Hoy celebramos a Santo Tomás de Aquino, doctor de la iglesia. Santo y autor sumamente influyente tanto para la filosofía como para la teología, y ciencias.

Entre sus obras más importantes se encuentra la Summa teológica, obra magna y obligada para todo estudiante de Teología. Se interesó por investigar sobre gran multiplicidad de temas.

Hoy que vivimos en un mundo marcado por la cultura de la soledad y del sin sentido, el anhelo de infinito que cada hombre lleva en su corazón se hace profundo. Una constante búsqueda de Dios que necesita respuestas. 

Podemos llegar al conocimiento de Dios de muchas maneras. Todas ellas responden tanto a nuestra capacidad racional de conocer la existencia de Dios, como a la benevolente revelación que Dios hace de sí mismo, ante lo cual responde la fe. 

Santo Tomás de Aquino ha planteado hace más de 7 siglos unas vías para demostrar la existencia de Dios, estas siguen siendo vigentes y útiles para nuestra vida cristiana. Las 5 vías para conocer a Dios, son cinco pruebas de su existencia que te invito a tenerlas presente en tu vida diaria. 

Vía del movimiento

5 vías

La primera vía, la vía del movimiento o del primer motor, es la que nos explica que todo en el mundo se mueve. 

Y para que exista  este movimiento, debe haber otra cosa que lo mueva. La sucesión de movimientos debe partir de algo inmóvil, de un impulso primero.

La condición cambiante o del movimiento exige la existencia de un primer motor inmóvil, porque no es posible fundarse en una serie infinita de iniciadores del movimiento.

Es innegable, y consta a nuestros sentidos, que hay cosas que se mueven, es decir, que cambian. 

Pues bien, todo lo que se mueve, cambia, muda o transforma es movido por otro. Mover requiere estar en acto. Mover no es otra cosa que hacer pasar algo de la potencia al acto, y esto no puede hacerlo más que lo que está en acto. Lo que ha sido acto siempre.

Es necesario llegar a un primer motor que no sea movido por nadie. Este primer motor que no es movido por nadie es el que todos entienden por Dios. Luego Dios existe.

Desde ahora cuando veas algo moverse, como las esferas del malabarista en el parque, será inevitable no pensar en cómo todo el movimiento en el universo fue causado por un movimiento inicial, originado por Dios.

Vía de la causa eficiente

5 vías

La segunda vía nos habla de las causas. En el universo todo es causado por algo. Nada es causado por sí mismo, entonces hay que afirmar la existencia de una primera causa. 

Nos consta por experiencia que hay en el mundo sensible un orden determinado entre las causas eficientes, pues están subordinadas esencialmente entre sí para la producción de un efecto común.

Pero no se da, ni es tampoco posible, que una cosa sea causa de sí misma, ni en el orden del ser ni en el de la operación, pues en tal caso habría de ser anterior a sí misma, y esto es imposible.

Ahora bien, esa serie de causas eficientes, subordinadas esencialmente entre sí, no se puede prolongar indefinidamente, porque siempre que hay causas eficientes subordinadas, la primera es causa de la intermedia, y esta causa de la última.

Cada una de estas causas actúa por influjo de las causas que la preceden. Y así tenemos que, suprimida una causa se suprime su efecto.

Si no existiese una causa primera, tampoco existiría la intermedia, ni la última. Es necesario que exista una causa eficiente primera.

Esta causa eficiente primera, que no es causada por ninguna otra, a la que están subordinadas todas las demás causas. Esta causa eficiente incausada es llamada por todos Dios. Luego Dios existe.

Cuando te sientes a observar el paisaje y veas las flores moverse, pensarás que se mueven porque el viento sopla, y luego pensarás qué es lo hace que sople ese viento, y así… hasta llegar a Dios

Vía de la contingencia y del ser necesario

5 Vías, Las 5 Vías ilustradas en caricaturas. El legado de Santo Tomás de Aquino para descubrir la existencia de Dios utilizando la razón

La tercera causa nos habla de que las cosas pueden existir o no. Es un hecho que hay seres que existen y que podrían no existir, son contingentes.

Es imposible que los seres contingentes hayan existido siempre, ya que lo que tiene la posibilidad de no ser, hubo un tiempo en que no fue. 

Los seres contingentes son, por esencia, efecto. Son seres que piden causa, seres que alguna vez han comenzado a existir causados por otro.

Pero, como ya se demostró antes (segunda vía), es imposible y absurdo que haya una serie infinita de seres contingentes, es decir, de causas subordinadas, ya que es imposible que solo existan efectos. 

Por consiguiente, los seres contingentes exigen la existencia de un ser que no haya comenzado a existir; un ser no causado, que exista por sí mismo; un ser que ha existido siempre. A este ser se le llama ser necesario.

A este ser necesario, que no tiene la existencia recibida de otro, sino que existe por sí mismo, en virtud de su propia naturaleza, es al que todos llaman Dios. Luego Dios existe.

Ahora cuando veas, de pronto una plantita crecer y luego marchitarse, te preguntarás de donde vino esa primera semilla. Aquella que existió antes de que todo exista.

Vía de los grados de perfección

5 vías

¿Has visto que todo en esta vida tiene grados?  En tu misma vida personal, es un constante crecimiento, un constante ir adquiriendo ciertos grados de perfección.

Todas las cosas existen según grados. Así también, debe existir el ser que posee toda perfección en grado sumo, respecto del cual las demás se comparan y del cual participan.

Vemos en los seres que unos son más o menos buenos, más o menos verdaderos y nobles que otros; y lo mismo ocurre con las diversas cualidades en virtud de esto, unos seres son más perfectos que otros.

Ahora bien, quien tiene una perfección pura en grado máximo, o por esencia, es causa de esta perfección en todos aquellos que la poseen en grado inferior, no puede ser más que un único ser, una única perfección subsistente en sí misma, una única perfección en toda su plenitud y totalidad.

Una perfección que nos atrae y hacia donde vamos.

Vía teleológica o del orden y la finalidad

5 Vías, Las 5 Vías ilustradas en caricaturas. El legado de Santo Tomás de Aquino para descubrir la existencia de Dios utilizando la razón

La quinta vía me sorprende. Nos habla de que las cosas existen para lograr el objetivo de su existencia.

Existe un diseño o un fin en el mundo, por lo que ha de existir un ser inteligente que haya pretendido la finalidad que se observa en todo el universo.

Los seres que carecen de conocimiento no pueden tender a sus respectivos fines si no los dirige un ser inteligente que conozca dicho fin.

Esta inteligencia ordenadora no puede estar ordenada por una serie indefinida de inteligencias, sino que es preciso llegar a un ser inteligente supremo, que es el origen y el fundamento de todas las demás inteligencias que conocen y dirigen las cosas carentes de conocimiento a sus propios fines.

Luego existe un Ser inteligente supremo que dirige todas las cosas naturales a sus respectivos fines, y a este Ser lo llamamos Dios. Por tanto, Dios existe.

Las 5 vías. Una ayuda para conocer un poco más a Dios

Fijémonos en que cada una de estas 5 vías nos permiten comprender que Dios se nos ha revelado y se sigue revelando diariamente en nuestra existencia.

Cuando vemos la naturaleza, la vida misma, el devenir del tiempo… Todo nos habla de su existencia y nos remite a Él, pero para ello hay que partir del uso de la razón y aplicarlo a la fe. 

La pregunta es, ¿te atreves a comprobar en tu vida que Dios existe? Esto necesariamente llevará a que vayamos transformando nuestra manera de ser, dado que no es posible comprender la existencia de Dios y no verse sumamente permeado por Él.

La vida del creyente se ve diariamente transformada por Aquel en quien cree, es por esto que aplicar estas vías, y otra, a nuestra vida, comporta tanto un reto como una gracia.

El reto de ver la fe probada constantemente y la gracia de encontrar siempre una respuesta positiva ante la bondad del Creador.

Todos anhelamos a Dios, es algo inherente a nuestra naturaleza, ahora lo apremiante es darnos a la tarea de descubrir su presencia constante. 

Siempre será una aventura apasionante, pues además de permitirnos descubrir la grandeza de Dios en lo cotidiano, nos reta a abrir la mirada, ver más allá de lo simplemente material y encontrar en cada ser, las señales del Ser supremo que nos ama y al cual necesitamos siempre.

«Non nisi te, Domine» (Nada más que tú, Señor, Santo Tomás de Aquino).