María es una chica española, estudiante de medicina, tiene un carácter alegre y un testimonio de vida con más sabiduría y positivismo que muchos adultos. 

A María le diagnosticaron una condición grave desde antes de nacer y eso le ha marcado la vida, pero a diferencia de lo que uno creería, esa condición ha sido justamente el impulso para llevar una vida ejemplar para quienes la rodean. 

Pero antes de seguirte contando yo esta historia, mejor te invito a mirar este video en el que ella misma cuenta de su vida: 

Como pudiste ver en el video, María ha sacado varios aprendizajes de su enfermedad y hoy te quiero compartir los 5 que más me impactaron: 

Agradecer por la vida

¿Somos conscientes de que nuestra vida es un regalo que se nos ha dado de forma inmerecida? 

María, sí. Ella está profundamente agradecida por su vida, porque sabe que cuando se enteraron de que ella venía con espina bífida, los doctores le recomendaron a su madre que abortara porque creían que iba a tener que pasar la vida en una silla de ruedas y estado vegetal. 

Pero en lugar de eso, María dice: «gracias a Dios, mi madre tenía mucha fe y decidió seguir con su embarazo, porque si eran los planes de Dios, su hija vendría a casa como sea». Hoy es una radiante estudiante de medicina.

¿Ser víctimas o protagonistas?

¿Cuántas veces nos dejamos ganar por las situaciones difíciles? Decimos ¿por qué a mí? Y hacemos tempestades en un vaso de agua. 

María nos inspira de una manera increíble, porque ella no se ha sentido limitada por su condición, más bien ha demostrado ser capaz de todo. Nunca se vio a sí misma como una víctima de su enfermedad, sino como la protagonista de la vida que le ha tocado vivir. Sin dejar de lado el sufrimiento, porque desde pequeña vivó momentos difíciles con las terapias, todo el esfuerzo que tuvo que hacer y hasta las miradas de los demás, pero eso no la detuvo para seguir hacia adelante y ser quien es hoy.

 Valorar la ayuda de los demás

María está consciente de que el camino recorrido no ha sido solo una tarea suya. Su mamá ha sido un pilar fundamental en su vida, ella la ha apoyado incondicionalmente, la ha motivado y ha hecho muchos sacrificios para sacarle adelante. Pero sobre todo, le ha dado mucho amor y confianza en sí misma, enseñándole que es capaz de hacerlo todo igual que los demás y eso ha sido «el motor de su vida». 

De enferma a estudiante de medicina

María nos enseña que la vida es una fiesta cuando permites que tus fragilidades sean tu impulso y cuando reconoces que tu propósito puede venir también de tus heridas. 

En su caso, ella eligió estudiar medicina justamente por las experiencias que tuvo como paciente, en especial una muy positiva que tuvo con una doctora que le dio esperanza. Pero además, porque está totalmente consciente de que aquello que requiere esfuerzo y sacrificio vale la pena y cosecha frutos maravillosos. 

Saberse amado por Dios (y creerlo de verdad)

«Cuando conocí a Dios y Dios me hizo ver todo lo que podía dar al mundo, y que no era un porqué sino un para qué, ahí cambió mi vida».

En realidad con esa frase de María, hoy estudiante de medicina, podría resumirlo todo. Es tan importante entender nuestra vida de fe desde esa relación de confianza con Dios, que nos ama tanto y quiere lo mejor para nosotros. María sabe que su amistad con el Señor ha sido un eje central en el camino que ha recorrido, Él es quien le ha dado la fuerza y la ha ayudado a saberse tan amada, que con su sola presencia inspira a todo el que la conoce y la escucha. 

Una de las muestras más hermosas de esa confianza y de saber que Dios la hizo así para algo más grande, es cuando ella decide que cuando las personas se queden mirándola por ser distinta, ella en lugar de amargarse, les iba a regalar una sonrisa. ¡Wow!

 

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