«Oh Dios que has suscitado en la Iglesia a san Josemaría sacerdote, para proclamar la vocación universal a la santidad y al apostolado».

Eso dice la Iglesia en la oración colecta de la Misa de san Josemaría que celebramos este domingo 9 de enero: el nacimiento de una persona santa que nos ha impulsado, como un padre, a emprender el camino de la santidad y el apostolado, y nos sigue ayudando desde el cielo.

Por donde pasan los santos, pasa Dios con ellos

Se dice que, por donde pasan los santos, Dios pasa con ellos, y el rastro se nota, porque la santidad genera más santidad. Es lo que verificamos en la vida de san Josemaría, porque ha sido una verdadera explosión de santidad a su alrededor. 

Dos personas ya ratificadas por los procesos de la misma Iglesia (los beatos Álvaro del Portillo y Guadalupe Ortiz de Landázuri) y luego un grupo grande de gente de distintos países, profesiones y situaciones.

Muchos de ellos ya están en proceso de beatificación como: Isidoro Zorzano, Montse Grases, Toni Zweifel, Dora del Hoyo, Encarnita Ortega, Ernesto Cofiño, Juan Larrea Holguín, Adolfo Rodríguez Vidal, Marcelo Câmara, etc.,

Tantos de ellos, gente ordinaria que se ha beneficiado del espíritu del Opus Dei y que forman parte de los santos de la puerta de a lado, como les llama el Papa Francisco.

San Juan Pablo II explicó que «el santo es el hombre veraz, cuyo ejemplo de vida arrastra, interroga y entusiasma, porque manifiesta una experiencia humana transparente, llena de presencia de Dios (…).» 

La santidad comporta una novedad de vida que, a partir de una profunda unión con Dios Padre, por Dios Hijo, en Dios Espíritu Santo, penetra todas las condiciones humanas, todos los modos de vida, todos los compromisos, las relaciones con las cosas, con los hombres, con Dios.

Historia de un sí

Hay un libro para niños que, en el título, resume en cuatro palabras la vida de san Josemaría. Se llama: Historia de un sí. El título lo dice todo.

San Josemaría, nació el 9 de enero de 1902, hace 120 años, en Barbastro en el seno de una familia cristiana.

Desde que era pequeño, aunque no siempre lo conseguía, intentó decir que sí a las cosas que le pedían sus padres. En realidad lo aprendió de ellos. 

Los padres de san Josemaría también tuvieron que decir muchas veces que sí a los planes de Dios, a veces con sufrimiento.

La muerte prematura de las tres hijas pequeñas, la ruina económica, la llamada al sacerdocio de su único hijo varón para el que tenían otros planes. Dios les premiará después con un último retoño: Santiago.

En ese clima familiar de querer lo que otros querían, y sobre todo lo que Dios disponía en cada momento, aprendió san Josemaría a decir que sí.

A veces le costaba obedecer a la primera: aceptar la muerte de sus hermanas, encajar desde muy joven el revés profesional de su padre, trasladarse a una ciudad que no era la suya. Sufrir el abandono de algunos parientes en momentos duros, como el fallecimiento de su padre.

Decir que sí, cuesta

Poco a poco, se fue acostumbrando a ver a Dios detrás de cada acontecimiento y, aunque le costase, ir aceptando.

Pasado el tiempo, una de las jaculatorias que más repetía era omnia in bonum. Lo bueno y lo que nos parece malo viene de Dios. Por eso todas las cosas son para bien, como dice san Pablo.

En su vida se entremezclaron las invitaciones divinas y sus respuestas afirmativas: ordenarse sacerdote para estar de esta manera disponible a lo que Dios le pidiera, después de ver las huellas de unos pies descalzos en la nieve.

Y gracias a los repetidos síes, en invitaciones pequeñas y no tan pequeñas, supo decir que sí a lo que Dios le pidió en 1928: fundar el Opus Dei, Obra de Dios, a pesar de su resistencia, porque no quería ser fundador de nada.

Por eso, el Papa Pablo VI, en la primera entrevista que tuvo con D. Álvaro del Portillo (sucesor de san Josemaría), le dijo que pensaba que el fundador del Opus Dei era una de las personas que había recibido más gracias de Dios y que mejor había correspondido a esos carismas.

Esto es lo mismo que decir que era una persona santa, porque la santidad es identificarse con Cristo, que hizo la voluntad de su Padre.

Por eso la Iglesia dice: «Oh Dios que has suscitado en la Iglesia a san Josemaría sacerdote, para proclamar la vocación universal a la santidad y al apostolado, concédenos (…) que (…) nos configuremos a tu Hijo Jesucristo».

El ejemplo de la santidad, mueve

En mi caso, san Josemaría ha sido central en todos los aspectos de la vida. Me ha enseñado a trabajar (cuidar las cosas pequeñas, poner las últimas piedras, fijarse en los detalles).

Por él he aprendido a rezar (plan de vida, presencia de Dios, rezar jaculatorias); a tener buen humor (reírnos de nosotros mismos, sonreír, filiación divina, alegría con raíces en forma de Cruz).

He aprendido a cuidar de la vida en familia (fraternidad, ambiente familiar, corrección fraterna, etc.); a llevar a otros a Dios (servir a los amigos, querer a los demás de corazón, plan apostólico diario, etc.). En fin, en muchos ámbitos ha sido determinante.

San Josemaría movió a muchísimas personas con su vida y su predicación. El mensaje que Dios le pidió que transmitiera fue muy claro. Te propongo que le digas hoy al Señor: que yo me decida a buscar la santidad

Recuerda que Dios nos está esperando. Él abrirá nuestros ojos. «Que yo esté para lo que quieras, para no servir a esos otros señores, sino solo a Ti. Llévame por tus caminos, danos luces para saber en qué debo mejorar, en qué  debo cambiar».

Al igual que san Josemaría, nuestra lucha removerá a los que están a nuestro alrededor. Sí, es cierto, nos costará, pero vale la pena que le digamos: «Jesús, queremos ser santos».

Esta meditación de 10 Min con Jesús donde le doy gracias a Dios por este santo y rezo para que me ayude a querer siempre más, estoy seguro de que te servirá. Te dejo el link aquí.

¡Feliz cumpleaños san Josemaría! Ruega por nosotros.

josemaría