No sé si por alguna casualidad, o por una moda que se viene imponiendo, me he cruzado en los últimos días con muchos jóvenes que se tiñen el pelo. Obvio no tengo nada que objetar a una costumbre que parecería tan innecesaria en un joven, pero siempre me hace pensar en el motivo que los lleva a hacerlo. Una reflexión similar se me cruza por la cabeza con los tatuajes, y a veces pienso que en esa búsqueda de originalidad — tan común entre los jóvenes — terminan cayendo precisamente en una moda muy mainstream y muy poco original.

Esta moda que por algún motivo se me ha cruzado bastante en los últimos días me hizo pensar mucho en un famoso libro de Romano Guardini titulado «La aceptación de sí mismo». Parece curioso y hasta paradójico, pero creo que muchas personas estarán de acuerdo en que no siempre es tan fácil aceptarse a uno mismo. Todo se complica un poco más porque vivimos en un mundo que nos plantea que la felicidad está en ser de uno u otro modo, y este es a veces muy lejano o distinto de lo que la mayoría de personas somos en realidad.



Una reflexión muy similar me surgió cuando fui al cine hace unos días a ver «Green book», ganadora del Oscar en la categoría de mejor película. La historia, basada en la vida real, cuenta un viaje realizado por Don Shirley — un famoso pianista afroamericano — y su chofer y guardaespalda Nick Vallelonga, por el sur de los Estados Unidos. Hoy en día ese viaje no ofrecería nada de particular, pero la historia ocurre en 1962 y en una de las regiones más divididas por el racismo y los prejuicios.

No es una película que busca victimizar a las personas, ni pretende reivindicaciones lanzando culpabilidades. Es una historia de dos personas imperfectas, como todos lo somos, que van superando sus prejuicios para aprender a ver en el otro el lado más humano, y más importante, que siempre deberíamos ver en los demás. Comparto algunas reflexiones que me surgieron luego de ver la película:



1. Ser el que eres

Guardini escribía en su libro: «He de querer ser el que soy: querer ser yo realmente, y solo yo». Don, a lo largo de la película, parece luchar contra algunos aspectos de su identidad, y sufre interiormente las consecuencias. A pesar de todo su talento y de su educación, no termina de hallar su lugar. Puede haber muchas cosas de nosotros mismos que no nos gustan, pero tampoco tenemos que buscar con angustia ser quienes no somos. Hallaremos así mucha paz y libertad.

2. Ya somos suficientemente originales

Así como no hay que rechazar aspectos de nuestra identidad, tampoco hay que cargarnos con extras con el afán de ser únicos. Todos probablemente lo hemos hecho alguna vez. Inseguros de quienes somos y de nuestro valor, queremos llenarnos de accesorios y terminamos confundiéndonos. Hay una verdad que a veces olvidamos: somos únicos e irrepetibles. Nunca ha existido nadie como yo, ni lo existirá. Así como soy, con lo que vine al mundo, ya soy suficientemente original.

3. Darle un chance a los demás para aprender de ellos

Todos tenemos defectos, pero no somos nuestros defectos. Como tampoco somos nuestras virtudes. Pensar que valemos por nuestros dones, o que no valemos por nuestros defectos, es un absurdo que conduce siempre a la tristeza y al miedo. Eso que debemos pensar de nosotros mismos también debemos aplicarlo a los demás. Tanto Nick como Don van aprendiendo a vencer sus propios prejuicios para ver en el otro, poco a poco, lo más valioso. Nick empieza a comprender el valor de la cultura y la educación, y Don la libertad que hay en aceptar que somos imperfectos. Darle chance a los demás significa también darnos chance a nosotros mismos para aceptar lo que nos cuesta aceptar.

4. Nunca decir: «Así soy, ¿qué quieres que haga?»

Muchas veces pienso que esta es una de las frases más perniciosas que podemos pronunciar. Encierra una verdad y una gran mentira. La verdad está en el «así soy» si parte de la constatación de un aspecto de mi personalidad. La mentira está en pensar que no puedo cambiar ni un poquito. Muy apegados a su modo de ser al inicio de la película, ambos personajes van dando pequeños pasos que los hacen mejores personas.

5. La amistad, camino para aceptarse a uno mismo

La amistad supone querer a alguien más, y dejar que a uno lo quieran. Las verdaderas amistades no se dan entre personas perfectas — nadie lo es — sino más bien entre personas que saben aceptar sus propias carencias y también las del otro. Tener un amigo que me quiere tal cual soy puede ser un gran camino para comprender que soy valioso así como soy. Obvio, también es tarea del amigo invitar a crecer. Un amigo es alguien que sabe quien eres y te acepta, pero que al mismo tiempo te invita a ser cada vez mejor. Un amigo que no te invita a ser mejor no es tan buen amigo.

Espero que estas reflexiones te permitan apreciar mejor la película si te animas a verla. Si ya la viste, compártenos tu opinión en los comentarios.