Entre todas las noticias diarias, hay un tema recurrente: las olas migratorias. En cada parte del mundo hay gente yéndose por diferentes razones de su tierra natal. Pero cada vez son más dramáticas las razones.

#SpaceOnEarth hace parte de una campaña que, como otras, nos muestra la realidad de refugiados, en esta en particular, de los Rohingya que viven en el campo de refugiados más grande del mundo:



*Puedes activar los subtítulos en español



Ver a tantos niños contando lo que les ha pasado a ellos y a los suyos entristece a cualquiera. Sus miradas se reflejan apagadas, sus voces también. Lo más duro son las cifras que expone el video ¿En qué momento se le salió de las manos al ser humano todo esto?

Si Dios nos dio su bendición para poblar la Tierra, entregándonos y confiándonos la naturaleza (Gen 1), ¿Por qué hoy hay quienes piden un espacio en la Tierra? ¿Por qué tantos millones de hombres y mujeres, niños y ancianos se ven en necesidades tan agobiantes siendo la creación un regalo para todos?

Más allá de la conclusión de que ha sido nuestro egoísmo el que nos ha llevado a esto, propongo que este tipo de videos no solo nos entristezcan, sino que nos inquieten.

Perdón por la indiferencia del mundo

El Papa Francisco en todos sus encuentros con refugiados repite «Perdón por la indiferencia del mundo». Lo dice precisamente porque aún hoy seguimos siendo indiferentes, lo dice porque en estas últimas décadas han sido más las veces en que solo nos hemos entristecido, que aquellas en que hemos hecho más que eso.

¿Pero qué hago entonces? ¿Habrá algo que puedas hacer tú, que pueda hacer yo? Eso solo lo sabe Dios y lo sabrás tú en la medida de que te inquietes, te preocupes por los demás y decidas actuar.

Nos urge inquietarnos sobre todo en estos días en que corremos el riesgo de encerrarnos en una burbuja. Así como son frecuentes las noticias migratorias, son también frecuentes las alarmas de futuras crisis de recursos naturales como el agua, o la incertidumbre del futuro económico, político y social de nuestros países.

Esto nos ha llevado a una preocupación general en nuestras sociedades, generando cambios enfocados en prevenir y asegurar el bienestar para nuestro futuro, pero ¿no será ese temor algo que -sin darnos cuenta- nos hace más cerrados al otro, más indiferentes? ¿No será esa la razón por la que estamos levantando a líderes que quieren proteger solo lo «suyo»?

¿Acaso no fue la creación de Dios dada a todos?

Ante las nuevas políticas en nuestros países vale hacernos esa pregunta. Claro está que somos sociedades organizadas y ¡al César lo que es del César! pero no olvidemos nunca que Dios nos pregunta también hoy: «¿Dónde está Abel, tu hermano?» (Gen 4, 9).

Aunque no hay fórmula mágica para solucionar este problema que impacta a millones, propongo cuatro sencillas acciones que, si las practicamos muchos, impactarán poco a poco:

1. Orar

Por excelencia, orar es la base para nuestro actuar. Debemos incluir en nuestras oraciones a los refugiados, pidiendo misericordia por ellos al Señor. Que sea Él quien toque nuestros corazones y los de nuestros gobernantes y líderes, para que nos ablande ante el dolor y la injusticia sobre estos hermanos y que desde donde estemos, encontremos maneras de apoyar.

2. Promover mensajes que concienticen

No solo compartir videos de este tipo para generar likes, sino también para concientizar. En nuestros grupos familiares, de amigos, de trabajo, de la parroquia. Existen muchos recursos, incluyendo películas, que abordan estas realidades y que pueden repercutir a largo plazo gracias a la concientización.

3. Participar en la opinión pública

Si hay movimientos en pro de discusiones ciudadanas sobre migrantes que llegan a nuestro país, participar de ellas también será trascendental. Como católicos debemos ser activos también en nuestras políticas nacionales, alzando nuestra voz no solo con temas que nos afecten directamente, sino por lo de aquellos que no tienen voz.

4. Donar

No necesariamente la donación tiene que ser de dinero. Existen muchas organizaciones en donde se puede hacer voluntariado. Dentro de tu iglesia local puedes conseguir información de la pastoral social, que seguramente te servirá para conocer actividades más específicas.

Si todos nos preocupamos y ponemos manos a la obra, generaremos cambios. Quizá no inmediatos, pero sí futuros. Y sobre todo, damos el ejemplo a las nuevas generaciones.

Artículo elaborado por: Alberto Acosta