La crisis migratoria que ha desencadenado el gobierno corrupto de Venezuela es un tema que nos compete a todos. Se pueden preguntar ¿Por qué a mí?, ¿yo qué tengo que ver?, ¿por qué tendría que ayudar? La respuesta es que, al ser cristianos hay un fuerte llamado al servicio, y también una responsabilidad inmensa de no ser indiferentes ante el dolor y el sufrimiento de nuestros hermanos.

A pesar de que muchas personas de manera voluntaria se han encargado de crear grupos de ayuda, el gobierno o las fundaciones no alcanzan a suplir todas las necesidades de los cientos de venezolanos que entran a nuestros países diariamente. De modo que la Iglesia puede convertirse en un punto de encuentro, un lugar al que puedan llegar las ayudas, los voluntarios y las donaciones de manera organizada.

Estas son algunas ideas que se pueden llevar a la acción guiadas por cada iglesia del país en donde te encuentres:

1. Armar mercados de alimentos

Normalmente en las iglesias este tipo de ayuda es habitual. Donamos algún mercado al año y nos damos la vuelta. Pero hoy es justo que miremos más allá, los venezolanos han dejado no solo a un país herido sino a varios de sus familiares, amigos, trabajos, escuelas y tradiciones. Algunos se atreven a caminar largas distancias con niños en brazos, pensemos por un momento en el hambre que pasan durante el día y la noche. Estos son algunos alimentos que podemos donar: atún, sopas y granos enlatados, ramen, todo tipo de pasta, sal, azúcar, café, chocolate, arroz, harina, aceite.

2. Donar ropa en buen estado

Los venezolanos han huido de su país con apenas lo que les cabe en brazos, la gran mayoría lo ha tenido que dejar todo. Las largas caminatas bajo el extenuante sol y la lluvia han hecho que pierdan zapatos, chaquetas y hasta medias. Desde las iglesias se puede hacer un llamado a la solidaridad, podemos donar ropa en buen estado para hombres, mujeres y niños, de todas las tallas. Si tienes algunas prendas olvidadas en tu armario, este es el momento preciso para sacarlas.

3. Regala abrigo

Cobijas, sabanas y carpas son de gran ayuda. Algunos ni siquiera tienen donde dormir y se ven obligados a pasar la noche en las calles. Muchos almacenes venden estos elementos al por mayor, una buena idea es convocar a varios amigos o familiares para comprar en mayores volúmenes. Si tu iglesia tiene una comunidad unida, podrían indagar por la facilidad que cada persona tiene para conseguir este tipo de donaciones. ¡A correr la voz!

4. Convoca a médicos voluntarios

Esta ayuda, puede ser un tanto difícil de formalizar. Es importante hacer el llamado de una manera coherente y beneficiosa para todos, ya que el tema de salud puede ser conducido por el gobierno de cada país de una manera distinta. Sin embargo, es importante contar con un pequeño grupo de médicos que tenga la disponibilidad de ofrecerse en algún momento de urgencia requerido.

5. Armar kits para bebés y niños

Pañales, leche en polvo, pañitos, juguetes, cuentos y ropa, son algunos de los elementos que se pueden donar para las familias que han viajado con bebés y niños pequeños. El drama que viven estas familias es absurdo, y ni hablar de la confusión y el dolor de los más pequeños. Podemos ayudar con lo que tengamos, es fundamental ponernos en los zapatos de otros y no limitarnos a los comentarios de lástima y los «ojalá alguien los ayude».

6. Delega a un vocero

Hay muchos casos de familias venezolanas que tienen necesidades específicas y que con buena comunicación pueden ser suplidas. Por ejemplo: una familia que viaja a otra ciudad necesita pasar la noche en alguna parte: pregunta en tu parroquia quién estaría dispuesto a dar estadía por una noche. Algunos vienen enfermos y necesitan un medicamento puntual: pregunta si alguien laboratorio podría conseguirlo y donarlo. Se necesita harina o agua para seguir adelante con la venta de algún negocio provisional: indaga con tus conocidos si alguien está dispuesto a colaborar con los ingredientes.

Este tipo de acciones pueden dar pie a la desconfianza, es normal. No es tan fácil como parece darse a otros, ofrecer tu casa o dar de lo que no te sobra, pero recordemos que de eso se trata, de desprendernos de nosotros mismos para unirnos a la necesidad de los demás. De ver a Cristo en el dolor del otro, en el hambre de los niños, en la tristeza de las madres o en la angustia de los padres. Se puede designar a un vocero para que estas
peticiones lleguen a una sola persona y la comunicación sea más centralizada.

7. Construye alianzas

¡A mover las influencias! Existen muchas personas de buen corazón y también de gran generosidad. Correr la voz dentro de la tu iglesia puede ayudar a contactar empresas o personas que deseen unirse a la causa. Algunos empresarios se comprometen a donar alimentos, medicina o enseres. Muchas veces se desconfía de las donaciones monetarias por todo el tema de robo y corrupción, pero un buen consejo es decirle a las personas interesadas en aportar, que estén presentes el día en que se haga entrega de cada cosa.

8. Organiza grupos de oración

En realidad, no tienen que ser grupos con un mínimo de personas, pueden publicarse horarios en los que se rece el rosario o se ofrezca una misa por todas estas personas que son víctimas del desplazamiento y la indiferencia. No olvidemos que la oración nos permite acercarnos de una forma única a Dios, es un lazo divino con el cielo, un clamor escuchado por el Padre. «La oración es la mejor arma que tenemos, es la llave que abre el corazón de Dios». (Padre Pio)

«El emigrante que reside entre vosotros será para vosotros como el indígena: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fuisteis en Egipto. Yo soy el Señor vuestro Dios» (Lv 19,34). Cada forastero que llama a nuestra puerta es una ocasión de encuentro con Jesucristo, que se identifica con el extranjero acogido o rechazado en cualquier época de la historia (cf. Mt 25,35.43). A cada ser humano que se ve obligado a dejar su patria en busca de un futuro mejor, el Señor lo confía al amor maternal de la Iglesia. Esta solicitud ha de concretarse en cada etapa de la experiencia migratoria: desde la salida y a lo largo del viaje, desde la llegada hasta el regreso. Es una gran responsabilidad que la Iglesia quiere compartir con todos los creyentes y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que están llamados a responder con generosidad, diligencia, sabiduría y amplitud de miras —cada uno según sus posibilidades— a los numerosos desafíos planteados por las migraciones contemporáneas»  –Papa Francisco

Recuerda compartir este post con tus amigos para que el mensaje pueda llegar a muchas más personas. Si conoces otro tipo de ayuda que pueda sumarse a esta pequeña lista que hicimos, por favor déjala en los comentarios. 😉