Estoy casado con la mujer menos celosa del mundo. Podemos ir caminando por la calle y en lugar de lanzar la pregunta cazabobos (caza maridos bobos) «¿Es esa mujer más hermosa que yo?», es capaz de decirme: «¡Mira que hermosa mujer!», para inmediatamente seguir hablando del tema que nos ocupaba antes.

Por estar casado con la mujer menos celosa del mundo, hay muchas cosas que en nuestra relación se dieron siempre naturalmente, y sin necesidad de llegar a un acuerdo sobre «comportamientos inadecuados». No porque yo sea especialmente virtuoso ni porque se haya negociado, sino porque las cosas se dieron siempre así, y tal vez nunca hizo falta acordar un determinado tipo de comportamiento.



El video de hoy es de una pareja de esposos, Jackie y Bobby, quienes hablan franca y honestamente sobre un tema que no es tan sencillo para otras parejas de esposos. Jackie y Bobby tienen un canal de Youtube en «Ascencion Presents», y además tienen su propio sitio web muy completo sobre el matrimonio y la familia desde una perspectiva católica.



Las amistades del otro sexo

Tengo muchas amigas mujeres. Hermosas y talentosas mujeres, algunas más grandes que nosotros y algunas más jóvenes. A raíz de nuestro apostolado, muchas veces me tocó estar muy lejos de casa, trabajando en conjunto con estas mujeres talentosas y hermosas. Y cuando le contaba a mi esposa las reuniones y las actividades que realizábamos, jamás me cuestionó ni me preguntó nada que pusiera una sombra de duda sobre mi comportamiento.

Claro, aquí aparece una cuestión clave: mi esposa confía en mí. ¿Hice yo algo especial para que ella confiara en mí? ¡No! Sencillamente me otorgó su confianza, y la mantiene. En esta relación, en realidad, el único que no confía en mí soy yo. ¿Qué quiere decir que no confío en mí? Que me cuido muy mucho de traicionar la confianza que mi esposa depositó en mí.

¿Hay que establecer reglas?

El tema de tener amistades del otro sexo tiene muchas aristas peligrosas. ¿A qué llamamos exactamente amigos?, ¿qué significa el matrimonio?, ¿Dónde quedan las amistades del otro sexo una vez que nos casamos? ¡Pero si ella es como una hermana para mí! ¡Pero si jamás se me ocurrió verlo como algo más! Muchas preguntas y justificaciones surgen cuando tenemos que «reorganizar» nuestras amistades una vez que nos casamos.

Y allí está una primera clave que nos enseñan Jackie y Bobby: una vez casados, nuestras amistades tienen que «resignificarse». No quiere decir que tengan que desaparecer ni perderlas, pero, naturalmente, nuestro corazón pertenece por entero a nuestro cónyuge y por lo tanto tendremos que poner las cosas en su lugar.

Un punto de vista sano

Me parece muy sano el modo en el que lo encara este matrimonio. Cuando preparo mis conferencias, muchas veces leo a autores protestantes, y generalmente son algo puritanos para hablar sobre este tema. Es conocidísima la «regla de Billy Graham» para su trato con el otro sexo de «no estar nunca a solas con una mujer». Es una regla pero eso no sucede con estos divulgadores católicos: la noción de castidad que tienen no es represiva, sino que es la visión de Juan Pablo II en la teología del cuerpo. Por lo tanto sus consejos son realistas y centrados en lo que realmente sucede con hombres y mujeres cuando interactúan socialmente.

No es tanto la amistad que tengas con tu hermano o hermana, sino el amor que sientas por tu esposo o esposa. Y de allí surgen espontáneamente muchas cosas que ellos enumeran (algo desordenadamente) y que voy a tratar de resumir en algunos puntos sencillos.

1. Haz de tu relación tu prioridad absoluta

No se trata de dejar a los amigos. Pero siempre tu cónyuge tiene que ser prioritario. Si hay un partido de fútbol, y tu esposa tiene un resfriado, le haces un caldo de pollo y te quedas a su lado hasta que se recupere. Y tus amigos sabrán comprender. Lo mismo sucede con amigos del otro sexo. En cuanto les dices dos o tres veces que si vas a salir, saldrás con tu esposo o esposa, los límites quedan claros y nadie puede ofenderse. Como dice Jackie, refiriéndose a su marido: «este es mi mejor amigo».

2. Ten amistades compartidas con tu cónyuge

Como dije en el párrafo anterior. Si cada vez que vas a hacer un programa, invitas o incluyes a tu cónyuge, entonces todo queda claro. Pero mucho mejor si puedes lograr que tus amigos y amigas quieran a tu cónyuge, y del mismo modo, hacerte amigo de los esposos o esposas de tus amigos. De ese forma, cuando tengan que salir, será una salida grupal, sin malentendidos ni dificultades para nadie.

3. Cuida tus interacciones

Sin caer en el puritanismo, pero siempre es mejor restringir las expresiones de afecto con amigos del otro sexo. No solo cuando estés con tu cónyuge, sino siempre. Hay que saber que somos débiles, y por más que nosotros no tengamos segundas intenciones, tal vez el otro pueda malinterpretar nuestras afectividades y ponerse incómodo por algún exceso. Mejor dejar el afecto para la pareja, y los demás que se conviertan en espectadores de nuestro cariño.

4. Ten una conversación honesta al respecto

Si este tema puede provocar dificultades en tu pareja, es bueno que manifiestes tus inquietudes. Es lícito que tengan una conversación, pero hay que andar con cuidado, sin manifestar celos, sin manifestar desconfianza. Para ello, es bueno usar sentencias de tipo «yo». ¿Cómo funcionan las sentencias «yo»? En lugar de acusar a tu cónyuge por una sospecha, mucho mejor decir :«me haces sentir incómoda cuando tienes tanta familiaridad con tu amiga». Así, asumes que es un sentimiento tuyo, pero que te haría feliz si fuera un trato menos «cercano» con esa amiga o ese amigo. Y si tu esposo o esposa no cree que haya motivos de alarma, aclárale que no es porque desconfíes de él o ella, sino porque tú te sientes incómoda. (O incómodo)

5. Poner límites

No se trata aquí de ponerle límites a nuestro cónyuge. Eso se parece a los celos, y se parece también a la posesión o dominación del otro. Tenemos que saber ponernos límites nosotros mismos, para poder darle a nuestro cónyuge la tranquilidad que redunda de una conciencia tranquila. Si vemos que una conversación en el trabajo deriva a cuestiones no deseadas, entonces dejemos en claro que eso nos incomoda, o que no lo queremos hacer. Como Dice Bobby: «una infidelidad no sucede por casualidad, ni de pronto, sino después de haber pasado por encima muchos límites».

6. Buscar ayuda

Hay una cuestión que no dicen estos esposos, y que muchas veces puede ser una gran solución para no generar una discusión. Si este tema les preocupa y no encuentran el modo de decírselo, busquen ayuda con alguien imparcial. Un sacerdote, un orientador familiar, un psicólogo de confianza, para que les ayude a canalizar y dialogar con su pareja sin que se sienta acosado o celado. Muchas veces estas conversaciones se pueden poner un poco tirantes, y si tenemos dificultades para expresar nuestros sentimientos sin herir a nuestro cónyuge, entonces tenemos que buscar ayuda.

El matrimonio es lo mejor que vamos a hacer en la vida. Al único que le prometemos fidelidad, amor y respeto es a nuestro cónyuge, y solo a él se lo debemos con exclusividad. Por esto, este video nos puede ayudar también a revisar cómo somos en nuestra relación con los amigos cercanos, y buscar que nuestro cónyuge se sienta confiado y feliz al respecto.

El Papa Francisco dice en «Amoris Laetitia» que el matrimonio «es una unión que tiene todas las características de una buena amistad: búsqueda del bien del otro, reciprocidad, intimidad, ternura, estabilidad, y una semejanza entre los amigos que se va construyendo con la vida compartida, […] pero el matrimonio agrega a todo ello una exclusividad indisoluble, que se expresa en el proyecto estable de compartir y construir juntos toda la existencia». Cuidemos esa amistad desde el comienzo, y busquemos la santificación propia mediante el sacramento del matrimonio.