«The cord» es uno de esos cortometrajes que fueron creados para dejarnos reflexionando por un largo tiempo. En mi caso, desde que lo vi, no he podido sacar algunas imágenes y pensamientos de mi mente, por eso decidí escribir sobre él.

El director ucraniano Aleksandr Bubnov ha ganado varios premios con este corto de seis minutos llenos de contenido. La historia trata sobre un amor maternal que empieza con buenas intenciones de protección y cuidado, pero termina convirtiéndose en un amor tóxico que arruina la vida de ambos. 

La crianza que recibimos y el impacto que tiene

Ser conscientes de cómo nuestras relaciones familiares y sus interacciones nos marcan, puede ayudarnos a entender muchos de nuestros comportamientos en la vida adulta.

Según la Asociación Americana de Psicología, existen 4 estilos de crianza que influyen ampliamente en la personalidad. Si vemos las características de la crianza de la mamá de este cortometraje, el estilo se asemeja más al autoritario. En el que los padres son inflexibles, exigentes y usan el castigo para controlar. Lo que resulta en hijos temerosos, infelices, irritables y frustrados. 

Ciertamente, proteger a los hijos, darles afecto y seguridad es necesario y hasta instintivo. Pero cuando esa protección es exagerada y se fundamenta en nuestros propios miedos es dañino e incluso anti cristiano, porque le estamos privando a la persona de la libertad con la que Dios la ha creado. 

La importancia de respetar y educar en libertad

Es verdad que la mamá del video tiene una historia personal difícil, con sus propias fragilidades y conflictos que no podríamos juzgar. ¿Pero quién no los tiene?

Esta mujer, al igual que todos los padres y madres es imperfecta. Pero si en la crianza, el amor no va a acompañado de un esfuerzo por dejar a los hijos ser libres para tomar sus decisiones y aprender de sus propias caídas, los resultados serán desastrosos para toda la familia.

¿Y por qué? Porque esa relación de dependencia que generan con sus hijos también los termina afectando como padres y les quita sus aspiraciones propias, que son igual de importantes. 

Con cuánta frecuencia, los adultos nos quedamos enmarcados en el espacio insignificante que podemos controlar, y además buscamos meter a nuestra familia en el mismo saco para nuestra aparente tranquilidad. A la larga, esas actitudes son una olla a presión que va a explotar, porque todos fuimos creados para la libertad. 

Nuestra relación con Dios

Algo en lo que me ha hecho pensar este corto, es que muchas veces adaptamos estos comportamientos tóxicos a nuestra relación con Dios.

Seguramente sin malas intenciones, porque nos cuesta separar la realidad de nuestras relaciones humanas de nuestra relación con el Señor, o se nos dificulta entender en qué consiste la libertad que Él nos da, y sobretodo comprender esa pedagogía divina basada puramente en el amor y la misericordia. 

Es inevitable no relacionar este corto con la historia del hijo pródigo, un hijo que decide irse y tiene comportamientos equivocados que le hacen mucho daño. Pero finalmente, decide regresar a casa y su padre lo recibe con los brazos abiertos, haciendo una fiesta para él.

¿Por qué será que nos cuesta entender que Dios es así con nosotros? Y la mayoría de veces, reaccionamos como el hijo mayor de la parábola, juzgamos al que se equivoca, somos egoístas con los demás y le reclamamos al padre por no reconocer nuestras buenas acciones. 

Así como Dios nos hace libres y responsables de nuestras propias acciones, cooperando con su gracia en nuestras vidas, pero sin imponerse. Así, los padres que eduquen a sus hijos en el amor, la libertad y la responsabilidad, les regalan una vida más sana, tranquila y feliz, pero además contribuyen ampliamente a la construcción de una mejor sociedad.

«La familia es base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida» —San Juan Pablo II.