amor y matrimonio

Amar es la vocación de todos nosotros. Fuimos seres creados por amor y destinados al amor; en eso radica nuestra vocación y misión. Debemos amar como aquel Dios de bondad y amor que nos amó primero a nosotros. Vivir este amor, es decir, vivir amando, es una realidad hermosa. Todos estamos llamados al amor: primero a Dios, luego a nosotros mismos y, finalmente, a nuestro prójimo, incluyendo padres, hermanos, amigos, novio, novia, esposa y esposo, en el matrimonio.

Por otro lado, la vocación es el camino que cada uno elige para llegar a Dios. Es un camino de amor, la forma en que daremos gloria a Dios con nuestra vida, una auténtica escuela y un hermoso sendero de amor. Todos tenemos una vocación, cada uno llamado de manera única a dar Gloria a Dios según el camino de vocación que elijamos.

La vocación es un regalo

Cuando hablo de vocación y amor, mi corazón se estremece al pensar en mi vocación como un regalo. Descubrir que Dios me ha llamado a amarlo a través del matrimonio me llena de paz y un indescriptible gozo. Saber que he sido llamado a servirlo a través de una familia es un regalo que anhelo formar en el tiempo del Señor.

Hoy se presenta la oportunidad de hablar de esta vocación tan hermosa: la vocación al matrimonio, un camino de amor que permite a hombres y mujeres, unidos bajo el sacro vínculo del matrimonio, formar una familia, constituir una pequeña Iglesia doméstica y así dar gloria y alabanza a Dios. Aunque el matrimonio es atacado en la actualidad, es una realidad hermosa.

Sabadell, un banco español, lanza una campaña publicitaria para promocionar la apertura de cuentas en línea. Uno de sus videos alude a una pareja que está por casarse, donde la novia le dice al novio que ella no está dispuesta a pasar toda la vida junto a él. Este breve video nos lleva a la reflexión y plantea muchas preguntas.

Hoy quiero que descubramos juntos la grandeza del matrimonio y meditemos que, aunque el mundo diga lo contrario, ¡sí, es posible vivir un amor para siempre!

Quiero aclarar que esto no constituye una crítica ni un juzgamiento. Alguien podría pensar y exclamar: «No estás casado, no sabes de lo que hablas». Lo que queremos recordar siempre es que la medida del amor es amar sin medida y que Dios es capaz de hacer nuevo todo. Si tu matrimonio está pasando por una crisis, aférrate al amor de Dios y al amor de tu cónyuge para que sea la gracia del Señor lo que siempre los sostenga.

El amor no se agota, el amor es eterno

Una de las razones más comunes que las parejas alegan al separarse es que «el amor se agota». Aquí debemos recordar que cuando el amor viene de Dios, no se extingue; más bien, se renueva y se refresca en la novedad y grandeza del amor divino. Son tres los que se casan: el esposo, la esposa y Dios en el centro de esa alianza de amor.

Invitar a Dios a tu hogar no significa que no habrá problemas ni dificultades. Sin embargo, garantiza que, aun en medio de la tormenta, la mano poderosa de aquel que te ha amado hasta el extremo te cobijará a ti y asistirá a tu familia.

Por ello, es importante que el matrimonio ore juntos, pidiendo las gracias necesarias para su familia. La oración es esencial para que los esposos, al contemplarse, vean la maravilla del amor de Dios reflejada en su cónyuge.

Puede resultar graciosa la campaña a la que hacemos mención, pero ahí está una de las mayores crisis que afectan hoy al matrimonio. Los esposos no creen que pueden amar para siempre, y la pareja con miedo se aventura a algo que creen se acabará en cualquier momento. Recuerda que cuando es de Dios, el amor no se extingue; crece, se renueva, ama y acompaña hasta la eternidad.

Matrimonios, vivan la novedad del amor día a día

Amar es la manera más intensa de vivir, un arte hermoso, un trabajo meticuloso, como enseña el Papa Francisco. El amor conyugal es semejante al trabajo de un artesano, que se debe trabajar día a día, moldear con paciencia, detalle, esmero y dedicación. La misión de amar y cuidar al cónyuge no es temporal, sino para toda la vida. La alegría de amar se experimenta todos los días de la vida.

Oren, porque en la oración encontrarán descanso y refugio. Vivan su amor intensamente, conversen, tengan momentos de calidad donde ambos corazones se desahoguen. Comuniquen sus miedos y necesidades para que el otro pueda trabajar en ayudarles.

Recuerden que la nave del matrimonio es una en la que reman dos, no uno solo. Ambos están llamados a cultivar y cuidar los frutos del amor.

En un pequeño detalle, en una palabra de amor, en un mensaje de apoyo, en un acto de servicio, encontrarán la manera de alimentar la llama del amor. No es necesario tener detalles ostentosos, sino grandes en amor. Contemplen juntos un atardecer, den una caminata, tomen juntos un café; estos pequeños actos seguramente ayudarán a que esa llama que Dios encendió se mantenga viva y sea capaz de iluminar este mundo indiferente.

Un mensaje para quienes que anhelamos vivir la vocación al amor en el matrimonio

No tengamos miedo del amor eterno. No prestemos atención a las voces que intentan reducir la grandeza del matrimonio. No temamos amar, ni dejemos que nada ni nadie deforme el anhelo de nuestro corazón de formar un hogar donde Dios sea quien habite y reine.

Es posible amar para siempre, aunque te digan lo contrario; es posible que alguien custodie para siempre el tesoro de tu corazón. Es posible agradar a Dios tomado de la mano con la persona que el Señor ha pensado para ti.

La devoción a la Virgen es ideal para aprender a amar. Recen el Rosario en pareja, visiten un santuario mariano, hagan juntos novenas y permitan que la Reina de amor esté paso a paso junto a ustedes, para que el noviazgo sea una hermosa escuela que los prepare a amar para siempre.