Hoy celebramos a la Virgen María, celebramos su sí, ese sí que trajo al mundo la salvación. Hoy es un día grande porque Ella nos ha enseñado que gracias a la cooperación humana se han abierto las puertas del cielo para nosotros. Hoy nos dejamos maravillar por el misterio de un Dios que quiso hacerse hombre en el seno de María para darnos la vida.

De generación en generación sigue vivo el asombro ante este misterio inefable. San Agustín, imaginando que se dirigía al ángel de la Anunciación, pregunta: “¿Dime, oh ángel, por qué ha sucedido esto en María?”. La respuesta, dice el mensajero, está contenida en las mismas palabras del saludo: “Alégrate, llena de gracia” (cf. Sermo 291, 6). De hecho, el ángel, “entrando en su presencia”, no la llama por su nombre terreno, María, sino por su nombre divino, tal como Dios la ve y la califica desde siempre:  “Llena de gracia (gratia plena)”, y la gracia no es más que el amor de Dios; por eso, en definitiva, podríamos traducir esa palabra así:  “amada” por Dios (cf. Lc 1, 28). Benedicto XVI

Por eso hemos querido hacer una lista para pedirle a nuestra Madre, hoy que la celebramos, nos ayude a tener sus mismas actitudes para acoger con plena disponibilidad el misterio de Dios en nuestra vida y ser capaces de amar como Ella lo hizo.


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