El video que les traemos hoy está a cargo de Jay Shetty, un orador inspiracional, mundialmente conocido por su trabajo con empresarios. En esta oportunidad, utilizando una situación cotidiana, Jay nos habla de la importancia de ciertos aspectos fundamentales para nuestra felicidad y de aquellos que nos rodean; entre ellos: respeto y aprecio por los demás, gratitud por aquello que tenemos o no tenemos, prestar atención a lo que pensamos, decimos y hacemos.

A continuación, pasamos a desarrollar algunos elementos apostólicos que hemos identificado y que compartimos con ustedes:

Respeto

Difícilmente estaremos agradecidos por tener a nuestro lado a aquellas personas que nos rodean sin antes haberlas aprendido a respetar. Como explica el Catecismo de la Iglesia Católica, el respeto hacia los demás tiene como base este principio: “Que cada uno, sin ninguna excepción, debe considerar al prójimo como ‘otro yo’, cuidando, en primer lugar, de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente” (CIC 1931).

Mas aún, este mismo deber se extiende a los que piensan y actúan distinto de nosotros. La enseñanza de Cristo exige el perdón de las ofensas. Extiende el mandamiento del amor que es de la nueva ley a todos los enemigos (Mt 5, 43-44). La liberación en el espíritu del Evangelio es incompatible con el odio al enemigo en cuanto persona, pero no con el odio al mal que hace en cuanto enemigo” (CIC1933). Es decir, odiar al pecado, pero amar al pecador.

Gratitud

¿Qué haríamos si despertáramos mañana solamente con aquello que apreciamos hoy? ¿Con qué nos quedaríamos? ¿Estamos conscientes de todo lo que tenemos? ¿De todo lo que Dios nos libra cada día? La rutina diaria hace que de alguna forma tomemos por sentado las bendiciones recibidas y que nos enfoquemos en lo que sale mal. Como dice Jay en el video: “Si quieres encontrar una razón para enojarte, la vas a encontrar. Si quieres encontrar una razón para quejarte de otra persona, la vas a encontrar”. Es por esto tal vez que muchos santos ya desde los primeros siglos nos invitan a ir en contra de ciertas inclinaciones, no caer en el facilismo ni en la inercia diaria. Ellos hablan de “hacernos violencia” en el sentido espiritual, es decir, sublevarnos en contra del pesimismo, derrotismo o desesperanza. Por lo que, apreciar nuestra vida y vivir agradecidos va a requerir una actitud proactiva y valiente.

En el campo de la vida espiritual, la gratitud tiene también grandes repercusiones. Nuestro Papa emérito Benedicto XVI, utilizando una reflexión acerca del salmo 110, nos lo explica de la siguiente forma: “El Salmo nos invita al final a descubrir todo lo bueno que el Señor nos da cada día. Nosotros vemos más fácilmente los aspectos negativos de nuestra vida. El Salmo nos invita a ver también lo positivo, los muchos dones que recibimos, y así encontrar la gratitud, pues sólo un corazón agradecido puede celebrar dignamente la liturgia de la acción de gracias, la Eucaristía”.

La cultura de la queja

Como se señala en el video, sólo quejarnos no resuelve problemas, los atrae. El limitarnos a las quejas, frena nuestra capacidad de cambio. Lo más peligroso es que la queja es contagiosa, pues cuando caemos en esta actitud, damos esas quejas a los demás y nos rodeamos de un ambiente negativo.

Lo realmente grave de vivir en una cultura de queja es que de alguna forma son los demás los responsables de la mala situación que se vive. Esto nos roba la capacidad de hacer algo al respecto pues nos hace pensar que la solución no está “en nuestras manos”; demás está decir que este pensamiento nos drena, nos debilita y nos victimiza.

Lo que verdaderamente necesitamos es empoderarnos, enfocarnos en lo que sí podemos hacer. Mientras vivamos dentro de la cultura de la queja, estaremos ciegos a las oportunidades de cambio, no seremos capaces de ver o identificar aquellos puntos que podemos mejorar; si no de la situación, por lo menos de nosotros mismos…y eso, queridos amigos, es algo que siempre podemos hacer.

Si hoy fuera el último día de tu vida

¿Cómo cambiarías tu forma de pensar, de hablar y de comportarte? ¿Cómo cambiarías la forma de interactuar con los demás?Ciertamente, no sabemos cuando lo último que dijimos a alguien será de verdad nuestra última interacción con esa persona, la última vez que escuchará nuestra voz o nosotros, la de ella. Como nos pregunta el autor, ¿estamos contentos o en paz con lo último que pensamos de tal o cual persona? ¿De cómo nos comportamos con ese alguien? Tengamos pues cuidado con lo que digamos a los demás hoy, pues puede que no tengamos mañana para retractarnos.

El secreto para tenerlo todo es darnos cuenta de que ya lo tenemos…

Suena difícil de creer y, de hecho, es hasta difícil de escribir; pero lo cierto es que no podemos pretender ser felices solamente cuando, en el futuro, tengamos esto o aquello o por fin logremos “x” meta. Estamos llamados a aprender a ser felices hoy, desde nuestras circunstancias actuales. Apreciar el hoy no debe ser visto como conformismo, sino que tendría que ser desde esta sana mentalidad que nos movamos a alcanzar nuevas metas. El que no es feliz hoy, difícilmente lo será mañana. Podremos alegrarnos momentáneamente al ver que nuestra situación ha cambiado, pero si no hemos ejercitado el aprecio por lo que ya tenemos, pronto regresaremos a ese estado negativo, a esa existencia chata y sosa de la que nos quejábamos antes.

Para terminar, compartimos con ustedes este texto del Talmud judío. En él, se resume de forma brillante lo que nos es aconsejable para alcanzar la felicidad de una forma proactiva. Procuremos pues alejarnos de la perspectiva derrotista y de victimización que se propicia por la cultura de la queja que tanto afecta a nuestros hogares, instituciones y hasta países:

“Presta atención a tus pensamientos porque se convierten en palabras. Presta atención a tus palabras porque se convierten en acciones. Presta atención a tus acciones porque se convierten en hábitos. Presta atención a tus hábitos porque se convierten en tu carácter. Presta atención a tu carácter porque se convierte en tu destino”.   (El Talmud)

RETO: No quejarnos por 24h y ver lo que ocurre con nuestra forma de pensar, nuestro lenguaje y, ultimadamente, con nuestras acciones.