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Desde que soy mamá muchas cosas han cambiado. Tengo nuevas amistades, nuevos compromisos, nuevas preocupaciones y nuevas alegrías. Y dentro de esas nuevas amistades, una amiga que también es madre me compartió este video del BBVA que me pareció simplemente maravilloso.

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Lucía Galán Bertrand es una reconocida pediatra y escritora española quien en esta oportunidad habla de algunos aspectos de la maternidad que son importantísimos para la crianza de nuestros hijos. Si eres madre o padre seguro te sentirás identificado con sus palabras. 

¡Cuánto bien podemos hacerle a nuestros pequeños si les transmitimos confianza y los impulsamos a perseguir sus sueños!

Dentro de todo lo valioso y cierto que mencionó Lucía en este video, me gustaría hablar de tres cosas que me parecieron muy acertadas. Detalles que deberíamos tener más presentes si somos padres.

1. Aceptar a nuestros hijos como son

«Maravillosamente imperfectos, con sus virtudes y sus defectos». Así debemos amarlos, tal como Dios los pensó desde la eternidad. Cuando estamos a la espera de un hijo es normal hacernos un ideal de cómo podrían ser. ¿Se parecerá a mi?, ¿le gustaran las mismas cosas?, ¿se atreverá a hacer eso que yo jamás pude hacer?

Cuando estaba en embarazo escuchaba mil y un comentarios sobre lo que sería ser madre. «Los hijos te cambian la vida», «ser madre es más difícil de lo que crees», «los hijos son un regalo de Dios» etc. Algunas personas son muy positivas, otras por el contrario tratan de explicarte con cara de espanto, que no sabes en lo que te metiste.

Todo es cierto, la vida te cambia con su llegada, ser madre no es fácil, son un regalo de Dios y sí, no sabes en lo que te metiste hasta que los tienes en brazos. Convertirse en padre es una de las experiencias más hermosas e indescriptibles del mundo. Los hijos son un increíble reflejo de quiénes somos nosotros, sin que esto quiera decir que debemos forzarlos a ser como nos gustaría que fueran.

Pero qué increíble es contemplarlos y ver en sus ojos el reflejo de muchos sueños, de esperanzas y anhelos que guardamos en el corazón. Dejémoslos ser ellos mismos, dejemos que cometan errores, que se caigan y se aprendan a levantar solos.

Dejemos que nos digan «ya estuvo bien mamá, eso no me gusta y esto sí». No tratemos de manipular sus gustos y sus sentimientos. Eduquemos con amor, con firmeza pero también con libertad.

2. Poner el foco en lo positivo

Hagamos brillar los talentos de nuestros hijos. Es hermoso darse cuenta que cada hijo nace con dones diferentes, todos los tenemos en realidad, pero a veces cuesta descubrirlos y aceptarlos.

Pongamos el foco en lo positivo. Explotemos sus gustos, sus talentos, las actividades que los hacen felices, los hobbies que les apasionan. Estamos acostumbrados a centrarnos solo en lo negativo. «A tu niño le va mal en matemáticas, cuánto se le dificultan los números». Vale, es cierto, no le agradan las matemáticas y haremos todo lo posible por ayudarlo. Pero mira qué bien se le da el fútbol, las ciencias o la música.

Enseñémosles a ser personas apasionadas y perseverantes. Es importante que como padres además de exigir, estemos dispuestos a dar, a escuchar, a estar ahí cuando nuestros hijos nos necesiten. Que sepan que pueden contar con nosotros y que ninguna de sus habilidades o cualidades es insignificante.

3. Los niños no coleccionan horas, coleccionan momentos

La mayoría de padres trabajan tiempo completo. Existe cierta culpa por no poder dedicarle a nuestros hijos todo el tiempo que quisiéramos. Anteriormente nuestras madres o abuelas permanecían más en el hogar, ahora es muy difícil que alguno se quede en casa. Sin embargo este no debe ser un pretexto para no esforzarnos más por compartir tiempo de calidad con nuestros hijos.

Los detalles cuentan y mucho. Debemos buscar momentos que sean solo para ellos, en los que se sientan escuchados e importantes. Sin la interrupción del móvil o el portátil, las llamadas o los mensajes. Llenarlos de cosas materiales con la excusa de no poder estar presentes es un error fatal.

Si trabajas todo el día o te vas en las mañanas sin verlos, piensa qué actividades puedes hacer con ellos en las noches. Es cierto, cuando crezcan, nuestros hijos alimentaran su corazón de los momentos que les regalamos. Recordarán con amor o con algo de nostalgia el poco o mucho tiempo que les dedicamos.

No tengamos miedo de amarlos sin medida, de aceptarlos como son y de decirles con cariño: «confío en ti».

 

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