María, como la mejor de las madres, está siempre dispuesta a ayudarnos. Espera pacientemente nuestro llamado y acude de inmediato, tal como lo hacen nuestras madres. Con los brazos abiertos y el corazón derretido de amor. Pensar que es nuestra intercesora debe llenarnos de gran alegría y también de fe. ¿Quién mejor que Ella para interceder ante el Padre?

Ante sus ojos, somos como esos niños pequeños, que se esconden tras las piernas de mamá. Rogando que nos ayude o nos de una manita con determinada situación. Estas son algunas situaciones en las que seguramente contaremos con su ayuda. Si deseas profundizar tus conocimientos sobre María, te recomiendo el curso online «Conocer a María para vivir con María». Una oportunidad perfecta para conocerla mejor y dejarnos guiar de su mano al amor de Cristo.

Su corazón experimentó toda clase de dolor y angustia, por eso no dudemos en acudir a Ella cuando el sufrimiento llegue a nuestras vidas. No la olvidemos, no la dejemos a un lado, dediquémosle todos los días un momento de oración. Porque Ella jamás nos abandona.