El valor de una amistad que sostiene

La campaña «Help!» de Santalucía me hizo sonreír, pero sobre todo me llevó a reflexionar sobre la importancia de la amistad verdadera. Como seres humanos, no estamos hechos para vivir aislados, sino para crecer en comunidad. Es en el encuentro con el otro donde también nos encontramos con Dios y con nosotros mismos, como lo plantea Amedeo Cencini en Amarás al Señor tu Dios: psicología del encuentro con Dios.

La amistad verdadera se prueba en todo momento

En el video se refleja cómo una amistad verdadera permanece tanto en los momentos felices como en los más difíciles. Un amigo real no solo celebra tus logros, sino que también se convierte en sostén cuando las fuerzas faltan.

Esto me recordó una experiencia personal. El año pasado viví una etapa muy dura tras la ruptura de mi compromiso de matrimonio. Aunque ya participaba en una comunidad de jóvenes en Bogotá, no me había abierto realmente a construir vínculos profundos.

Un día, en medio de esa dificultad, pregunté en el grupo si alguien conocía una capilla de adoración perpetua. Una persona me respondió: «No conozco una capilla, pero puedo orar por ti si lo necesitas». Ese gesto, aparentemente simple, fue profundamente significativo para mí.

Cuando Dios regala amistades en el momento justo

Decidí darme la oportunidad de conocer a esa persona. Salimos a conversar, y con el tiempo se convirtió en una amiga cercana, casi como una hermana. Hemos caminado juntas en distintas luchas espirituales, acompañándonos mutuamente. Tener a alguien que ore por ti cuando más lo necesitas no es algo menor: es un verdadero regalo.

A partir de ahí, dentro de la misma comunidad, Dios fue poniendo en mi vida más personas con las que construir una amistad verdadera. Son vínculos donde hay escucha, apoyo y oración. Relaciones que no juzgan, sino que levantan.

Caminar la fe acompañado

La vida de fe no es un camino fácil, y recorrerlo en soledad lo hace aún más difícil. Necesitamos personas que nos sostengan cuando estamos débiles y que nos ayuden a levantarnos cuando caemos. Pero también implica una responsabilidad: estar disponibles para los demás en sus momentos de necesidad.

Con algunas de estas amigas, incluso hemos desarrollado talleres para ayudar a otros a reconectar con Dios en lo cotidiano. Este apostolado compartido ha sido una experiencia profundamente enriquecedora.

La amistad verdadera es un regalo de Dios

Nunca le pedí explícitamente a Dios amigos para este camino, pero con el tiempo entendí que eran necesarios. Dios conoce lo que necesitamos incluso antes de que lo pidamos, y en su amor de Padre nos lo concede.

El amor de Dios muchas veces se hace tangible a través de las personas que pone en nuestra vida, especialmente mediante una amistad verdadera. Por eso, conviene no cerrarse a conocer a otros ni a tender la mano. No sabes si, en ese encuentro, Dios te está regalando un amigo… o te está llamando a serlo para alguien más.

Sobre mí y mi misión

Soy Laura Domínguez, fundadora del programa Solo el Amor Sana, un acompañamiento espiritual y emocional para quienes desean encontrar sentido, sanación y propósito de vida desde la fe. A través de espacios como este, busco ayudar a las personas a descubrir que, en Jesús, todas las heridas encuentran reparación y descanso.