comunidad lgtb

«Papá, mamá, esto es lo que les he querido decir desde hace mucho tiempo». Esta es la situación de muchas familias de personas de la comunidad LGBT; familiares que viven la realidad de tener un(a) hijo(a) homosexual, bisexual, transgénero, etc. Es una realidad compleja, que puede tener muchos matices. Y no siempre resulta fácil de aceptar, y menos cuando se quiere tener una visión de fe.

Sin embargo, muchas veces vemos la realidad de una manera desesperanzada y tal vez más oscura de cómo Dios nos invita a verla.

A veces pareciera como si tener una visión de fe en este asunto hiciera más difícil de abordarlo, cuando debería ser todo lo contrario. Jesús se ha llamado a sí mismo Luz del mundo (Jn. 8, 12). Hay tantas realidades que percibimos con tanta oscuridad en nuestras vidas, que no nos basta con pensar positivo, con inventarnos o seguir técnicas para pensar «mejor».

No nos basta con creer que podemos hacerlo solos, siempre necesitamos descubrir de un modo nuevo cómo Dios nos invita a vivir las realidades difíciles a su lado.

1. Pídele a Dios que te permita ver a esa persona como Él la ve

comunidad lgbt

Es muy fácil quedarnos en la realidad que nos plantea el otro, ver los reproches que tenemos para hacerle por sus elecciones y decisiones en su orientación sexual. Sin embargo, esa mirada de justicia, si no está pasada por la misericordia, se convierte en un juicio cruel contra el otro.

Es necesario como familias aprender a ver el misterio completo de quien es el otro, ayudar al miembro de la familia con esta tendencia a verse a sí mismo. ¡Cuántas veces no hemos escuchado a los jóvenes decir que no hay un lugar para ellos en la Iglesia debido a ciertas ideas! (Especialmente, jóvenes o personas de la comunidad LGBT…)

Es importante saber, ante todo, que estamos llamados a ser un reflejo del amor de Dios para el otro. Para esto, necesitamos pedirle a Dios que transforme nuestros corazones y nos dé una mirada nueva. Ciertamente, esto será una ocasión para vivir la propia conversión y acercarnos, con paciencia y misericordia, al otro.

Un paso para aprender a ver al otro como Dios lo ve, ciertamente es aprender a relacionarnos con él/ella. Dios es fundamentalmente comunión de amor, relación de 3 personas: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Ante estas situaciones, la imaginación empieza a volar mucho: «¿Qué pasará después?», «¿qué dirán las demás personas?», «¿qué dirá la familia?». Ante todo, necesitamos recuperar la mirada de amor de Dios y esa es una gracia que debemos pedirle.

Es verdad que no es tan fácil. Es una situación que mueve mucho emocionalmente, sin embargo, no podemos olvidar que Dios mismo se encargará de guiar a esta persona a su encuentro.

2. Habla con tu red de apoyo

Es importante que sepas rodearte de personas prudentes y sabias que te puedan orientar en este proceso. Habla sobre los miedos que esta situación moviliza en ti y las emociones que te puede suscitar esta realidad del miembro de tu familia. Muchas veces batallamos solos ante una realidad, cuando Dios mismo ha puesto personas a nuestro lado para ayudarnos en la lucha.

Hay ocasiones donde esto confronta tanto que la tendencia que hace la familia es aislarse, encerrarse en el propio dolor, que podrá ser un modo de protegerse del miedo que esta realidad suscita.

Sin embargo, esto solo termina por convertir el dolor en una carga mucho más pesada de llevar. Jesús nos señaló que su «yugo es suave y mi carga ligera» (Mt. 11, 28-30). Por tanto, si nuestras cargas personales por esta situación parecen ser enormes, aún hay algo que podemos entregarle a Dios de esta experiencia y no lo estamos haciendo.

3. ¿Qué dice la Iglesia sobre la comunidad LGBT? (¡Escucha a la Iglesia!)

Muchas veces creemos que la Iglesia cierra las puertas a estas personas. Puede ser que haya personas concretas de la Iglesia que hayan dado a entender esto e incluso se hayan equivocado dando un trato injusto a personas con atracción al mismo sexo en nombre de la Iglesia.

Sin embargo, si nos dirigimos al Catecismo de la Iglesia Católica (numeral 2358) y a Documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe encontramos que la postura de la Iglesia invita siempre al respeto y acogida de sus hijos que presentan esta situación en sus vidas:

«Es deplorable con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la condena de los pastores de la Iglesia, dondequiera que se verifiquen. Revelan una falta de respeto por los demás, que lesiona unos principios elementales sobre los que se basa una sana convivencia civil. La dignidad propia de toda persona siempre debe ser respetada en las palabras, en las acciones y en las legislaciones» (Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, 1986)

Teniendo en mente lo anterior, no podemos afirmar que la Iglesia no tenga lugar para personas de la comunidad LGBT. Por el contrario, es el lugar donde la Iglesia ejerce su maternidad sobre ellos y los invita a verse en la verdad de quienes son y ofrece acompañamiento.

Por eso, las familias (que son en sí una Iglesia doméstica) están invitadas a adherirse a estos principios y buscar, con la caridad y la verdad, acompañar a los miembros de su familia que presenten estas posturas.

En conclusión, sabemos que este tema tiene muchos puntos de vista que pueden intervenir en el proceso de diálogo y construcción de posturas. Creemos que ver al otro con los ojos de Dios, apoyarnos y conocer la verdad de nuestra identidad son una vía concreta y segura para poder entrar en una mejor disposición a dialogar sobre estos temas que requieren de tanta comprensión y acogida.

Procuremos en todo momento ser un rostro de caridad y acogida. De este modo, invitemos siempre al encuentro y al diálogo fraterno en estos puntos sensibles.