El papa Francisco nos ha invitado este mes a orar por quienes padecen algún tipo de adicción. Además hace énfasis en pensar en otro tipo de adicciones como la adicción al juego, a la pornografía o al Internet, y cómo es necesario un acercamiento al Evangelio para superarlas. 

Frecuentemente al hablar de adicción se nos viene a la mente multiplicidad de imágenes que se asemejan más a situaciones de pecado que a cualquier otra realidad. Recordemos que la gravedad moral del pecado está determinada por la voluntad, conocimiento y materia de la acción. 

Y por esto, quisiera que reflexionemos sobre el pecado, sin detenernos en sus clasificaciones o en sus múltiples variedades o condiciones, sino más en el pecado en sí mismo. Empecemos escuchando las palabras que el papa Francisco quiere compartirte hoy en este video llamado «Liberación de las adicciones».

Partamos de una historia

Juan como muchos de nosotros se ha visto ciertamente condicionado por un sentimiento de culpa, gracias a sus debilidades. En su familia siempre le han dado a entender que hay que rechazar el pecado, que aunque —piensan ellos— la condición humana es igual a la condición pecaminosa, hay que mantener una lucha interior por evitar caer, rechazando absolutamente todo lo que tenga olor a equivocación.

Fruto de esta presión y de ciertas debilidades que Juan vive, él se ha visto inmerso en un mundo de culpabilidad que le hace sufrir y no sabe cómo salir de allí. Dicha sensación de constante culpa y rechazo a su propio obrar, ha bajado su autoestima y le ha llevado a verse involucrado en algunas adicciones en las que ha buscado un alivio. Pero contrario a lo esperado, lo que ha encontrado es un aumento de culpa y un detrimento de su salud. 

Esto puede sonar familiar, muy familiar. Porque todos podemos caer en la misma situación de Juan, no estamos hablando de un caso en un millón, sino de miles, cientos y seguramente millones de personas que sufren adicción y que tal vez hoy luchan infructuosamente por salir de ella.

No estás solo

En un primer momento es fundamental que recordemos que no estamos solos. Sino que por medio del apoyo tanto familiar como de las buenas amistades y de las pequeñas comunidades, encontramos la fuerza que nos sostiene y ayuda a salir adelante. 

«Las comunidades cristianas no pretenden dar respuestas. Existen organizaciones y asociaciones competentes para ayudar a las personas a salir de sus dependencias, pero las comunidades cristianas pueden ser un verdadero apoyo. Están llamadas, a través de la fraternidad y el perdón, a ayudar a todos aquellos que son esclavos de las drogas, u otras formas de adicción, a encontrar a Jesucristo, a experimentar que Dios salva». (P. Frédéric Fornos S.J. director internacional de la Red Mundial de Oración del papa).

Si se está inmerso en algún tipo de adicción, es necesario reconocer que se necesita ayuda profesional que por medio de procesos psicológicos, médicos, entre otros, ayude a abrir puertas en el camino de la superación personal. 

Y además de la ayuda profesional, el apoyo humano y emocional que parte del entorno social en que se vive, es una herramienta para no perderse en el camino, y si es el caso, para volver a tomar rumbo. 

Tal como lo menciona el papa Francisco: «Para que todas las personas bajo la influencia de las adicciones puedan estar bien ayudadas y acompañadas».

Todos anhelamos la salvación

Es importante que tengamos claro algo, y es que la fe cristiana no es una fe de culpa sino de esperanza, en palabras del papa Francisco: «Nuestro Evangelio es un Evangelio de misericordia». Dicha fe, es una fuente que por medio del proceso de conversión, lleva a aliviar, superar y curar el corazón de quien sufre. 

Además, se hace necesario comprender que, como nos recordó el papa Francisco en la bendición Urbi et Orbi: «nadie se salva solo». La salvación dada por Dios a sus hijos viene mediada por la comunidad, en otras palabras, es la comunidad la que te tiende la mano para caminar cada vez más firmes y decididos. 

¿Tienes una adicción o sientes constantemente culpa, baja autoestima u otro tipo de sufrimiento? Busca ayuda en Dios, en tu comunidad, en tu familia y en tus amigos. Si bien es fundamental una ayuda tanto espiritual como profesional, también es importante contar con el apoyo de otras personas que están allí, cual ángeles de la guarda, para servir de columnas de la vida personal, personas que tiendan la mano y transmitan esperanza. 

Finalmente, la historia de Juan, es la historia de muchas personas que hoy sufren y buscan ayuda, pero también de muchos que sufren en silencio, a escondidas. La oración por quienes sufren es una luz de esperanza que les ayuda a salir adelante cada día. ¡Así que ánimo, oremos juntos!