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Sabemos que Dios nos quiere felices, plenos, llenos de su Espíritu, abandonados a su voluntad. Y es por esa razón que permitió que su hijo sufriera tanto, muriera en la cruz y resucitara. ¡Todo por y para nosotros!

La muerte y resurrección de Jesús tiene que marcas un cambio para con nuestra realidad particular, social y comunitaria. Cambiante para con nuestra vida. ¿Realmente somos conscientes de lo que significa resucitar? 

«Ser testigo de Cristo es ser “testigo de su resurrección” (Hch 1, 22; cf. 4, 33), “haber comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos” (Hch 10, 41).


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La esperanza cristiana en la resurrección está totalmente marcada por los encuentros con Cristo resucitado. Nosotros resucitaremos como Él, con Él, por Él» (Catecismo De la Iglesia punto 995).

Y para comprenderlo mejor, te compartimos una animación hermosa titulada «He Is Risen».

Testigos de Cristo por su resurrección

Cristo mediante su muerte venció a la muerte, abriendo así a todos los hombres y mujeres la posibilidad de salvación. El ser testigos de su muerte y resurrección nos da una responsabilidad enorme y hermosa: ser sus apóstoles.

Cuando logremos comprender que si ninguno de nosotros testimonia lo hecho por Jesús, nadie lo hará, es cuando muchas personas más lo conocerán. Hay que intentar ver la Resurrección con esta perspectiva, ya que no podemos callar lo que hemos visto y oído.

Comer y beber con él

Dios es tan grande y tan bueno que nos permite ser partícipes de su vida divina mediante Jesús. ¡Qué fuerte suena! Pero así lo quiso, porque no es un Dios egoísta, soberbio, que se guarda las cosas para sí, sino que comparte, regala, y nos da lo más importante que tiene: su propio hijo.

Además de que resucita y nos regala esta nueva vida y una nueva forma de ver y concebir al mundo terrenal, se queda. Jesús no huye jamás, y realmente ha transformado nuestra existencia.

La Pascua de Resurrección es el centro de nuestra fe

A veces podemos llegar a acostumbrarnos a celebrar la Pascua como una fiesta más… y no lo es. La Pascua de Resurrección es el centro de nuestra fe, y como cristianos tenemos que ordenar nuestra vida hacia este gran misterio para nuestra santificación y la de los demás. 

El impacto de Dios en nuestra vida luego de la resurrección es muy fuerte, radical, lo cambia todo por completo. Nada más lindo que sabernos amados, saber que nos acompaña, nos escucha, nos espera.

Es cierta esta afirmación: «Si hemos muerto con él, también viviremos con él» (2 Tm 2, 11). La novedad esencial de la muerte cristiana está ahí: por el bautismo, el cristiano está ya sacramentalmente muerto con Cristo, para vivir una vida nueva.  

Resucitar con él, como él y para él

Resucitar con Jesús significa dejar todo lo malo y negativo atrás e intentar mejorar. Resucitar con Cristo es dar vuelta a la hoja, es convertirse en instrumento de Dios, en pincel de la obra más maravillosa: La Creación.

Cuántas veces nos olvidamos de este hecho y como mencionamos anteriormente, lo tomamos como uno más dentro de nuestro calendario litúrgico.

¡Tenemos que despertarnos! Porque si la Resurrección no nos mueve, muy probablemente nada lo haga.

Jesus sufrió, fue condenado injustamente y murió a causa nuestra. Lo que podemos hacer en respuesta a este gran hecho es intentar resucitar con él y testimoniar lo vivido.

No sirve llenarse la boca y mostrarse como un «buen cristiano», si durante la Pascua no hago silencio para escuchar la voz de Dios. Lo que más quiere Jesús es que lo acompañemos, y no estoy diciendo que sea fácil, porque para nada.

Cuesta y mucho. Es un trabajo que necesita confianza, paciencia, constancia y mucha fe. Creer no significa ver, no significa sentir todo el tiempo, todo lo contrario.

Creer es poder decir que Dios existe y es nuestro Salvador sin verlo, sin oírlo, sin incluso muchas veces, percibirlo.

Jóvenes despiertos

De joven a joven: es hora de que despiertes. Es hora de no tener miedo. Parece fácil decirlo, ¿no es cierto?, ¿cómo lo logramos entonces, cómo resucitamos con Él?

Buscando a Jesús en el corazón, de a poco, con paciencia, intentando priorizar la interioridad y el diálogo. Porque es allí donde encontrarás respuesta, es allí donde habla, obra y resuena.

No está lejos de ti, está dentro tuyo. En este tiempo pascual, con condiciones mundiales difíciles de atravesar, busca el silencio. Es en este momento donde recobraras todas tus fuerzas para la acción, ¡y podrás decir que verdaderamente has resucitado con Cristo! 

«Sepultados con él en el Bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que le resucitó de entre los muertos […] Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios» (Col 2, 12; 3, 1).

Artículo elaborado por Camila Sirolli.

La resurrección: ¿cuál es su verdadero significado?