amar en familia

Todos hemos sido creados con un propósito: amar, y nuestra plena felicidad está en amar y en dejarnos amar. Esta es la vocación plena que Dios ha infundido en nuestro corazón. Esto lo podemos evidenciar cuando nuestro corazón se llena de gozo al amar y ser amados, ya sea en nuestra familia, en nuestras relaciones románticas o por nuestros amigos.

En esto debe estar nuestra plenitud: primero, en sabernos amados por Dios, y en amar a nuestro prójimo con ese amor con el que el Señor nos ha amado. En el servir, en el darnos, en ser soporte, consuelo, compañía, es que hallaremos plenitud en el amor. Somos seres creados para la felicidad plena; somos seres creados para amar y para dejarnos amar.

Parte muy importante de la felicidad está en reconocer las innumerables bendiciones que Dios pone a nuestro alrededor, desde contemplar la grandeza de la creación, la majestuosidad de la obra de Dios, hasta ver las maravillosas personas que están junto a nosotros en este camino. Personas sin las cuales nuestra vida no sería igual.

¿Cómo podemos amar mejor a nuestra familia?

A manera de ejercicio, quiero que hagas una pausa en esta lectura y te tomes 30 segundos para analizar todo aquello que tienes para agradecerle a Dios: desde tu familia, tus amigos, el paisaje que tienes cerca de tu casa, tu flor favorita creciendo en tu jardín. Tómate este tiempo y piensa en todo lo que debes agradecer… ¿Listo? Ahora.

Ads Brands nos presenta un corto muy interesante, donde una pequeña niña, Lydia, es entrevistada y consultada sobre sus gustos, sus aficiones, sus anhelos, qué disfruta y qué piensa de su familia.

Un pequeño corto que me invitó a reflexionar, a través de los ojos de esta niña, cuán bendecidos somos. Y, como Jesús nos enseña, es necesario que seamos como niños.

Te invito a que juntos veamos qué podemos aprender de Lydia y su hermosa forma de ver la vida.

La belleza de la creación: cada detalle, un «te amo» de Dios

Es preciso que tomemos el cuidado de contemplar la belleza de la creación, y nos daremos cuenta de todo lo que tenemos por agradecer. Nuestra pequeña protagonista, en su corta edad, ve con asombro cada detalle a su alrededor; es dócil, se deja sorprender y se deja amar. Esta es la esencia de todo: tener la capacidad de dejarnos sorprender por todos los detalles de Dios para con nosotros.

En esto consiste la clave de la felicidad: cultivar la habilidad de dejarnos sorprender por los detalles de amor de Dios. Un paisaje, un ocaso, un ave cantando en tu ventana constituyen caricias del amor de Dios en nuestras vidas.

Dejarnos sorprender, admirar lo que hay a nuestro alrededor, es clave para vivir felices, para que, a pesar de las dificultades que se nos presenten, podamos admirar y hallar reconforto en todo lo que nos rodea.

Las personas a tu lado: caricia del cielo para tu alma

Un detalle que tocó mi corazón y me invitó a reflexionar: la pequeña protagonista veía como los puntos más relevantes de su vida a aquellas personas junto a ella: su familia, padres, hermanos y sus amigos, con quienes comparte el día a día y hacen que su vida sea particularmente muy especial.

¡Qué hermosa actitud frente a la vida! Y es que debemos tener muy claro: es poca cosa ir al cielo solos. Es nuestra misión luchar junto a nuestros seres amados por llegar al cielo juntos.

Mira junto a ti a tus padres, hermanos, sobrinos y verás que cada uno de ellos es una oda al amor de Dios para cada uno de nosotros. ¿Qué sería de nuestra vida sin nuestra familia, sin el soporte de nuestros amigos? Nuestro prójimo es un auténtico regalo de Dios y una bendición auténtica para nuestras vidas.

Finalmente, quiero invitarte a que tomemos un suspiro, cerremos nuestros ojos y veamos todas aquellas bendiciones y regalos que el Señor nos da día a día. Ser gratos y apreciar es parte importante para amar y para dejarnos amar, por los demás, nuestra familia, nuestros amigos, ¡por Dios!