La oración constituye, podríamos decir, el centro la vida cristiana, pues todo lo que conocemos de Dios nace siempre de una iniciativa de  amor que quiere comunicarse y darse a entender a nosotros como un Padre deseoso de amarnos y de estar con nosotros (ver el Catecismo de la Iglesia Católica #27).

Sí, es cierto, somos fruto de un desbordamiento de su amor y eso que Él siente por nosotros es incalculable, insondeable, inimaginable. Sin miedo podemos afirmar que también nosotros queremos amarlo, que lo necesitamos mucho; sin embargo, ¿cómo acercarnos a Él? ¿Cómo lograr degustar cuán bueno es? La respuesta no es tan compleja. Hay una clave en particular: la vida de oración.


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Recordemos por un momento cuántos santos han experimentado una plenitud increíble solo con tener hábitos y disciplinas espirituales basadas en escuchar y pasar rato con Dios. Ellos contaron con las mismas herramientas que nosotros, los mismos sacramentos, el mismo Padre enamorado y el mismo llamado a la felicidad sin fin. Partiendo de este principio los queremos animar a perseverar en la oración dándoles estos 5 sencillos consejos.

1. Comienza

Crear un hábito es lo más complejo de todo, sobre todo el comienzo. Pero, como nos ha dicho el papa Francisco, el camino se hace caminando. Para crear un hábito tienes que iniciar eliminando la palabra “ganas” de tu diccionario. A veces esperamos que de nosotros brote un deseo ardiente por la oración, y  sí, eso puede ocurrir, pero de seguro no siempre. Ya nos ha dicho Jesús que «el espíritu es decidido pero la carne es débil» (Cf. Mt 2, 41).


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Nuestro espíritu lo único que anhela es encontrarse con Dios, pero el obstáculo es nuestra carne: la pereza (ella preferiría hacer cosas diferentes a estar orando) (Cf. Gal 5 19, 21) sin embargo tenemos la certeza de que Dios nos da la fuerza para sobreponernos. No creamos que Él nos va a pedir lo que para nosotros es imposible, pero precisamente, como existen distintas tentaciones debemos tomar la vida espiritual con mucha seriedad y madurez. Poner alarmas en tu teléfono móvil puede servir. ¡No olvides comenzar de a poco e ir aumentando, podrías pasar de 5 minutos, a varias horas diarias!

En todo caso lo más importante es que no dejes de perseverar aunque tengas tiempos donde no sientas nada, conserva la calma que Dios está al mando. Pide al Espíritu Santo la gracia de perseverar y haz tu parte de la mejor manera: poner tiempo y voluntad. Si pierdes el hábito encuéntralo de nuevo. No te rindas, ese deseo de santidad te llevará a la meta propuesta.

2. Utiliza recursos 

Algo que puede ayudarnos mucho, y más aún en esta era digital, son los recursos audiovisuales religiosos tales como videos, música, audios, etc., material que ayude a nuestro entendimiento y le proponga disposiciones y sentimientos a nuestro corazón y a nuestra imaginación. Estos recursos se hacen espacio en nuestros sentidos, facilitan la concentración, ayudan a abrirle las puertas al Espíritu Santo y nos proporcionan paz. Podemos tener una lista de reproducción que nos ayude en la oración diaria (ésta puede contener, desde cantos gregorianos, hasta otras hermosas interpretaciones llenas de una experiencia personal con Dios) también puedes suscribirte a un servicio de oración diaria o escuchar audios de reflexiones espirituales del Papa, los obispos, sacerdotes, etc. Verás como la oración se extiende minuto a minuto sin que lo percibas.

3. Ambienta un lugar

Concibe tu relación con Dios como una relación de amor. Los noviazgos y matrimonios nacen como imagen y semejanza de ese amor. Ambientar tu lugar de oración será de gran ayuda, puedes utilizar velas, colocar una imagen que contemples o simplemente elegir un lugar apartado en medio de la naturaleza. Preparar todo hace que los detalles cultiven esa relación de amor. De ti depende, Dios ha puesto en tu corazón deseo, gusto e inclinaciones por ciertas cosas que son para ti bellas, y te hablan de Él.

4. Evita la monotonía

A veces en la vida de oración todo se vuelve monótono, no porque Dios lo sea, si no porque tú estas en el proceso de conocerle y de encontrar tu manera de relacionarte con Él. Escúchalo a Él que es la cabeza de la relación y es generoso en sus maneras de llegar a ti. Permite que el inspire en ti deseos novedosos que pueden variar desde una visita al santísimo hasta incluir otro tipo de oraciones que hacen parte de la tradición de la Iglesia… u otro tipo de recursos que no podríamos enumerar pues brotan de un Dios eterno.

5. Medita y contempla

Conocer lo que Dios ha hecho con otros puede llegar a ser asombroso y podría inspirar lo más profundo de nuestros deseos, y es que Dios le ha hablado a su Iglesia desde siempre. La lectura de la Biblia (en especial) y de otros libros espirituales te permitirá darte cuenta que el mismo amor que le manifestó Dios a algunos también te lo puede enseñar a ti. No olvides que no se trata del que más ame a Dios sino del que más se deje amar por Él. Contempla las escenas y permite que Dios te hable.

No te olvides que lo más importante es, a través de estos medios, hacer el esfuerzo de rezar todos los días un ratito; así, poco a poco, el deseo de Dios irá creciendo en tu corazón.

Escrito por Andrés David Calle Barros.

A ti, ¿te cuesta la oración? Nos gustaría saber qué otras ideas o comentarios (también pueden ser de desacuerdo) tienes 😉


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