Recientemente alguien me compartió esta historia que en pocas palabras me enseñó mucho: Un hombre que estaba rentando su apartamento recibió una llamada de una mujer que con mucha convicción le dijo que deseaba agendar una cita para ver el lugar y arrendarlo. Para su sorpresa, al encontrarse con ella en persona, resultó ser una anciana. Cuando estaban a punto de entrar al lugar él le dijo: «espero que encuentre este apartamento agradable y decida quedarse», a lo cual ella le respondió: «Si, claro que sí. Me gusta mucho». Él la miro con una expresión de curiosidad y le preguntó: ¿Cómo puede estar tan segura que le gusta si aún no lo ha visto? Ella respondió: «porque yo ya decidí que me gusta».

Puede parecer algo obvio, pero tenemos la capacidad de decidir sobre muchas cosas en la vida y, de acuerdo a este video, la felicidad es una de ellas. Aunque se publicó hace más de una década, es uno de los 25 videos más populares de TED Talk. Dan Gilbert, el reconocido psicólogo de Harvard, explica algunos aspectos de la felicidad basados en una serie de eventos históricos y de estudios con diferentes grupos de individuos. Para verlo en español solo debes activar los subtítulos:



 

A continuación les comparto algunos de los aspectos que más llamaron mi atención en lo que él propone:



Los seres humanos tenemos la capacidad de sintetizar la felicidad

En el video se plantea que hay dos tipos de felicidad: «La felicidad natural es la que aparece cuando se obtiene lo que quieres, mientras la felicidad sintética es la que aparece luego de un tiempo de no tener lo que querías. Esto se debe probablemente a que los seres humanos tenemos un sistema inmune psicológico, una serie de procesos no conscientes que nos ayuda
a cambiar la visión del mundo para podernos sentir mejor acerca del mundo donde estamos». Muchos de nosotros podemos creer que la felicidad que Gilbert describe como «sintética» es inferior a la felicidad «natural». Pero lo que muestra la evidencia es que la felicidad «sintética» es tan real y duradera como la felicidad que aparece luego de obtener lo que uno quiere en la vida. Curiosamente esto coincide con lo que dice Habacuc 3: 17-18

Aunque la higuera no dé renuevos,
ni haya frutos en las vides;
aunque falle la cosecha del olivo,
y los campos no produzcan alimentos;
aunque en el aprisco no haya ovejas,
ni ganado alguno en los establos;
aun así, yo me regocijaré en el Señor,
¡me alegraré en Dios, mi libertador!

Nunca antes me había detenido realmente en este texto bíblico, pero parece hablar de alguien absolutamente convencido que, incluso si las cosas no salen como las espera, está dispuesto a mantener su gozo en Dios. Sé que esto se puede prestar para distintas interpretaciones, pero quiero aclarar que no me refiero aquí a lo que dicen algunas personas en ciertos grupos
religiosos, que quienes viven realmente la fe no pueden experimentar depresión o tristeza, ni tampoco a que no debamos tener sueños y luchar por ellos.

Me refiero a dar ese admirable paso para decidir ser feliceses (o al menos intentarlo) independientemente de las realidades externas. Esto no es algo que venga fácilmente a mi propia vida y mi realidad, muchas veces me siento tentado a comparar mi vida con la de otras personas, o a pensar que debo completar una larga lista de cosas para agradar un poco más a Dios, o que seré más feliz cuando alcance esto o aquello.

La libertad, la habilidad de decidirte y cambiar de opinión 

La libertad es la amiga natural de la felicidad, porque te permite elegir entre todos esos esperanzadores futuros y encontrar el que más vas a disfrutar. Pero la libertad de elección – tomar decisiones y cambiar de idea – es la enemiga de la felicidad sintética. En las propias palabras de Gilbert: «Sí, algunas cosas son mejores que otras. Tenemos que tener preferencias que nos lleven a un futuro en lugar del otro. Pero cuando estas preferencias nos arrastran demasiado fuerte y demasiado rápido porque sobrevaluamos las diferencias entre esos futuros, estamos en riesgo. Cuando nuestra ambición está atada, nos lleva a trabajar alegremente. Cuando nuestra ambición no está atada, nos lleva a mentir, engañar, robar, lastimar a otros, a sacrificar cosas de verdadero valor. Cuando nuestros miedos están atados, somos prudentes, cautelosos, atentos. Cuando nuestros miedos no están atados y son pretenciosos, somos impudentes y cobardes».

¿No te ha pasado que cuando tienes muchas opciones te cuesta más trabajo decidir? ¿O sientes esa curiosidad apremiante sobre qué habría ocurrido si te hubieses decidido por alguna de las otras opciones que tenías? Pues bien, soy testigo en mi propia vida de cómo muchas veces el aferrarse a situaciones, ideales o personas, al final no trae nada bueno, pero cuando he sido capaz de poner las cosas en perspectiva y disfrutar cada momento o situación que Dios me regala, es cuando he podido experimentar una mayor felicidad.

Para finalizar, me llamó mucho la atención una caricatura que se muestra en el video y menciona: «estoy ayudando a la gente a aceptar las cosas que no pueden cambiar», es curioso porque me recordó una oración que he escuchado antes y le han atribuido a diferentes autores: «Dios concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; valor para cambiar las cosas que puedo; y sabiduría para reconocer la diferencia».

Creo que en este punto no importa tanto el autor como el contenido de la oración. Debemos pedir a Dios la gracia de poder enfocarse en las cosas importantes de la vida, especialmente aquellas que puedo hacer mejor el día de hoy, y aprender a no posponer el gozo que Él me quiere regalar hoy por ideas sobrevaluadas o preocupaciones infundadas sobre el futuro. Y tú ¿quieres esforzarte más por alcanzar la felicidad?