Seguro más de uno ha matado a su abuela para salvarse de algún compromiso. «Hoy no podré ir al trabajo porque mi abuela… murió, se accidentó, se enfermó, etc». No pasa solo con la abuela y tampoco es solo una excusa utilizada en el trabajo. Nos podemos inventar cualquier cosa con tal de no cumplir con algún deber, con tal de no dar la cara o no quedar «tan mal».

Este video es un excelente recurso para hablar de la mentira. ¿Cuántas veces podemos matar a la abuela?, ¿creemos ingenuamente que es solo una mentirita piadosa?, ¿quién se va a dar cuenta que no es verdad? Una mentira de vez en cuando no hace daño ¿no?



El espantoso vicio de las mentiras

Matar a la abuela puede parecer un chiste. Tal vez hasta sintamos culpa cuando lo decimos, pero luego pensamos ¿qué más da? ya me salvé, todo está bien, no lo volveré a decir. Lo que se nos olvida es que la mentira crece, crece y crece, y además se convierte en un hábito. Porque es más fácil mentir que asumir que me equivoqué, que fui irresponsable o que preferí hacer otra cosa.



Las personas que se hacen amigas de la mentira, fácilmente caen en el error de creerse sus propias mentiras. Y entonces cuando matan a la abuela por doceava vez, son capaces de «comerse el cuento», como se dice por ahí. Mentir, además no trae ninguna ventaja, cuando decimos alguna solo nos zafamos de la responsabilidad por un corto periodo de tiempo.

Deja de matar a tu abuela, de enfermar a tu papá, de hospitalizar a tu mamá o de inventarte cualquier otra cosa para evadir lo que tienes que hacer. Esto aplica para el estudio, el ejercicio, la visita que tienes pendiente, la cita médica, la misa del domingo, la confesada que tienes pendiente hace siglos. Deja de mentirte a ti mismo y a los demás.

La próxima vez que planees decir una, piensa ¿qué saco con esta mentira?, ¿lastimaré a alguien?, ¿le complicaré el trabajo a otra persona? Si algún día se enteran de lo que dije ¿me sentiré bien?, ¿defraudare a los que quiero?