”teologia_del_cuerpo”
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Está bien agradar y no mortificar a los demás, cuando se tiene recta intención. El problema es cuando a veces «se nos va la mano» y en lugar de poner las cosas en el lugar que merecen, las convertimos en un fin, olvidándonos que era un medio para, de una u otra manera, buscar la gloria de Dios. Sí, vistiéndote bien también buscas la gloria de Dios. En un artículo anterior hablé sobre la importancia de ir «bien puestos».

Ahora quisiera compartirte algunas preguntas que te ayudarán a concretar un poco más, planteándote cuál es el lugar que estás dando a la moda en tu vida.

1. ¿Hay que seguir las modas?

No tiene nada de malo conocer los últimos gritos de la moda, siempre y cuando sean tendencias que no desvirtúen, por un lado. Estamos en el mundo, vistámonos como se viste el mundo… sin caer en mundanidades. Cuando me refiero a vestirse como el mundo, hablo de que hay ciertos códigos que hay que respetar, por ejemplo no iríamos con jeans a la playa, como tampoco iríamos en shorts a la misa. Y cuando hablo de aquello que desvirtúa, me refiero a las modas que rozan lo inmoral, aquellas que más bien desnudan antes que vestir.

2. ¿Cuánto gasto?

Por otro lado es importante analizar qué tan pendiente estamos de ir acorde a lo que enseñan las vitrinas, realizando incluso gastos innecesarios por capricho y vanidad. Pero, ¿cómo saber si un gasto es superfluo? Podemos preguntarnos si efectivamente lo necesito y responder con honestidad tras analizar cuánto será el monto de mi inversión, versus la necesidad que cubrirá. Un consejo que una vez me dieron es pensar en cómo gastaría un padre de familia numerosa y pobre. En efecto, gastará en aquello que haya que comprar, pero dejaría de lado lo que es meramente superficial. Es un buen tip para cuando salgamos de compras.

3. ¿Cuánto me preocupa?

Si bien es algo importante el estar bien puestos, no es lo más urgente. Por tanto, no hay que dejar que nos consuma u obsesione este tema. Como Jesús bien lo dijo: «donde está tu tesoro, está tu corazón». A veces ponemos el corazón en las cosas erróneas, y, como Salvador Canals escribió en su libro «Ascética Meditada»: «las batallas de Dios se ganan o se pierden en el corazón». Por eso, es importante soltar toda atadura que nos aleje de nuestro propósito de amar más a Dios. ¿Cómo nos daremos cuenta? Por ejemplo, si lo que me preocupa es no vestirme mal para no desentonar y pasar una humillación, quizás quien habla es la vanidad. 

4. ¿Quién está detrás de la moda?

Un consejo que también querría darte es que no te escondas detrás de modas que uniforman, que hacen ver a todo el mundo igual, destaca tu propia personalidad. De este modo dejas dar a conocer también lo bello que hay en ti. ¿Por qué digo esto? Porque mediante la moda también podemos mostrarnos como somos, seguir un estilo pero darle nuestro propio toque, y eso es lo que nos hace singulares.

5. ¿Te ayuda a ayudar?

Podemos ayudar a los demás a vestirse mejor, con el ejemplo o la palabra, cuando veamos que la forma en la que visten no les ayuda a expresar su verdadera identidad. Cuando se encuentran atrapados en una espiral de gastos, cuando son fieles seguidores de modas que no visten, cuando no van acorde al espacio y momento, etc. Sin ser duros, sino con caridad, comprensión y — quizás sea innecesario decirlo — sentido común y buenos modales. Y tú, ¿cómo crees que puedes ayudar a los demás?