Este, sin duda ha sido el año de las adversidades. A inicios de 2020 todos teníamos distintos planes y metas por alcanzar. Quizás algunos desde el ámbito escolar, universitario, laboral, familiar, religioso, artístico, etc.

Sin embargo, nadie se imaginaría que un virus «invisible» a simple vista sería capaz de paralizar (en cierto sentido) nuestras vidas y cambiarnos un poco el rumbo de hacia dónde íbamos.

El siguiente video habla de la historia de una joven bailarina, que logra enfrentar con valentía, tenacidad y ayuda de sus familiares y amigos, las adversidades que se le presentan durante este 2020 para lograr su sueño y poner su talento al servicio de los demás.

«Si la vida te da limones, haz limonada»

Con frecuencia suelo escuchar esta frase. Un limón suele ser ácido, al igual que muchas circunstancias de nuestras vidas que probablemente quisiéramos evitar. La vida es incierta y son demasiadas las situaciones que escapan de nuestro control.

Existen altos y bajos, días alegres y tristes, situaciones buenas y malas que nos pasan… Y, si bien no podemos controlar qué sucederá y qué no, sí tenemos la libertad de elegir con qué actitud enfrentar la realidad.

Podemos dejar que esos limones sigan sabiendo ácidos o exprimirlos y sacarle provecho a esas situaciones dolorosas para hacer algo bueno y gustoso: limonada.

En este sentido, es importante recordar lo que dice Viktor Frankl: «Cuando no somos capaces ya de cambiar una situación, nos enfrentamos al reto de cambiar nosotros mismos».

¿Quién maneja nuestras vidas: las circunstancias o nosotros mismos?, ¿cómo crees que hubiese terminado la historia si la joven bailarina se hubiera dejado llevar por sus sentimientos de tristeza y desesperanza cuando se enteró que el recital de baile, donde ella era la estrella, había sido cancelado?

Más aún teniendo en cuenta todo el tiempo y esfuerzo que había invertido. «El show debe continuar», la vida continúa…

Nuestros talentos al servicio de los demás

Cada uno de nosotros ha recibido diferentes capacidades y solo Dios sabe cuántos talentos nos dio a cada uno. Todos somos únicos e irrepetibles y por ello, no debemos compararnos con los demás.

Existe una frase del profeta Jeremías que me gusta mucho: «Con amor eterno te he amado, por eso he reservado gracia para ti» (Jeremías 31, 3).

Si la profundizamos podemos darnos cuenta que Dios nos pensó con amor desde antes que vinieramos al mundo. Nos pensó con una manera de ser particular, con características personales, con diferentes dones y talentos.

Entonces, ¿por qué esconder aquella luz en vez de hacerla brillar? Tenemos una responsabilidad. Más aún en medio de un mundo desesperanzado que tanto necesita de belleza y bondad, dos experiencias profundas que logran hacer que nos encontremos con nuestro espíritu.

Como diría Fiódor Dostoievski en su obra «El idiota»: «la belleza salvará al mundo» y con ello quisiera agregar que todo don es bello porque viene de Dios.

Nuestros dones nos han sido dados para hacerlos brillar y compartirlos con los demás, no están para esconderlos bajo mil candados y malgastarlos.

Pensemos cuánto bien y cuánta alegría podemos hacer a los demás compartiendo nuestros talentos. ¡Cómo alegró la bailarina a los vecinos que se encontraban encerrados en sus casas!

La importancia de apoyarnos entre nosotros

Las personas que nos rodean nos ayudan a sacar lo mejor de nosotros mismos, tenemos necesidad de los otros. Pienso en la importancia de cultivar la amistad y en cómo cada persona, con sus particularidades y distintas maneras de ser, logra revelarte una parte distinta de quién eres y así también te puedes conocer mejor.

En el caso del video, los familiares y amigos de la bailarina la ayudaron a enfrentar las adversidades. Ellos se dieron cuenta que estaba triste y porque la conocían pusieron su granito de arena para incentivarla a hacer lo que tanto le gusta: bailar. Todos ayudaron a que, aún en los momentos difíciles, el show pudiera continuar.

Como mensaje final, quisiera dejarles este fragmento de la carta de san Juan Pablo II a los artistas que nos puede dar algunas luces:

«Por esto el artista, cuanto más consciente es de su «don», tanto más se siente movido a mirar hacia sí mismo y hacia toda la creación con ojos capaces de contemplar y de agradecer, elevando a Dios su himno de alabanza. Solo así puede comprenderse a fondo a sí mismo, su propia vocación y misión».