Si le preguntamos a un niño ¿quién es la mejor mamá del mundo? Estoy casi segura que la gran mayoría rápidamente respondería: «¡Mi mamá es la mejor mamá del mundo!»

Creo que esa respuesta, es la prueba perfecta de la importancia de una madre. De lo enorme de su amor y el regalo hermoso que Dios nos ha dado en ellas a cada ser humano.

Mi mamá es una persona muy especial. Ella es de esas personas que se entrega genuinamente sin esperar nada a cambio. Su cariño es un cariño silencioso, esos cariños que de pronto encuentras justo en esos detalles como la mantita doblada a los pies de la cama por si tienes frío, aún si ya vives sola y tienes familia propia.

Mamá, es respetuosa de la libertad de cada uno de sus hijos como nadie. Siempre la he escuchado decir que los hijos son de Dios y que la libertad para tomar nuestras propias decisiones y caminos es lo más preciado que tenemos.

Mamá sueña con un mundo perfecto. Sufre con los sufrimientos del mundo y no los entiende. A veces la veo tan cansada, pero no precisamente por sus quehaceres (que son varios) sino por una vida que la agobia.

Pienso que, así como yo, muchos de nosotros quisiéramos lograr ese regalo perfecto. Ese que encienda la mirada y llene el corazón nuestras madres de inmensa alegría. Ese regalo que pudiera expresar todo lo que ellas son para nosotros. Este año en el día de la madre quise compartir con ustede todo aquello que quisiera regalarle a mamá:


 

¡Feliz día de la Madre a todas las madres que nos leen!