Me encanta este tipo de publicidad, donde se revela la relación entre padres e hijos de una forma clara, sin vueltas. En este caso, es un padre súper exigente que ayuda a su hijo a dar lo mejor de sí mismo.

Muchas veces, ese «amor duro» de papá que nos vuelve locos durante la adolescencia, después, cuando nos toca ser padres, lo entendemos. Le agradecemos a papá que haya sido tan duro con nosotros, porque eso nos hizo ser mejores personas.

Si hablamos del amor de mamá sabemos que es importante, y es tan importante como el amor de papá. Mejor dicho: ambos amores son importantísimos en la conformación psicológica del infante.

Pero hay algo que está claro: el amor de papá es distinto, muy distinto del de mamá, precisamente para servir de balance al amor profundo e incondicional de mamá.

¿Y cómo funciona este balance?

El padre, al no tener una vinculación biológica tan fuerte como la que tiene mamá, es padre «por decisión». «Decide» aceptar al hijo, y esta decisión, que está atada a su voluntad será más fuerte en tanto ame a la madre de sus hijos.

Podríamos decir que el amor de papá está en función del amor a su esposa primero, y a través de este amor, el amor a sus hijos. Cuanto más fuerte sea la vinculación entre los esposos, los hijos se verán más beneficiados por el amor de ambos padres entre sí.

Ahora te cuento cuáles son las características del amor del padre varón, y para que veas cómo funciona este balance, te recomiendo leer mi artículo sobre el amor maternal.

El amor de papá y mamá es distinto

Como vimos, el amor paternal depende más de una decisión voluntaria del padre, y por esta característica tendrá unos elementos muy diferentes al amor maternal.

Diferentes no quiere decir necesariamente opuestas, sino que podría acercarse a la noción de complementariedad. El amor de papá y el amor de mamá son necesarios para la salud psicoafectiva del niño.

Exige y alienta

El amor de padre, como vimos, es un amor exigente. No quiere decir que vaya a estar atado exclusivamente a los resultados que el niño obtenga, pero sí una parte importante del amor de padre va a verse retroalimentado por los logros y cumplimientos de su hijo.

El amor de padre alienta al niño a superarse a sí mismo, y a regular sus propios comportamientos para agradar al padre. Es un amor que tiene una mirada vigilante sobre el niño, pero esa mirada vigilante está siempre teñida de confianza, y afianza al niño en su seguridad, en su capacidad de superarse a sí mismo para dar lo mejor de sí.

El amor de mi padre y el de Dios

El amor de padre, este amor exigente y «duro» nos recuerda un poco también al amor de Nuestro Padre que está en el cielo. No por nada Nuestro Señor, cuando quiso mostrar cómo nos ama Dios, lo llamó «Padre Nuestro». Y a veces tenemos esa sensación de que Dios nos «tortura» o nos «persigue», porque su amor es duro.

Cuentan que santa Teresa estaba juntando flores para el altar cuando se cayó y se torció un tobillo. Se le apareció Nuestro Señor y ella le recriminó lo que había pasado, y Jesús le contestó: «Así trato a mis amigos». A lo que la genial santa le contestó: «Con razón tienes tan pocos».

A veces nos parece que Dios nos trata «mal» francamente. Pero nosotros vemos el momento presente, como el adolescente de esta publicidad, mientras que Dios ve el todo, como este hijo cuando crece y puede agradecerle a su padre que haya sido tan «duro» en su amor.

«Todo concurre para el bien de los que aman a Dios»

Y cuando en lugar de lamentarnos por las cosas que nosotros vemos como negativas comenzamos a pensar qué es lo que me quiere enseñar Dios siendo «tan duro» conmigo, entonces nuestra relación con Nuestro Padre del cielo se revoluciona. 

La próxima vez que Dios te ponga a prueba, que te exija más allá de lo que crees que puedes soportar, no preguntes «¿por qué?», pregúntale en oración humilde y sincera: ¿Qué quieres lograr con esta prueba, Señor? ¿Cómo esta dificultad me llevará a amarte más profundamente?

Y te sorprenderás de las respuestas, porque los planes de Dios, que es un papá, son siempre mejores para nosotros. Para vivir siempre unidos a Él en una felicidad eterna.