanza en medio del proceso de sanación.

«Te ves bien»

«They say, “You look well”, but there’s a war in my mind»

(«Los demás dicen “Te ves bien”, pero hay una guerra en mi mente»)

Si tienes a alguien cercano que vive con ansiedad o depresión, sé amoroso, paciente y empático. Muchas veces, las personas solo necesitan ser escuchadas y sentirse respaldadas por sus seres queridos.

Frases como «no te estreses» o «no tienes motivos para estar triste» no ayudan, porque no se trata de lógica, sino de procesos internos y físicos que son difíciles de controlar. Lo que más necesitamos en esos momentos es empatía, oración y compañía.

«Nadie conoce el sufrimiento mejor que Tú»

«When I feel like no one knows what I go through
But no one knows suffering better than You»

(«Cuando siento que nadie sabe por lo que estoy pasando,
Nadie conoce el sufrimiento mejor que Tú»)

Esta parte de la canción me recordó cómo, en mis momentos más duros, encontré consuelo en la oración. Pasar tiempo frente al Santísimo me dio paz y fortaleza, junto con la ayuda profesional. También descubrí el poder del rosario: en medio de mis taquicardias, al rezarlo, mi corazón se calmaba.

Te invito a que hagas lo mismo: abre tu corazón ante Jesús en el Santísimo y entrégale lo que sientes. Puedes orar así:


Jesús mío, hoy estoy sintiendo esta ansiedad o depresión. Sé que es el síntoma de una herida, y quiero entregártela para que la sanes y transformes. Dame paciencia para sobrellevar este proceso en paz, de Tu mano

Y a María:

Mamá María, enséñame a besar esta herida, a no hacerme más daño con ella y a entregarle a tu Hijo aquello que no depende de mí. Amén.


Quiero recordarte algo muy importante: ¡no estás solo! Jesús y María nunca nos dejan. Y si conoces a alguien que esté atravesando esto, acompáñalo con paciencia y amor. Ellos necesitan sentir que no caminan solos.

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