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Constatar que todos queremos ser felices es algo muy fácil. Basta preguntar a todos tus amigos, salir a la calle o hacer una encuesta, para corroborar que la felicidad es un anhelo universal. Es más, un anhelo que brota naturalmente del corazón del ser humano.

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No es necesario que hagamos cualquier tipo de reflexión o estudio para deducir que lo que más deseamos es eso. Tampoco es muy complicado entender cómo el camino auténtico para la felicidad es el amor. Amor a Dios y amor entre nosotros.

Sin embargo, si preguntamos quiénes son realmente felices, o por lo menos, lograron alcanzar la felicidad que anhelan, la respuesta es, sin lugar a duda, bastante diferente. Las razones son muchas, pero sin el afán ni la pretensión de abarcar todas las dificultades, menciono algunos problemas cruciales para el camino hacia la felicidad. Dejando para último la importancia de aprender a vivir el amor para experimentar una vida feliz. Estas son seis razones por las que tal vez no somos felices:

1. Concepto errado de la felicidad

Aunque parezca obvio, muchas personas todavía no se han hecho la pregunta: ¿Qué es lo que más quiero para mi vida? Tampoco se sabe definir la felicidad. Hay una profunda y muy difundida ignorancia acerca de lo que significa.

Lo planteo de esa manera puesto que naturalmente todos tienen una idea o incluso, su propia comprensión de la felicidad. Pero precisamente, muchos no son felices, pues manejan un concepto equivocado de ella. En la que solo importa lo material o lo pasajero.

2. Distorsión de la realidad

En segundo lugar, el mundo en que vivimos, con la avalancha de propagandas, marketing, publicidad, películas, series y las conocidísimas redes sociales. Nos «atropellan» de tal manera, que es prácticamente imposible no dejarse influenciar por un criterio o aproximación a la realidad que genera en nosotros falsas expectativas de felicidad.

Vivimos para el consumismo y materialismo. La diversión desenfrenada y la sensualidad, así como el poder y el éxito profesional, de tal manera, que nos volvemos esclavos de esos dioses modernos.

3. Virtudes olvidadas

Es evidente pero difícil de percibir. Hay un olvido progresivo en la vivencia de las virtudes. Por ejemplo, la fidelidad, el compromiso, la entrega y generosidad, la responsabilidad, la constancia, y cuántas otras podríamos mencionar.

El problema con relación a esto es que, para vivir la felicidad, necesitamos esforzarnos y poner de nuestra voluntad, que nos orienta hacia un fin determinado.

Está demás decir, que vivir la felicidad no es fácil, puesto que estamos acostumbrados a la ley del mínimo esfuerzo. Dejarnos llevar muchas veces por nuestros caprichos o gustos personales y una moral demasiado relativista. Según la cual cada uno hace lo que quiere en pro de «ser feliz». Los estragos de esa mentalidad relativista se ven por doquier.

4. La secularización

Una cuarta variable es un proceso que en las últimas décadas sufre un crecimiento exponencial en el porcentaje de la población. Se conoce como la «secularización». Es decir, una forma de vivir, en la que Dios no está presente. No tiene lugar.

Eso está haciendo que en nuestros países latinoamericanos, dónde la fe siempre ha sido un fundamento claro de nuestra cultura, veamos una crisis o cambio social muy fuerte. La fe se va cambiando por posturas ideológicas. Así como una suerte de «espiritualismo», en donde las personas experimentan la necesidad de vivir esa dimensión interior, pero la llenan con tendencias orientales, como el yoga o el tai-chi.

O ponen la seguridad para sus vidas y buscan respuestas en el Reyki, así como formas algo filosóficas de ver la vida, con enseñanzas del budismo y organizaciones como «nueva acrópolis», concepciones energéticas del Universo, etc… sin mencionar la cantidad de «gurúes» que brindan los cinco tips y los 10 consejos para descubrir la clave para la felicidad.

5. Recursos equivocados

Otra realidad, que es fácilmente constatable por cualquiera de nosotros, es la búsqueda cada vez más universal, de ayuda psicológica (sin decir que todos los psicólogos son malos), o el uso desmedido de pastillas, que «milagrosamente» curan las depresiones, tristezas y ansiedades.

Lo demuestran estudios científicos y estadísticas de la OMS. En la última década hay un aumento porcentual de casi 20% de casos de depresión a nivel mundial, y es algo que debe ser tratado. Sin embargo, el problema de fondo no es la depresión en sí misma, sino una vida cada vez más agitada, frenética, acelerada, en la que las personas no tienen tiempo para pensar y reflexionar en sus vidas.

Están normalmente fuera de su interior, lo que conlleva a que se experimente un profundo vacío. Lo que muchos no saben es que la sociedad actual no lo llena, pues Dios es quién puede llenar esa experiencia tan intensa que tenemos de infinito.

Necesitamos de relaciones profundas de amistad. Familias estables. Descubrir el sentido y propósito de nuestras vidas. Mientras no haya un espacio para poder meditar y pensar en la propia vida, ese vacío del que hablo reclama y grita, de tal manera que termina generando depresión, angustias, soledad.

6. Dejamos de lado el ingrediente principal

El amor, que es la clave para la felicidad. Finalmente, les invito a que piensen o recuerden los momentos más felices de sus vidas. Estoy seguro de que, sea cual sea la situación o circunstancias en que hayan experimentado esa felicidad, está siempre en el marco de relaciones positivas con otras personas.

Por ejemplo, el día del nacimiento del primer hijo. El día de tu matrimonio o cuando conociste tu primera enamorada. O esas ayudas sociales, cuando visitamos lugares de extrema pobreza, y pareciera que vamos más edificados y felices que las personas a quiénes quisimos llevar algún tipo de ayuda.

Obviamente, para los que han tenido o tienen algún tipo de experiencia religiosa, cuántas situaciones de oración, retiros o jornadas, en las que pudieron tener ocasiones de compartir y conversar las cosas esenciales de la vida con otras personas. Sin duda han suscitado una gran experiencia interior de plenitud y satisfacción.

Como personas estamos llamados al encuentro con otras personas. Y por supuesto a encontrarnos con Dios, con quién podemos vivir el amor auténtico. Recordemos que entregó su vida por nosotros, como una oblación extrema de amor, y nos da el testimonio vivo, que la entrega radical de amor hacia los demás, es el camino más auténtico y directo si queremos ser felices.

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