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Hoy celebramos la fiesta del Corpus Christi, día en que con especial atención adoramos a Cristo en las especies eucarísticas del pan y el vino, Cuerpo y Sangre de Jesús. Quisiera que tomáramos esta oportunidad también para reflexionar un poco sobre quiénes pueden dar la Eucaristía y que significa hacerlo. Veamos algunos puntos acerca de este ministerio tan especial:

1. ¿Qué significa celebrar la fiesta del Corpus Christi?

Celebrar la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Jesús es celebrar la fiesta del amor absoluto. Es adorar a Aquel que se quedó como alimento de un pueblo hambriento, pero también es sentir el llamado constante a configurar nuestra vida con Aquel a quien recibimos en la Eucaristía, hacernos uno con Él.

Sería ilógico celebrar el Corpus Christi, con el corazón dividido por los odios o rencores. Sería ilógico vivir esta solemnidad con el corazón colmado de indiferencia, pues esta es la celebración del amor que transforma, del amor que mueve, que guía, que hace un mundo y una sociedad completamente nuevos.

2. ¿Quiénes pueden dar la Eucaristía?

Partamos del hecho de a quienes se les confiere el ministerio de la Eucaristía. Es importante saber que este servicio lo confiere el obispo, o de manera extraordinaria y por necesidad pastoral, el sacerdote por medio de una oración que instituye Ministerio a un fiel para una ocasión especial.

El ministro ordinario de la Eucaristía es el sacerdote quien como presidente de la celebración eucarística y como pastor del pueblo está llamado a consagrar las especies y con ellas alimentar al rebaño que le ha sido encomendado. De manera extraordinaria están los ministros acólitos que son hombres instituidos por el obispo por medio de una orden menor durante su proceso formativo al sacerdocio, este ministerio se confiere una única vez y para recibirlo el candidato debe cumplir con ciertas características descritas en el código de derecho canónico.

Por otro lado, están los ministros extraordinarios de la comunión que son elegidos por los diferentes párrocos para que sean enviados por el obispo a prestar un servicio temporal especialmente destinado a la pastoral de la salud. Ellos de manera extraordinaria también pueden por razones pastorales apoyar la distribución de la Eucaristía en las celebraciones litúrgicas, su ministerio debe ser renovado anualmente.

3. ¿A qué está llamado todo ministro de la comunión?

Es indudable que todo ministro de la Eucaristía debe fundamentalmente sentirse llamado a adorar a Cristo en espíritu y verdad. Es decir, que su vida misma sea testimonio coherente y constante de aquello que porta en sus manos. El ministro debe buscar una configuración seria con Cristo, teniendo una vida espiritual eucarística y de profunda oración.

Así mismo, los demás fieles están llamados a orar por los ministros y también a llevar una vida coherente con Aquel a quien reciben. Recordando que al recibir la Eucaristía, lo principal no es de quién se recibe sino cómo estoy yo que la recibo.

4. Participar de la pastoral de salud es cambiar el mundo

No es una pastoral fácil, pues se tienen experiencias duras, hay realidades demasiado complejas en las que viven muchos de nuestros hermanos enfermos y que no es sencillo chocar con ellas, pero es una pastoral que transforma el mundo.

Un día en la visita a los enfermos, llegué a una casa donde la situación de soledad y de abandono eran demasiado complejas. Al entrar aquel enfermo dijo con una sonrisa enorme: «llegó mi Jesús» y en ese momento entendí que más que llevar a Jesús Eucaristía es visitar a Jesús sufriente. Esos 10 minutos de visita transforman toda la semana de ese hermano enfermo, le hacen sentirse feliz, sentir la compañía de la Iglesia y el amor de Jesucristo, para mi eso es transformar el mundo.

Un mundo que cada día se llena más de odios, vanidades y envidias humanas que llevan a vivir una constante y creciente indiferencia. Una sociedad rebosante de personas y colmada de soledad, desbordada de sensacionalismo y placer e inundada de tristeza… en un mundo así, un gesto de amor hacía un hermano, un esfuerzo por vivir coherentemente, por ser y marcar la diferencia, es buscar la transformación del mundo, y cuando se logra una sonrisa en medio de un rostro que sufre, se logra cambiar el mundo de esa persona.


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