Hace unos días tomé consciencia de las varias veces que uso frases que cuando era niña me resultaban odiosas y además incomprensibles. Hoy las utilizo a diestra y siniestra, copiadas con exactitud, incluso hasta en el tono. Me he convertido en cierta manera en… mi madre.

Varias décadas después de haberlas escuchado parece ser que finalmente las entiendo y no he dudado ni un minuto en transmitir esta “sabiduría popular” a mis hijos. Tal vez ellos cuando sean padres, si esa es su vocación, las repetirán con el orgullo, la “gracia” y la nostalgia con las que las repito en estos días.


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Mi madre especialmente usaba estos refranes. Tanta sabiduría que escondían esas palabras. Aquí les dejo, a modo divertido, una reflexión que tiene como intención ayudar en esa labor de ser padres. Estos “mamismos” que ahora son míos pretenden resaltar lo bueno que nuestros padres nos enseñaron y dejar en claro, que por más que la vida cambie, hay algunas cosas que permanecen.

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